
Cuando juega la Selección, el cuerpo también entra a la cancha: el estrés emocional activa el sistema simpático y libera catecolaminas, con aumentos transitorios de frecuencia cardíaca y presión arterial. Para la mayoría, queda en nervios. Para quienes tienen enfermedad cardiovascular o varios factores de riesgo, ese pico puede actuar como gatillo de infartos, arritmias o crisis hipertensivas.
Tras partidos decisivos, desde el Hospital Universitario Austral advierten que las consultas por problemas cardiovasculares suelen aumentar cerca de un 20%.
“Durante los partidos decisivos solemos ver un fenómeno curioso: las guardias se tranquilizan mientras dura el encuentro, pero después aparece un aumento de consultas. En líneas generales, crecen alrededor de un 20 % —comúnmente, por dolor torácico, cuadros coronarios y arritmias—, especialmente durante instancias decisivas, frente a adversarios más complicados, rivales clásicos o definiciones por penales”, describió el cardiólogo José Bonorino, jefe de la Unidad Coronaria del Hospital Universitario Austral,
No se trata de mirar el Mundial con miedo, sino de entender el mecanismo, reconocer señales de alarma y evitar los “amplificadores” típicos del torneo: alcohol, comidas copiosas, tabaco, falta de sueño, sedentarismo y, sobre todo, el abandono de la medicación.
“Durante el partido es normal que aumente la frecuencia cardíaca y puede llegar hasta 120 o 130”, explicó en una nota a Infobae el cardiólogo Mario Boskis, miembro de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), al describir la respuesta fisiológica frente a partidos definitorios.
Qué le hace un partido al sistema cardiovascular

Bonorino definió el fenómeno como una “prueba de esfuerzo emocional”: ante un encuentro de alta carga, el organismo activa el sistema nervioso simpático, libera adrenalina, noradrenalina y cortisol, y suben la frecuencia cardíaca y la presión arterial, además de aumentar la contractilidad del corazón y el consumo de oxígeno del miocardio.
Boskis lo describió en la misma línea al remarcar que el cuerpo reacciona como si enfrentara una amenaza real, aun cuando la persona esté sentada frente al televisor. La consecuencia, coincidieron los especialistas, es un pico que suele ser transitorio en personas sanas, pero que puede resultar desestabilizante en quienes ya tienen un terreno vulnerable.
¿Puede un partido desencadenar un infarto o una arritmia?

Bonorino explicó que, en pacientes con factores de riesgo, el estrés agudo puede actuar como desencadenante de infartos, arritmias o crisis hipertensivas. Entre los mecanismos posibles mencionó la ruptura de placas ateroscleróticas, la vasoconstricción coronaria y el aumento de la coagulación.
En ese escenario también puede aparecer la miocardiopatía por estrés o síndrome de Takotsubo, una disfunción cardíaca transitoria que puede simular un infarto. Aunque es infrecuente, el especialista advirtió que el estrés emocional extremo puede actuar como desencadenante final de muerte súbita en personas con enfermedad coronaria o cardiopatías no diagnosticadas.
La evidencia científica citada en investigaciones internacionales sumó contexto: tras el Mundial de Alemania 2006, un trabajo publicado en The New England Journal of Medicine analizó 4.279 emergencias cardiovasculares en la región de Múnich y registró que, durante los partidos de la selección local, la incidencia de emergencias cardíacas fue 2,66 veces mayor que en períodos de control; en hombres fue 3,26 veces mayor y en mujeres 1,82 veces. También observó una concentración de eventos en las dos horas posteriores al inicio de los encuentros.
Otros estudios, como el que evaluó internaciones por infarto en Inglaterra durante el Mundial de Francia 1998, también reportaron aumentos en admisiones hospitalarias tras partidos de alta carga emocional. La lectura prudente que se desprende de esa literatura es que el efecto no es uniforme en toda la población, pero puede ser relevante en personas particularmente vulnerables.
Victoria o derrota: por qué importa más la intensidad que el resultado

Bonorino planteó un punto clave para entender el riesgo: el corazón responde más a la intensidad de la emoción que a si esa emoción es positiva o negativa. Una derrota frustrante y una victoria agónica por penales pueden generar picos de estrés similares.
El Takotsubo vuelve a aparecer como ejemplo clínico: aunque se asoció de manera clásica con emociones negativas, también se describió después de eventos felices intensos. En otras palabras, el problema no es “alegrarse”, sino el nivel de activación fisiológica que puede dispararse en personas con susceptibilidad.
Quiénes corren más riesgo (y por qué los partidos pueden ser un “gatillo”)

Bonorino enumeró perfiles más vulnerables: personas con enfermedad cardiovascular conocida, antecedentes de arritmias (como fibrilación auricular o arritmias ventriculares), determinadas canalopatías y quienes acumulan factores de riesgo como hipertensión, diabetes, tabaquismo, dislipidemia o edad avanzada.
Boskis agregó que el riesgo aumenta también en quienes desconocen su estado de salud cardiovascular. Si existe una cardiopatía no detectada, la tensión emocional puede precipitar un episodio. En ese sentido, advirtió que el “me va a dar algo” no siempre es una frase hecha: puede ser la expresión de un cuadro que requiere evaluación, sobre todo si se acompaña de dolor torácico o palpitaciones.
Los hábitos del Mundial que amplifican el riesgo

“El partido por sí solo rara vez enferma a alguien”, señaló Bonorino. El estrés emocional puede actuar como disparador agudo, pero los hábitos que rodean al Mundial funcionan como amplificadores: exceso de alcohol, comidas copiosas, tabaquismo, privación de sueño, pasar horas sentado y suspender o descuidar la medicación habitual.
En una guía de recomendaciones, la Federación Argentina de Cardiología (FAC) alertó sobre un patrón de adherencia que se deteriora en días de partido: según su análisis, solo el 50% de los hipertensos toma su medicación habitual, frente al 66% en jornadas sin fútbol. La misma tendencia, de acuerdo con esa guía, se observó en personas con diabetes y en quienes toman medicación para el colesterol.
En el plano alimentario, Miguel Schiavone, médico cardiólogo de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), advirtió en una nota previa a este medio sobre el impacto del sodio “invisible” en la dieta diaria: cerca del 70% de la sal que se consume está presente en alimentos ultraprocesados, como fiambres, embutidos, galletitas, snacks, quesos duros, aderezos y productos industrializados. También recomendó prestar atención a la hidratación y a las etiquetas, porque algunas aguas minerales y bebidas saborizadas pueden tener niveles elevados de sodio.
La trampa del “es solo nervios”: señales de alarma durante un partido

Bonorino fue directo: los nervios pueden acelerar el corazón, pero no deberían provocar dolor persistente en el pecho, falta de aire o desmayos. Si un síntoma no desaparece en segundos o pocos minutos, recomendó dejar de mirar el partido y consultar. En su experiencia, muchas personas demoran la consulta para “esperar que termine”, y eso puede ser determinante.
Entre las señales de alarma enumeró disconfort en el pecho, la espalda, los brazos, el cuello o la mandíbula; molestias en la boca del estómago o náuseas; falta de aire o transpiración profusa; palpitaciones; mareos o desmayos. También pidió no minimizar signos neurológicos como dificultad para hablar, asimetrías en la cara o pérdida de fuerza en alguna parte del cuerpo.
Salud mental: ansiedad anticipatoria, redes sociales y un Mundial que dura todo el día

La licenciada María Paula Castro, psicóloga del Servicio de Salud Mental del Hospital Universitario Austral, explicó que para muchas personas el partido empieza antes del pitazo inicial, con pronósticos y escenarios imaginados. Ese proceso se conoce como ansiedad anticipatoria y puede traducirse en insomnio, palpitaciones, tensión muscular, irritabilidad o molestias gastrointestinales.
Castro sostuvo que la intensidad de la reacción depende del significado personal del evento: identidad, pertenencia, vínculos y recuerdos. También advirtió que las redes sociales amplifican la experiencia, porque el Mundial deja de ser solo 90 minutos: el flujo permanente de comentarios, memes y debates puede dificultar la desconexión emocional.
Cómo ver el Mundial con el corazón protegido: medidas concretas

Las recomendaciones de los especialistas convergieron en un paquete de medidas simples, especialmente importantes para personas con diagnóstico cardiovascular o factores de riesgo: no suspender la medicación, moderar alcohol, comer liviano, evitar tabaco y otras sustancias, cuidar el descanso y moverse durante el partido.
Boskis sugirió sumar una consulta preventiva con el médico de cabecera para quienes ya tienen enfermedad cardiovascular, por si se necesita ajustar o reforzar medicación ante un contexto de alta carga emocional. Bonorino agregó una recomendación práctica para perfiles vulnerables: si existe riesgo, ver el partido acompañado puede ayudar a detectar síntomas temprano y evitar demoras en pedir asistencia.














