
La prevención del COVID-19 sumó una herramienta inédita gracias a los resultados obtenidos con una antiviral oral de origen japonés.
Se trata de un fármaco que demostró por primera vez que puede reducir de forma significativa el riesgo de infección sintomática entre quienes han tenido contacto estrecho con un caso confirmado dentro de una vivienda particular.
La aprobación que ya recibió en Japón y la próxima decisión regulatoria esperada en Estados Unidos y Europa marcan el comienzo de una nueva etapa en la lucha contra el SARS-CoV-2. La posibilidad de utilizar un medicamento preventivo beneficiaría sobre todo a personas inmunosuprimidas y residentes en instituciones de cuidado, que permanecen en situación de vulnerabilidad ante el coronavirus pese al avance de la vacunación.

La primera evidencia sólida de que un antiviral oral puede prevenir la enfermedad COVID-19 en personas expuestas al virus dentro de sus hogares.
Ensitrelvir, el medicamento desarrollado por la compañía japonesa Shionogi, logró reducir de manera significativa el riesgo de infección sintomática entre convivientes de pacientes recién diagnosticados, según los resultados presentados por el equipo de investigación y publicados en The New England Journal of Medicine.
Especialistas destacan que la novedad puede beneficiar especialmente a residentes de geriátricos y personas inmunodeprimidas, dos grupos donde la exposición al virus sigue siendo una amenaza seria pese al avance de las vacunas.

El estudio incluyó a más de 2000 contactos domésticos de pacientes con COVID-19 en Japón y en otros países, todos inicialmente negativos para el virus. La intervención consistió en administrar, dentro de las 72 horas del diagnóstico del paciente índice, una dosis de ensitrelvir durante cinco días.
La comparación con un grupo placebo arrojó una diferencia nítida: solo el 2,9% de quienes tomaron el fármaco desarrolló COVID-19 sintomática en los diez días siguientes, frente al 9,0% del grupo placebo. La reducción del riesgo se aproximó a dos tercios, un resultado que no alcanzaron antivirales previos.
El profesor Frederick Hayden, virólogo clínico de la Universidad de Virginia y uno de los principales autores del estudio, explicó que la diferencia con ensayos previos radica en el momento de inicio del tratamiento: “Lo importante es que la enfermedad sigue presente. Sin duda, un agente como este tiene cabida en la profilaxis posterior a la exposición”, declaró Hayden. El ensayo se diseñó para que la intervención comenzara en las primeras 72 horas tras la aparición de síntomas en el paciente índice, un intervalo más corto que el de investigaciones anteriores sobre antivirales.

Los participantes tenían, en su mayoría, un grado previo de inmunidad por vacunación o infección, lo que refleja la realidad epidemiológica actual en muchos países.
El estudio no reportó hospitalizaciones ni muertes relacionadas con la COVID-19 en ninguno de los grupos, y la frecuencia de efectos adversos fue similar entre quienes recibieron ensitrelvir y quienes recibieron placebo.
El 15,1% de los tratados con el fármaco y el 15,5% de los del grupo placebo presentaron algún evento adverso, mientras que la proporción de eventos adversos graves apenas alcanzó el 0,2% en ambos grupos.
Ensitrelvir y su diferencia frente a otros tratamientos

Ensitrelvir actúa como inhibidor oral de la proteasa 3C, una enzima esencial para la replicación del SARS-CoV-2. Esta diana molecular ya fue utilizada en el diseño de otros antivirales, como el nirmatrelvir de Paxlovid, pero a diferencia de este último, ensitrelvir sí logró demostrar eficacia preventiva en contactos domiciliarios.
Estudios independientes previos comprobaron que acorta el período de eliminación viral en pacientes infectados, aunque su potencia en comparación con Paxlovid en el tratamiento de la infección aguda resultó algo menor, según datos de 2025.
“El fármaco bloquea una enzima que los coronavirus necesitan para replicarse, actuando sobre la misma diana que uno de los dos principios activos del antiviral Paxlovid de Pfizer”, explicó el mismo Hayden. Los resultados de ensitrelvir en profilaxis representan un punto de inflexión en el desarrollo de antivirales para la COVID-19 y ofrecen una alternativa a las personas que, por edad o condiciones de salud, mantienen un riesgo elevado de complicaciones graves.
El Ministerio de Salud de Japón aprobó en marzo el uso profiláctico de ensitrelvir, comercializado como Xocova, tras analizar los datos de este ensayo clínico. Las agencias regulatorias de Estados Unidos, Europa y otras regiones están evaluando el fármaco bajo la misma óptica, y se espera una definición durante el próximo mes.
Un éxito tras años de ensayos infructuosos

La novedad con ensitrelvir cobra mayor dimensión al compararla con la historia reciente de los antivirales orales contra el SARS-CoV-2. Ensayos previos con Paxlovid y otros medicamentos no lograron demostrar protección estadísticamente significativa para los contactos de pacientes con COVID-19, ya que la reducción del contagio fue modesta y no alcanzó los niveles necesarios para justificar su uso preventivo.
Otras estrategias, como la administración de anticuerpos por vía intravenosa, tampoco lograron sostener la protección frente a la aparición de nuevas variantes.
El contexto actual, con una mayoría de la población inmunizada y variantes circulantes menos virulentas, plantea un debate sobre el grupo de pacientes que más se beneficiaría de la profilaxis antiviral oral.
“Como persona de 78 años con comorbilidades, sin duda lo usaría si hubiera estado expuesto al virus”, afirmó Hayden, coautor del estudio y virólogo clínico de la Universidad de Virginia. El mayor impacto potencial del fármaco se observa en geriátricos y en pacientes inmunodeprimidos, donde el riesgo de infecciones graves no desapareció con la evolución de la pandemia.
Diseño del estudio y resultados clínicos

El ensayo, doble ciego y aleatorizado, incluyó a 2.041 participantes divididos en dos grupos: 1.030 recibieron ensitrelvir y 1.011 recibieron placebo. La edad media fue de 42,4 años, y el 71% de los voluntarios comenzó el tratamiento dentro de las 48 horas desde el diagnóstico del paciente índice. El 37% presentaba al menos un factor de riesgo para COVID-19 grave.
El criterio de valoración principal fue la aparición de COVID-19 sintomática confirmada por PCR y con al menos uno de 14 síntomas predefinidos durante más de 48 horas.
La incidencia de enfermedad fue menor en el grupo tratado, con un riesgo relativo de 0,33 (intervalo de confianza del 95% entre 0,22 y 0,49; P<0,001). Las infecciones confirmadas por PCR, tanto sintomáticas como asintomáticas, alcanzaron el 14% en el grupo tratado frente al 21,5% del grupo placebo. El perfil de seguridad fue favorable. No se notificaron hospitalizaciones ni muertes relacionadas con la COVID-19, y los efectos adversos se distribuyeron de forma similar en ambos grupos. Estos resultados refuerzan la perspectiva de que ensitrelvir puede ser una opción preventiva segura para los contactos domésticos de casos confirmados.
Contexto global y perspectivas regulatorias
El COVID-19 sigue generando hospitalizaciones y muertes, aunque en menor escala que en los primeros años de la pandemia. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, entre octubre de 2025 y mayo de 2026 se reportaron entre 120.000 y 250.000 hospitalizaciones y entre 12.000 y 41.000 muertes asociadas al virus.
El desarrollo de un antiviral oral como ensitrelvir representa una herramienta adicional para reducir el impacto de la enfermedad, sobre todo en poblaciones vulnerables.
El debate médico ahora se concentra en definir los criterios para la indicación profiláctica de ensitrelvir. La mayoría de los expertos coincide en que el mayor beneficio se observará en personas de edad avanzada, inmunosuprimidos y residentes de instituciones cerradas, donde el riesgo de complicaciones graves persiste.

La aprobación regulatoria en Estados Unidos y Europa podría marcar el inicio de una nueva etapa en la prevención de la COVID-19, ampliando las opciones más allá de la vacunación y de las medidas de aislamiento.
El ensayo clínico SCORPIO-PEP, financiado por Shionogi, sentó las bases de esta innovación terapéutica. Los resultados generaron expectativas sobre el futuro de los antivirales orales en la lucha contra el SARS-CoV-2.
Mientras tanto, la comunidad científica permanece atenta a la revisión de las agencias regulatorias y a la potencial integración del fármaco en las guías de manejo preventivo tras exposición doméstica.














