
Una revisión analizada por la revista Nature advierte que el uso de cigarrillos electrónicos en niños y adolescentes se asocia con problemas respiratorios, dependencia a la nicotina y una mayor probabilidad de fumar tabaco convencional. El crecimiento del consumo juvenil ocurre mientras retrocede el cigarrillo tradicional en algunos países.
Los vaporizadores ingresaron al mercado durante los años 2000 como una alternativa para que los adultos dejaran de fumar. Sin embargo, su expansión entre menores que no tenían antecedentes de tabaquismo cambió el escenario sanitario.
La revisión, elaborada a partir de estudios sobre población infantil y juvenil, plantea que los efectos potenciales exceden los daños que se habían identificado al inicio de la comercialización de estos dispositivos.
Los autores, pediatras especializados en neumología, sostienen que el debate debe diferenciar entre el eventual uso de estos productos en adultos fumadores y su impacto en niños y adolescentes. Para quienes nunca fumaron, el vapeo puede convertirse en la puerta de entrada a la adicción a la nicotina.
Efectos respiratorios, bucales y de salud mental asociados al vapeo

Los primeros trabajos sobre vapeo se concentraron en reacciones inmediatas, como alteraciones en la función pulmonar o síntomas respiratorios. La revisión sistemática amplió ese mapa y reunió asociaciones con consecuencias en distintos sistemas del organismo.
Entre los problemas más frecuentes aparecen tos, silbidos al respirar, molestias en el pecho y tos con expectoración. También se registraron inflamación de encías, úlceras, sequedad bucal, irritación ocular, visión borrosa y dolor en los ojos.
Los investigadores incluyeron además una mayor presencia de rinitis alérgica y dermatitis atópica entre los jóvenes que vapeaban.
El artículo de Nature prestó especial atención en los datos sobre salud mental. Los estudios relevados vincularon el uso de cigarrillos electrónicos con una mayor frecuencia de depresión, trastorno de pánico, anhedonia e ideas suicidas. Los jóvenes que vapeaban tenían cerca del doble de probabilidades de informar pensamientos, planes o intentos de suicidio frente a quienes no usaban estos productos, según la síntesis presentada por los autores.
Esas asociaciones no prueban por sí solas que el vapeo sea la causa de cada uno de esos cuadros. Aun así, los especialistas consideran que el conjunto de hallazgos requiere medidas preventivas y nuevas investigaciones que aclaren sus mecanismos y efectos a largo plazo.
La nicotina puede generar dependencia desde edades tempranas

La nicotina es una sustancia adictiva y, de acuerdo con décadas de estudios sobre el tabaco, puede afectar el desarrollo cerebral durante la adolescencia. Los cigarrillos electrónicos están diseñados para administrarla de forma eficiente y algunos dispositivos pueden alcanzar niveles comparables o superiores a los de los cigarrillos convencionales.
Los autores señalan que el consumo ocasional o intermitente ya puede desencadenar antojos y síntomas de abstinencia. Esta vulnerabilidad adquiere mayor relevancia en adolescentes, un período en el que se consolida el desarrollo neurológico y en el que la dependencia puede dificultar el abandono posterior.
Parte de esa capacidad de generar hábito se vincula con la incorporación de sales de nicotina. Desde 2017, fabricantes de vapeadores comenzaron a utilizar esta formulación, que ofrece una inhalación más suave y un sabor que puede percibirse como más dulce. Algunos estudios citados por Nature muestran que esos productos pueden producir picos de nicotina más rápidos y altos en sangre.
Además de nicotina, los vapeadores pueden contener metales pesados, compuestos carbonílicos tóxicos, nanopartículas y sustancias sin regulación uniforme. Las consecuencias de la exposición prolongada a esas sustancias todavía no están definidas con precisión, aunque los investigadores advierten sobre sus posibles efectos inflamatorios, inmunosupresores y cancerígenos.
Vapear eleva la probabilidad de comenzar a fumar cigarrillos

El resultado que los autores calificaron como más preocupante es la relación entre el vapeo y el posterior inicio del tabaquismo convencional.
La revisión halló que los niños y jóvenes que usaban cigarrillos electrónicos sin haber fumado antes tuvieron entre dos y 12 veces más posibilidades de empezar a fumar que quienes no vapeaban.
Ese dato cuestiona la presentación de estos dispositivos exclusivamente como sustitutos del cigarrillo. Para un sector de los adolescentes, los vapeadores constituyen el primer contacto con la nicotina y pueden preceder al consumo de tabaco tradicional.
La advertencia coincide con trabajos recientes presentados en el Congreso de la Sociedad Respiratoria Europea (ERS), realizado en Barcelona.
Según informó Infobae, tres investigaciones mostraron una disminución del tabaquismo clásico en algunos grupos de edad, acompañada por un aumento del vapeo y de la combinación de diferentes productos de nicotina.
Uno de esos estudios, realizado en Irlanda con 5.265 adolescentes de 15 y 16 años, mostró que el porcentaje de vapeadores que había comenzado a usar estos productos sin fumar cigarrillos previamente pasó de 50,2% en 2015 a 76,2% en 2024. El dato indica que tres de cada cuatro adolescentes vapeadores relevados se habían iniciado directamente con los dispositivos electrónicos.
Menos cigarrillos, misma exposición a la nicotina

Otra investigación presentada ante la ERS siguió a 15.056 personas de entre 6 y 82 años en Austria durante 12 años. Entre 2012 y 2024, el tabaquismo tradicional cayó de 24,2% a 16,3%, mientras que el uso de productos alternativos de nicotina pasó de 0% a 17,2%.
El mismo trabajo detectó que la edad de inicio descendió entre las cohortes más jóvenes: quienes nacieron en los años 2000 comenzaron a consumir alrededor de los 15 años, frente a los cerca de 20 años registrados entre las personas nacidas en la década de 1930.
Para los investigadores, observar únicamente las cifras de cigarrillos convencionales puede ocultar el problema. La exposición a la nicotina no necesariamente disminuye: cambia de formato, se diversifica y llega a edades más tempranas.
Sabores y empaques diseñados para atraer menores

Los autores del análisis en Nature cuestionaron el uso de sabores dulces y frutales, junto con envases coloridos y llamativos. Consideran que estas características aumentan el atractivo de los dispositivos para niños y adolescentes y no resultan indispensables si el producto se limita a una herramienta para dejar de fumar en adultos.
La revisión reclama advertencias sanitarias claras en la publicidad y los envases, programas educativos para menores y controles más estrictos sobre promoción y venta. Países como China, Dinamarca, Finlandia y Países Bajos ya aprobaron prohibiciones sobre vapeadores saborizados.
En el Reino Unido, la Ley de Tabaco y Vapeo aprobada en abril incorporó límites más estrictos para la promoción de estos productos y prohibió la venta de tabaco a las personas nacidas a partir del 1° de enero de 2009. El país ya había vetado los vapeadores de un solo uso en 2025.
Los especialistas plantean que la regulación deberá acompañarse de estrategias basadas en investigación para ayudar a los jóvenes a abandonar estos dispositivos y evitar que la dependencia de nicotina se consolide en nuevas generaciones.














