
Un truco que circula entre cocineros caseros y entusiastas de la alimentación saludable promete reducir la grasa de la carne picada con un simple paso: enjuagarla con agua caliente después de cocinarla.
La técnica tiene cierto respaldo científico, pero los especialistas en nutrición advirtieron que sus beneficios son limitados y que hay estrategias más efectivas para cuidar la salud cardiovascular.
Según la nutricionista Toby Amidor, consultada por Women’s Health, las investigaciones respaldan que enjuagar la carne picada desmenuzada ya cocida puede contribuir a reducir su contenido graso.
El método resulta especialmente útil para quienes adquieren cortes con mayor porcentaje de grasa y buscan reducirlo sin cambiar su hábito de compra. Aun así, los expertos coincidieron en que el tipo de carne que se elige desde el supermercado tiene un peso mucho mayor en el resultado final.
¿Cuánta grasa se elimina realmente?
La experta en nutrición Beth Stark precisó a Women’s Health que combinar el enjuague con agua caliente, el secado con papel absorbente y un escurrido completo puede reducir el contenido total de grasa hasta en 5 gramos por cada 100 gramos de carne cocida.

Si bien esa cifra puede ser relevante para ciertas personas, los especialistas subrayaron que el resultado varía según el porcentaje de grasa original de la carne y la rigurosidad con que se aplique la técnica. Para quienes ya optan por cortes magros o extra magros, el paso adicional ofrece beneficios mínimos.
El enjuague frente a otras alternativas
Enjuagar no es la única vía para reducir la grasa. Stark explicó al medio estadounidense que, al usar carne extra magra, el beneficio adicional del enjuague suele ser marginal: “Simplemente escurrir la carne cocida suele ser suficiente”, afirmó, y advirtió que el enjuague puede reducir innecesariamente el sabor y la jugosidad del producto final.
Para quienes buscan un punto medio entre practicidad y nutrición, Stark recomendó partir de carne molida con un 90% de magro, que ofrece un buen equilibrio entre perfil nutricional, sabor y textura.

Además, propone una técnica alternativa: usar una toalla de papel arrugada para absorber la grasa que se acumula en la sartén durante el dorado, antes de incorporar el resto de los ingredientes. Este método preserva el sabor sin necesidad de enjuagar.
Amidor añadió que la carne picada magra tiende a encogerse menos durante la cocción y demanda menos preparación posterior que las variedades con mayor contenido graso.
Impacto en la salud cardiovascular
Más allá del porcentaje de grasa que se elimina con el enjuague, Stark advirtió que los hábitos alimenticios generales tienen un efecto mucho mayor sobre la salud del corazón que este paso de preparación. Elegir cortes más magros, controlar las porciones y construir comidas en torno a cereales integrales y verduras son medidas con mayor incidencia a largo plazo en la salud cardiovascular.
La carne picada magra aporta proteínas, hierro, zinc, selenio, colina y vitaminas del grupo B sin requerir ninguna preparación adicional, según detalló Stark a Women’s Health.

La especialista señaló que esos nutrientes permanecen en buena medida tras el enjuague, debido a que la pérdida nutricional resulta mínima frente al valor nutricional general que aporta una porción de carne de res.
Una advertencia sobre la carne cruda
Hay un aspecto en el que ambas especialistas coincidieron plenamente: la carne picada cruda no debe enjuagarse. Según explicó Amidor, esta práctica puede favorecer la dispersión de bacterias potencialmente peligrosas, como la E. coli, hacia la mesada y pileta de la cocina.
Por ese motivo, la recomendación es cocinar la carne directamente hasta que alcance la temperatura interna segura, sin lavarla previamente.
La técnica del enjuague poscoccción, por tanto, aplica exclusivamente a la carne ya cocinada y desmenuzada, y su eficacia depende de que se combine con un buen escurrido y el uso de papel absorbente.













