
La salud del hígado suele quedar relegada hasta que aparecen señales difíciles de ignorar. Fatiga persistente, problemas para dormir o una sensación general de agotamiento pueden parecer molestias menores, aunque detrás de esos síntomas silenciosos podría esconderse un deterioro progresivo de uno de los órganos más importantes del cuerpo.
Según explicó el especialista en salud hepática Gareth Morris-Stiff en un informe compartido por The Telegraph, cuatro de cada cinco casos de enfermedad hepática permanecen sin diagnosticar.
El aumento de la enfermedad hepática asociada a disfunción metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés), anteriormente llamada hígado graso no alcohólico, encendió alarmas en el Reino Unido.
Esta afección se caracteriza por la acumulación de grasa en el hígado y puede derivar en inflamación, cicatrices, cirrosis e insuficiencia hepática. En las últimas tres décadas, los casos crecieron un 143%, según datos citados por el especialista. Para Morris-Stiff, el problema ya no se limita al alcohol: distintos hábitos modernos someten al hígado a una presión constante.
1. Alimentos ultraprocesados
El experto identificó a los alimentos ultraprocesados como uno de los factores más perjudiciales para el hígado. Sostuvo que estos productos podrían resultar incluso más dañinos que el alcohol debido a la cantidad de aditivos y compuestos artificiales que contienen.

Carnes procesadas, comida rápida y productos industriales con conservantes, emulsionantes y saborizantes forman parte de esa lista. Recomendó revisar etiquetas y prestar atención a ingredientes como aceites vegetales hidrogenados, jarabe de fructosa y proteínas hidrolizadas, presentes en algunos suplementos deportivos.
Según explicó, el hígado convierte parte de esos azúcares en grasa y, frente a sustancias difíciles de procesar, incrementa el almacenamiento graso como mecanismo de defensa.
2. Bebidas light
Las bebidas dietéticas también aparecen entre los hábitos cuestionados. Morris-Stiff afirmó que los edulcorantes artificiales representan un desafío para el organismo porque el hígado no dispone de mecanismos naturales para metabolizarlos del mismo modo que la glucosa.
“El hígado tiene un mecanismo para procesar y eliminar la glucosa, pero como estos nuevos sustitutos del azúcar son desconocidos, no se ‘desintoxican’ de la misma manera”, indicó al medio británico. De acuerdo con el especialista, esto favorece inflamación y acumulación de grasa hepática.
3. Azúcar y fructosa
El experto también señaló el exceso de fructosa presente en bebidas azucaradas, golosinas, jugos industriales y frappuccinos. A diferencia de la glucosa, la fructosa se procesa principalmente en el hígado, lo que incrementa la carga metabólica sobre el órgano cuando el consumo resulta elevado. Por ese motivo, aconsejó limitar la ingesta diaria de azúcar y priorizar la fruta entera frente a jugos y licuados.

4. Suplementos y remedios herbales
Otro de los focos de preocupación son los suplementos vinculados al bienestar y al llamado “biohacking”. El informe mencionó productos como vitamina A, CBD, ashwagandha y diente de león entre las sustancias que podrían generar complicaciones hepáticas en determinadas circunstancias.
Morris-Stiff relató incluso el caso de una paciente que necesitó un trasplante de hígado tras combinar medicamentos convencionales con preparados herbales. Según explicó, ciertas mezclas pueden interferir en las vías de desintoxicación del organismo y aumentar el riesgo de toxicidad.
5. Combinación de medicamentos
El especialista advirtió que incluso medicamentos de uso habitual, como el paracetamol, pueden resultar peligrosos cuando se combinan con suplementos o tratamientos alternativos que utilizan los mismos procesos metabólicos hepáticos.

6. Menopausia
El especialista señaló que antes de la menopausia las mujeres presentan menos casos de hígado graso que los hombres, aunque la diferencia disminuye después de la caída de estrógenos.
Además, explicó que quienes llegan a la menopausia con hígado graso presentan mayores probabilidades de desarrollar cirrosis o cáncer hepático. En ese contexto, recomendó que mujeres de entre 40 y 50 años con factores de riesgo consideren realizarse estudios hepáticos preventivos como el fibroscan.
7. Alimentos cultivados con pesticidas y carnes con antibióticos
La procedencia de los alimentos también influye en el funcionamiento del hígado. Morris-Stiff advirtió sobre el impacto que pueden generar ciertos químicos utilizados en la producción agrícola y ganadera.

El especialista señaló que las frutas y verduras expuestas de manera intensiva a pesticidas, así como las carnes obtenidas de animales tratados con antibióticos u hormonas, incrementan la carga tóxica que debe procesar el organismo.
8. Microplásticos y químicos industriales
Entre los compuestos mencionados aparecen las PFAS, conocidas como “químicos eternos”, los ftalatos y el bisfenol A (BPA). El especialista sostuvo que los microplásticos representan otro desafío debido a que el organismo no logra descomponerlos fácilmente y terminan acumulándose en sistemas de filtración como el hígado.
9. Hongos y moho doméstico
La humedad y el moho doméstico también forman parte de las amenazas señaladas. El médico explicó que las esporas inhaladas pueden ingresar al torrente sanguíneo y afectar distintos órganos, incluido el hígado, especialmente en personas con sistemas inmunológicos debilitados.

Para reducir la exposición, recomendó mejorar la ventilación de los ambientes y controlar problemas de humedad en las viviendas.













