
La hormona del cortisol, también conocida como la hormona del estrés, ha sido crucial para la supervivencia humana. En los primeros tiempos de la humanidad, su activación permitía reaccionar con rapidez ante depredadores, ya sea huyendo o luchando.
Esta respuesta fisiológica, denominada lucha o huida, marcó la diferencia entre sobrevivir y reproducirse o no. Así, la capacidad para activar de inmediato el sistema de alerta quedó inscrita en nuestra biología.
La revista especializada National Geographic explica que quienes carecían de esta reacción probablemente no lograron dejar descendencia. El mecanismo persistió, permitiendo que el cuerpo humano siga respondiendo intensamente ante amenazas percibidas. La transmisión de este rasgo evolutivo explica la universalidad con la que la especie humana manifiesta respuestas corporales frente al estrés en la actualidad.

Cambios en el estrés y el cortisol hoy
Actualmente, los peligros letales han disminuido casi por completo en la vida cotidiana, pero el organismo continúa activando ese mismo mecanismo de estrés frente a estímulos modernos como el trabajo, los problemas económicos o sociales.
Aunque estos factores no representan una amenaza inminente, desencadenan respuestas fisiológicas idénticas a aquellas que aseguraban la supervivencia en tiempos remotos.
La revista advierte que ahora el cortisol reacciona ante situaciones que no implican riesgo físico real, lo que genera un impacto inmediato: el cuerpo sigue liberando cortisol y se prepara para la “huida” o la “lucha”, aunque no sea necesario. Como resultado, los sistemas de alerta permanecen activos más tiempo del recomendable y esto puede favorecer la aparición de nuevas complicaciones de salud.

Impacto del estrés crónico en la salud
El organismo humano está preparado para manejar el estrés de manera breve y eficiente, pero la vida contemporánea impone tensiones persistentes que mantienen elevados los niveles de cortisol durante largos periodos. Esta exposición prolongada obliga al cuerpo a gastar más recursos para sostener el equilibrio, pudiendo afectar la función de diversos sistemas fisiológicos.
Según el medio, este desgaste crónico se asocia al incremento de trastornos cardíacos, alteraciones intestinales, fatiga constante y un mayor riesgo de depresión. Además, quienes viven sometidos a presión continua suelen experimentar modificaciones en su peso corporal, ya que el cortisol altera los mecanismos que regulan la saciedad y el apetito.

Efectos inmediatos del cortisol
En situaciones de amenaza aguda, el cortisol provoca una reducción del apetito inmediata y moviliza las reservas energéticas para priorizar la supervivencia. Este cambio temporal permite utilizar la energía almacenada en caso de requerirse una reacción rápida, minimizando la necesidad de ingerir alimentos de forma momentánea.
Un estudio de la Universidad de Michigan, referente en investigación biomédica, analizó el efecto en niños con sobrepeso expuestos a un factor estresante. Los especialistas encontraron que los menores con mayor producción de cortisol tras la situación estresante mostraron una reducción significativa del apetito durante las siguientes dos horas y consumieron aproximadamente un 35% menos de calorías.
Sin embargo, la profesora Rebecca Hasson aclara que este efecto solo es transitorio y, después de ese periodo, los niños pueden llegar a compensar el déficit alimenticio comiendo en exceso.

Consecuencias del exceso de cortisol
Mantener altos los niveles de cortisol durante mucho tiempo produce una transformación en el modo en el que el cuerpo utiliza la energía.
El aumento sostenido de esta hormona incrementa el apetito y puede favorecer el aumento de peso a largo plazo, ya que el organismo demanda más nutrientes para sostener un estado de alerta constante.
La revista resalta que esa situación favorece la acumulación de grasa, especialmente en el abdomen, y puede reducir la masa muscular a medida que pasan las semanas o meses bajo estrés crónico. Los estudios recientes indican que las personas más sensibles al cortisol tienden a consumir más calorías en sus días de mayor presión y eligen alimentos dulces y grasos, una combinación que incrementa considerablemente el riesgo de sobrepeso y obesidad.

Estrategias recomendadas para abordar la obesidad
Frente a este panorama, los expertos sugieren diseñar estrategias personalizadas que consideren tanto el contexto físico como el emocional de cada persona. Intervenciones basadas en restricciones alimentarias estrictas pueden elevar los niveles de cortisol y dificultar el descenso de peso, por lo que los profesionales aconsejan realizar cambios graduales en los hábitos cotidianos.
National Geographic subraya que el bienestar psicológico es clave para obtener avances duraderos. Aprender a manejar el estrés aumenta la probabilidad de mantener un peso saludable y favorece la consolidación de rutinas sanas. El acompañamiento profesional y el apoyo profesional son componentes clave para quienes buscan enfrentar el sobrepeso y mejorar su calidad de vida.













