
Cuando Lionel Scaloni levantó la copa en Qatar, pocos imaginaron que, meses después, el entrenador argentino enfrentaría una batalla inesperada. En febrero, a tres meses de conquistar el mundo, el técnico confesó haber sufrido herpes zóster, una afección relacionada directamente con el estrés intenso y el desgaste emocional. Su historia expone cómo incluso los mayores triunfos pueden dejar marcas invisibles en la salud.
El herpes zóster, conocido como “culebrilla”, no es exclusivo de personas mayores ni de quienes padecen enfermedades graves. Se trata de la reactivación del virus varicela-zóster, el mismo que causa la varicela y permanece inactivo en el cuerpo durante años. Según especialistas, factores como el estrés extremo, el envejecimiento y ciertas enfermedades crónicas pueden debilitar las defensas y permitir que el virus despierte.
“Hace poco, el director técnico de la Selección Nacional, Lionel Scaloni, contó que tuvo herpes zóster tras el Mundial de Qatar, en un contexto de fuerte estrés y desgaste emocional. Esto es un claro ejemplo de cómo situaciones de alta exigencia mental y emocional impactan directamente en el cuerpo. El estrés sostenido libera hormonas como el cortisol que deprimen el sistema inmunológico. Cuando las defensas bajan, el virus que estaba dormido encuentra la oportunidad para reactivarse”, explicó el Dr. Lucio Criado, especialista en Medicina Interna.

¿Por qué el herpes zóster afecta a tantas personas?
Cerca del 90% de los adultos mayores de 50 años está en riesgo de desarrollar herpes zóster. El fenómeno responde, en parte, a la llamada inmunosenescencia, un proceso natural donde las defensas del cuerpo pierden eficacia con el paso de los años. A esto se suman situaciones de estrés, cansancio sostenido y enfermedades crónicas como diabetes, problemas cardiovasculares, insuficiencia renal o enfermedades respiratorias (asma, EPOC).
Además, otras condiciones que debilitan el sistema inmune —como cáncer, tratamientos quimioterápicos, VIH o enfermedades autoinmunes (lupus, psoriasis, artritis reumatoidea)— aumentan la vulnerabilidad frente al virus.

Los síntomas y las complicaciones
El inicio del herpes zóster suele manifestarse con picazón, hormigueo y sensibilidad al tacto en zonas como el rostro, el tórax o el abdomen. Poco después, aparecen lesiones cutáneas características. La principal complicación, según los expertos, es la neuralgia postherpética (NPH), un dolor nervioso persistente que puede durar meses o años.
“Más allá de la erupción, el herpes zóster puede dejar un dolor que se prolonga tras la curación de las heridas de la piel, alterando de forma negativa el descanso, el estado de ánimo y la movilidad, lo que puede provocar depresión o retraimiento social en quien lo padece”, sostuvo la Dra. Verónica Loggia, pediatra e infectóloga.
El herpes zóster también puede afectar áreas delicadas. Si el virus se reactiva cerca de los ojos, existe riesgo de complicaciones graves, como daño ocular que puede derivar en pérdida de visión. Por eso, los especialistas insisten en la importancia de la consulta médica temprana.
¿Qué se puede hacer para prevenir y tratar el herpes zóster?

La prevención es un aspecto central. “Cada encuentro con el médico es una oportunidad para conversar sobre cómo prevenir este tipo de enfermedades y cómo fortalecer el sistema inmune. La vacunación es clave para reducir el impacto del herpes zóster y otras enfermedades prevenibles”, destacó la Dra. Elena Obieta, infectóloga.
El tratamiento suele enfocarse en aliviar el dolor y tratar las lesiones cutáneas. En casos de diagnóstico temprano, los antivirales pueden reducir la duración y la intensidad de los síntomas. También existen vacunas específicas recomendadas para adultos mayores y personas con factores de riesgo.
La experiencia reciente de Lionel Scaloni ofrece una advertencia valiosa. “Me salió un, un herpe, el famoso herpe zóster, que fue en febrero, después del mundial, a los tres meses, cuando el cuerpo se relajó, ahí empecé a tener unas secuelas, digamos, pero que creo que las sacamos adelante con naturalidad”, detalló el entrenador en una entrevista reciente. Su relato ilustra que ni el éxito ni la fortaleza física garantizan inmunidad frente a los efectos del estrés.
El caso de Scaloni ayuda a comprender que el cuerpo puede cobrar factura por periodos prolongados de presión. Reconocer los síntomas, consultar al médico y priorizar el cuidado de la salud física y emocional permite reducir riesgos y actuar a tiempo frente a enfermedades como el herpes zóster.














