
Resolver ejercicios de memoria, atención o coordinación mental podría generar beneficios que van más allá de la habilidad entrenada. Un estudio de la Universidad de Montreal encontró que algunos programas de entrenamiento cognitivo permiten a los adultos mayores mejorar funciones cerebrales distintas de aquellas que practican específicamente, un fenómeno conocido como “transferencia lejana”.
En la vida cotidiana, esta capacidad puede reflejarse en acciones como adaptarse a una nueva aplicación del teléfono, seguir una conversación mientras se realiza otra actividad o encontrar estrategias alternativas cuando una solución deja de funcionar. Estas habilidades forman parte de la llamada flexibilidad cognitiva y suelen deteriorarse con la edad.
Los resultados, publicados en el Journal of Cognitive Enhancement, sugieren que el cerebro envejecido conserva una capacidad de adaptación mayor de lo que se creía y abren nuevas perspectivas para diseñar estrategias destinadas a preservar la función cognitiva durante el envejecimiento.
Cómo se realizó el estudio
La investigación incluyó a 35 adultos jóvenes de entre 18 y 30 años y a 49 personas mayores de 60 años. Los participantes fueron asignados a dos modalidades de entrenamiento cognitivo: una centrada en ejercicios de “doble tarea” y otra enfocada en la memoria de trabajo mediante la prueba conocida como n-back.
Durante cuatro semanas realizaron seis sesiones de entre 45 y 60 minutos. En el entrenamiento de doble tarea debían identificar simultáneamente imágenes de animales y cuerpos celestes utilizando ambas manos, una actividad que exige coordinar varias acciones al mismo tiempo.

En el ejercicio n-back, en cambio, tenían que recordar secuencias numéricas y detectar cuándo un número coincidía con otro presentado previamente, lo que requiere un uso intensivo de la memoria de trabajo.
Antes del inicio, todos los voluntarios completaron evaluaciones neuropsicológicas y funcionales para descartar alteraciones cognitivas. Tanto las pruebas como el entrenamiento se desarrollaron en el Centro EPIC del Instituto de Cardiología de Montreal bajo supervisión del equipo dirigido por Caroll-Ann Blanchette.
Qué encontraron los investigadores
Tras completar el entrenamiento, todos los participantes mejoraron en las tareas que habían practicado. Sin embargo, los adultos mayores mostraron un fenómeno adicional: lograron avances en habilidades diferentes de las entrenadas originalmente.
Los investigadores observaron que quienes realizaron ejercicios de memoria de trabajo también mejoraron su desempeño en tareas que requerían coordinar varias actividades al mismo tiempo. Este efecto, conocido como “transferencia lejana”, no apareció en los participantes jóvenes.
Además, los adultos mayores redujeron su tiempo de reacción en cerca de 90 milisegundos, una mejora que refleja una mayor eficiencia para gestionar la atención y procesar información.

Por el contrario, los beneficios más específicos se observaron en la prueba n-back de mayor dificultad, donde únicamente mejoraron quienes habían entrenado directamente esa capacidad. El entrenamiento de doble tarea no produjo avances comparables en ese nivel.
Según los autores, estos resultados sugieren que ciertos tipos de entrenamiento cognitivo pueden generar beneficios más amplios de lo que se pensaba, especialmente durante el envejecimiento.
Por qué los adultos mayores obtuvieron beneficios más amplios
Los investigadores creen que el cerebro envejecido compensa parte de sus pérdidas reclutando más regiones cerebrales para resolver una misma tarea. Esa capacidad de reorganización podría explicar por qué los adultos mayores mostraron beneficios más amplios que los participantes jóvenes.
Según el equipo de Blanchette, el envejecimiento suele reducir la especialización de algunas funciones cognitivas. Como respuesta, el cerebro moviliza recursos adicionales, especialmente en regiones prefrontales relacionadas con la planificación, la atención y la toma de decisiones.

Estudios previos de neuroimagen respaldan esta hipótesis al mostrar patrones de activación cerebral más extensos en adultos mayores cuando realizan tareas complejas. Los autores plantean que esta reorganización podría favorecer la transferencia de beneficios entre distintas habilidades cognitivas.
No obstante, advierten que esta explicación todavía requiere confirmación mediante investigaciones que combinen entrenamiento cognitivo y técnicas de imagen cerebral.
Qué implicancias tiene para la prevención del deterioro cognitivo
Los resultados sugieren que los programas más efectivos podrían ser aquellos que combinan distintos tipos de ejercicios en lugar de centrarse en una sola habilidad.“Hay que variar el entrenamiento para mantener o mejorar la función cognitiva”, afirmó Blanchette.
Esta conclusión respalda el desarrollo de estrategias de envejecimiento saludable orientadas a preservar la función ejecutiva, un conjunto de capacidades esenciales para organizar actividades, resolver problemas y adaptarse a situaciones nuevas.
Sin embargo, los investigadores subrayan que el estudio presenta algunas limitaciones. La intervención duró apenas cuatro semanas y no incluyó un grupo control pasivo, por lo que todavía no es posible determinar cuánto tiempo persisten los beneficios observados.

Los autores consideran necesario realizar seguimientos más prolongados e incorporar mediciones neurocientíficas que permitan comprender mejor cómo se producen estos cambios en el cerebro.
La Universidad de Montreal planea extender estas investigaciones a poblaciones con mayor riesgo de deterioro cognitivo, incluidas las personas con insuficiencia cardíaca. Diversos estudios estimaron que entre el 40% y el 60% de estos pacientes presentan algún grado de alteración cognitiva, lo que los convierte en un grupo de especial interés para este tipo de intervenciones.
Los investigadores también intentarán determinar si la evolución durante las primeras sesiones de entrenamiento permite anticipar qué personas tienen más probabilidades de beneficiarse de cada tipo de programa.
Aunque el envejecimiento implica cambios naturales en el funcionamiento cerebral, estos hallazgos sugieren que las capacidades cognitivas conservan un margen importante de adaptación. Comprender cómo potenciar esa plasticidad podría ayudar a desarrollar estrategias más eficaces para preservar la salud cerebral a lo largo de la vida.














