
La elección entre dormir con ropa o desnudo genera debate tanto en la comunidad médica como entre los propios usuarios. Diversos estudios internacionales sugieren que la decisión puede influir en la calidad del sueño, la termorregulación corporal y el bienestar general.
Según la Fundación Nacional del Sueño de Estados Unidos (National Sleep Foundation), la temperatura corporal óptima es clave para conciliar y mantener un sueño profundo, por lo que dormir sin ropa podría ofrecer ventajas en climas cálidos o para personas con tendencia a sudar durante la noche.
En tanto, un informe publicado por la revista médica británica Sleep Medicine Reviews indica que la ropa ajustada o fabricada con materiales sintéticos puede dificultar la ventilación de la piel, aumentando el riesgo de incomodidad o interrupciones en el descanso.

Por el contrario, dormir desnudo o con prendas ligeras facilita una mejor disipación del calor corporal, ayudando a que la temperatura central descienda y favorezca el inicio de los ciclos profundos del sueño. Esta regulación térmica puede asociarse con una mayor eficiencia en el descanso nocturno, ya que permite al organismo alcanzar y mantener las fases de sueño reparador con mayor facilidad.
En ese tono, diversos estudios de la Fundación Nacional del Sueño destacan que el exceso de abrigo o la acumulación de calor pueden interrumpir el sueño, generando despertares nocturnos y una sensación de fatiga al despertar, mientras que un entorno más fresco contribuye a una mejor recuperación física y mental.
Sin embargo, los especialistas de la Fundación Nacional del Sueño y del Servicio Nacional de Salud británico (NHS) insisten en que la preferencia personal y las condiciones ambientales desempeñan un papel fundamental al elegir cómo dormir. Factores como la temperatura de la habitación, la posibilidad de mantener una adecuada ventilación, la privacidad del entorno y el nivel de confort subjetivo deben considerarse al tomar la decisión.

Beneficios y riesgos de dormir desnudo, según la ciencia
Dormir desnudo puede contribuir a una mejor regulación de la temperatura corporal y facilitar la liberación de melatonina, la hormona que induce el sueño, según investigaciones de la Universidad de Ámsterdam publicadas en la revista Journal of Physiological Anthropology.
Además, estudios de la Fundación Nacional del Sueño señalan que una disminución de la temperatura corporal central facilita ciclos de sueño más profundos y continuos, lo que puede traducirse en una mayor sensación de descanso y niveles superiores de energía al despertar. Este efecto es especialmente relevante en ambientes con temperaturas moderadas, donde la regulación térmica resulta fundamental para la calidad del sueño.
Por otro lado, especialistas del Servicio Nacional de Salud británico (NHS) advierten que en entornos fríos o con deficientes condiciones de higiene, dormir sin ropa podría elevar el riesgo de resfriados o infecciones cutáneas. Asimismo, quienes presentan alergias o patologías dermatológicas pueden beneficiarse de elegir prendas adecuadas que protejan la piel durante el descanso, minimizando el contacto con posibles irritantes y favoreciendo un entorno más saludable para el sueño.
Con o sin ropa y qué prendas elegir: la palabra de los expertos

Dormir con ropa o sin ella es una decisión influida por factores personales como la sensibilidad al frío, las características del entorno y las preferencias de comodidad. Quienes optan por utilizar pijamas suelen buscar una barrera adicional contra las bajas temperaturas o priorizan la sensación de protección y privacidad, especialmente al compartir habitación.
Por otra parte, quienes prefieren dormir sin prendas valoran la mayor ventilación de la piel y la reducción de posibles molestias asociadas a costuras o tejidos ajustados. Los expertos de la Mayo Clinic recomiendan seleccionar la vestimenta nocturna en función de las necesidades individuales y las condiciones ambientales.
Además, los expertos recomiendan elegir fibras naturales como el algodón o el lino y optar por prendas holgadas; puede favorecer la calidad del sueño y ayudar a mantener un adecuado bienestar físico. Adaptar estos hábitos según la estación del año y el propio confort permite optimizar el descanso y prevenir alteraciones relacionadas con el sueño.











