
El estrés es una respuesta natural del cuerpo ante cambios o desafíos. Esta reacción, que eleva los niveles de cortisol -la hormona del estrés- ocurre como parte de los mecanismos de defensa del organismo. Esta situación, sostenida en el tiempo, impacta negativamente en la salud. Sin embargo, incorporar actividad física, como una caminata diaria, puede ayudar a reducir el estrés y mejorar el bienestar general.
Un ensayo clínico aleatorizado, desarrollado durante un año por científicos estadounidenses, ha demostrado por primera vez una relación directa y sostenida entre el ejercicio físico regular y la reducción del cortisol.
Durante décadas se ha hablado sobre el poder del ejercicio para “despejar la mente”. Sin embargo, este nuevo ensayo clínico es el primero en cartografiar, a lo largo de todo un año, cómo la actividad aeróbica regular no solo mitiga el estrés percibido, sino que reduce de manera significativa el “ruido de fondo” biológico causado por el exceso de cortisol.
Según los autores, quienes cumplieron con la recomendación de 150 minutos de ejercicio moderado a vigoroso por semana —equivalente a 30 minutos diarios, cinco días— lograron disminuir de forma sostenida los niveles de esta hormona.

“El ejercicio actúa como un ‘drenaje’ para la acumulación de cortisol”, explican los investigadores. “El cortisol es excelente para la respuesta de ‘lucha o huida’, pero cuando permanece elevado debido al estrés moderno, puede afectar el corazón, el sueño y reducir el tamaño de partes del cerebro”.
El estudio -liderado por los doctores Peter J. Gianaros, director del Centro de Ciencia Mente-Cuerpo y Salud y profesor de la Universidad de Pittsburgh, Kirk I. Erickson, profesor del Advent Health Research Institute- fue publicado en Journal of Sport and Health Science y ofrece la evidencia más sólida hasta la fecha de que la actividad física puede considerarse una intervención médica legítima para el manejo del estrés prolongado.
En diálogo con Infobae, el doctor Alejandro G Andersson, director del Instituto de Neurología Buenos Aires (INBA), afirmó que el estudio es relevante precisamente porque va más allá de la correlación: “Es el primer ensayo clínico aleatorizado que demuestra una relación causa-efecto entre el ejercicio aeróbico y una reducción sostenida del cortisol a lo largo de un año completo“.
Qué descubrió el estudio sobre estrés, cortisol y ejercicio

La investigación contó con 130 adultos de entre 26 y 58 años, divididos en dos grupos. El primero -grupo de intervención- realizó los 150 minutos semanales de actividad aeróbica durante un año. El grupo control recibió información sobre hábitos saludables, pero no modificó sus niveles de actividad física.
A lo largo del año, los participantes fueron monitoreados mediante técnicas avanzadas: mediciones de cortisol, imágenes cerebrales y evaluaciones cardiorrespiratorias. Los resultados más destacados indican que el grupo de ejercicio mostró una reducción significativa y sostenida del cortisol, mientras que el grupo control no experimentó cambios notables.
Los beneficios del ejercicio identificados en el estudio trascienden la simple reducción del cortisol. Datos previos de este mismo ensayo revelaron que la actividad física también ralentiza el envejecimiento cerebral, evidenciando una doble protección: sobre el “hardware” (estructura cerebral) y la “química” mental.

“El umbral de 150 minutos por semana parece ser un ‘punto óptimo’ para construir resiliencia biológica frente a la depresión, la ansiedad y las enfermedades cardíacas”, señala el equipo investigador.
La importancia de estos hallazgos radica en su rigor experimental. Mientras la mayoría de estudios previos en la materia son correlacionales —por tanto no pueden establecer causa y efecto— este ensayo clínico ofrece pruebas robustas de que el ejercicio no solo promueve bienestar subjetivo, sino que modula biomarcadores clave asociados a varias enfermedades.
“El ejercicio debe considerarse una estrategia conductual de ‘primera línea’, junto a la psicoterapia y la medicina para gestionar los efectos biológicos a largo plazo del estrés”, subrayan los autores.
Cómo actúa el cortisol, la hormona del estrés

El doctor Andersson explicó que el cortisol es una hormona esteroidea producida por las glándulas suprarrenales, y es el principal mediador de la respuesta al estrés en el organismo.
Su función es imprescindible. “Cuando enfrentamos una amenaza real —física o psicológica— el cortisol moviliza glucosa, suprime procesos no urgentes como la digestión o la reproducción, y prepara al cuerpo para la acción. Es lo que nos permitió sobrevivir como especie», explicó el experto.
Sin embargo, el cortisol no es solo una hormona del estrés. “Regula el metabolismo, modula el sistema inmune, interviene en los ciclos de sueño-vigilia, y cumple roles en la consolidación de la memoria y la regulación del estado de ánimo. Es, en términos fisiológicos, una molécula de enorme amplitud funcional”, agregó Andersson.
Qué ocurre cuando los niveles de cortisol están siempre altos

Anne Friedlander, doctora en fisiología del ejercicio y directora del área de Movimiento y Ejercicio de Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, señaló en un artículo de esa institución que el cortisol tiene mala fama, pero cumple funciones importantes en el organismo. “Básicamente, se busca que sus niveles sean altos cuando corresponde y bajos cuando corresponde”, señaló.
El problema no es el cortisol en sí, sino el cortisol sostenido, explicó en coincidencia Andersson. “Nuestra biología está diseñada para picos breves seguidos de recuperación. Cuando el estrés moderno —laboral, relacional, financiero— mantiene el sistema de alarma activado de forma permanente, el cortisol deja de ser protector y se vuelve tóxico», advirtió.
A nivel cerebral, el hipocampo —región fundamental para la memoria y el aprendizaje— resulta especialmente vulnerable, según Andersson. La exposición prolongada a glucocorticoides puede reducir su volumen y deteriorar la neurogénesis. La corteza prefrontal, responsable del pensamiento racional y el control emocional, también se ve afectada. En paralelo, el cortisol crónico promueve inflamación sistémica, resistencia a la insulina, disfunción cardiovascular y trastornos del sueño. Esta combinación acelera el envejecimiento biológico, incluido el cerebral, detalló el especialista.

Además, Andersson apuntó que el mecanismo por el cual el ejercicio es tan beneficioso es múltiple: “Mejora el feedback negativo del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal, reduce la actividad simpática basal y genera adaptaciones en la amígdala y corteza prefrontal que modulan la respuesta emocional al estrés. En términos simples, entrena al sistema nervioso para no dispararse ante estímulos que no son amenazas reales“.
Otras investigaciones han demostrado que las personas que realizan ejercicio regularmente tienden a reducir sus niveles basales de cortisol con el tiempo, especialmente en comparación con las personas sedentarias. “El pico de cortisol provocado por el ejercicio desaparece más rápido y la recuperación es más completa. Además, un mejor descanso gracias a la actividad física favorece aún más unos ritmos de cortisol saludables”, señalan en la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford.
Ejercicios que nivelan el cortisol

Andersson identificó los ejercicios más recomendados y destacó quela mayor evidencia respalda la actividad aeróbica de intensidad moderada, como caminar rápido, trotar, andar en bicicleta o nadar. La dosis efectiva, según la American Heart Association, es150 minutos semanales —30 minutos diarios, cinco días a la semana—. No se requiere mayor cantidad, pero sí mantener la constancia en el tiempo, subrayó el especialista.
Según la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, estas son las actividades más recomendadas:
- Actividad aeróbica moderada: la intensidad debe ser energizante, no agotadora. La constancia es clave.
- Prácticas mente-cuerpo: el yoga, el tai chi y el pilates combinan movimiento, respiración y atención plena. Diversos estudios confirman que el yoga tiene un fuerte efecto reductor del cortisol.
- Entrenamiento de fuerza: levantar pesas o realizar ejercicios con el propio peso corporal (sentadillas, flexiones, etc.) mejora el estado de ánimo, el metabolismo y la resistencia.
- Entrenamiento de alta intensidad: el entrenamiento HIIT y el cardio intenso de larga duración elevan significativamente los niveles de cortisol. Si se realizan con demasiada frecuencia sin descanso, el cortisol puede permanecer elevado. Los expertos recomiendan limitar estas sesiones a una o dos veces por semana, que sean cortas y seguidas de un descanso reparador. Si se notan trastornos del sueño o ansiedad después de un entrenamiento intenso, es señal de que se debe reducir la intensidad.
Plan de ejercicios para equilibrar el cortisol

• Lunes: caminata rápida o trote ligero (30-60 minutos)
• Martes: circuito de fuerza o HIIT (20-30 minutos, intensidad baja)
• Miércoles: actividad ligera o descanso completo.
• Jueves: yoga o Pilates (30-60 minutos)
• Viernes: cardio + fuerza, o HIIT (30-45 minutos)
• Sábado: actividad física divertida (senderismo o paseo en bicicleta con amigos, deporte de equipo, más de 60 minutos).
• Domingo: estiramientos suaves o relajación (15-20 minutos)
Friedlander enfatizó que cualquier programa de ejercicios debe adaptarse a las necesidades individuales y respetar las señales del propio cuerpo. Recomienda modificar los días, ajustar la intensidad y priorizar el descanso cuando sea necesario. “Lo esencial es elegir una actividad que resulte placentera, ya que esto facilita la constancia”, concluyó el especialista.














