
La escena se abrió sobre el escenario de San Abasto Subterráneo Cultural en Buenos Aires, donde el público presenció una obra de teatro centrada en la salud mental y la prevención de la demencia. “Olivia” se convirtió en un espacio de encuentro impulsado por el décimo aniversario del Instituto Global de Salud Cerebral (GBHI).
La trama se enfoca en la vida de una mujer que atraviesa un deterioro cognitivo progresivo e irreversible. El guion llevó a los espectadores a recorrer los pasajes internos del laberinto de recuerdos rotos de la protagonista, quien perdió independencia.
La puesta en escena, dirigida por José Luis “Pepe” Arias, convirtió el escenario en una representación visual de la mente de Olivia, donde las memorias desordenadas se entrelazan con versos perfectamente recitados de literatura universal en una cronología difusa que encarna la confusión de la mujer.
Tras la función, la actividad continuó con un panel interdisciplinario encabezado por la doctora Lucía Crivelli, investigadora del CONICET y jefa de Neuropsicología del FLENI, junto con Adolfo García, director del Centro de Neurociencias Cognitivas de la Universidad de San Andrés y Senior Atlantic Fellow del GBHI.

El panel profundizó en los síntomas de la demencia que van más allá de la pérdida de memoria, como los cambios en la conducta, el lenguaje, la orientación y el ánimo. También se abordó el impacto que la enfermedad tiene en las personas, sus familias y los cuidadores, y se propuso un espacio de sensibilización y diálogo.
La doctora Crivelli sumó un dato fundamental: según dijo, un estudio en Argentina mostró que hasta el 60% de los casos puede prevenirse, mientras que en países de altos ingresos la proporción baja al 45%. La diferencia, afirmó, también expone el peso de factores de riesgo más frecuentes en contextos como el argentino.
El panel fue moderado por Dani Macri, fellow argentino del GBHI, ingeniero y artista, productor y actor de la obra.
García explicó durante el intercambio: “La demencia es un conjunto de síndromes, de condiciones, que se desarrollan principalmente cuando uno supera los 60 o 65 años”. Luego, precisó que el rasgo decisivo no es un olvido aislado, sino la pérdida de funcionalidad: “Tiene que haber dependencia, incapacidad de valerse por uno mismo”.

La obra reconstruye la mente de la protagonista con recuerdos y referencias literarias que se encadenan fuera de una cronología estable. Ese recurso dramático dialogó con una definición clínica que García planteó ante el público. “Hay que entender que la demencia no es una etapa natural de envejecer ni algo que tengamos que esperar que suceda”, dijo al describir una diferencia que, según señaló, puede ser sutil al comienzo.
El investigador indicó que los síntomas no siempre se concentran en la memoria. En algunos casos, detalló, el primer impacto aparece en el lenguaje o en las capacidades de interacción social, pero el cuadro adquiere dimensión clínica cuando esa alteración se vuelve sistemática, progresa y afecta la capacidad de desenvolverse sin ayuda.
Crivelli reforzó esa idea con una descripción escalonada del proceso. “Empieza de a poquito. Empiezan los olvidos, las desorientaciones, los trastornos del lenguaje, la falta de organización, y va progresando hacia el síndrome que vimos hoy: una persona que ya está funcionalmente afectada”, dijo en el panel.

La neuropsicóloga sostuvo que Olivia no solo retrata la enfermedad, sino también el “síndrome de sobrecarga del cuidador”. En esa lectura, la obra amplía el foco y muestra que la demencia no se limita al paciente: reorganiza vínculos, distribuye tareas de manera desigual y abre conflictos dentro del entorno familiar.
“Dos de cada tres casos de demencia transcurren en mujeres. Las mujeres tenemos el doble de chances de tener demencia que los hombres. Y además, dos de cada tres cuidadores son mujeres”, dijo Crivelli durante la conversación. El montaje, observó, invierte parcialmente esa frecuencia al colocar en el centro a un cuidador varón.
Dani Macri, quien interpretó el papel del hijo de Olivia, vinculó esa perspectiva con su propia experiencia personal. Contó que, cuando tenía 22 años, acompañó a su abuelo y narró cómo, aun en medio del deterioro, persistían memorias antiguas ligadas a la música: mientras él tocaba el piano, su abuelo podía corregirle tangos que recordaba.

Crivelli retomó ese punto para subrayar una paradoja propia de ciertos cuadros, aspecto que también se ve en la obra. Señaló que la protagonista todavía mantiene cultura general y memoria semántica, incluso con capacidad para recitar versos, mientras falla la memoria reciente. Para ilustrarlo, mencionó también el caso de Tony Bennett, capaz de ofrecer un recital entero de memoria y olvidar al día siguiente que lo había hecho.
La prevención empieza antes de los síntomas y atraviesa toda la vida
La pregunta sobre qué hacer y cuándo empezar ocupó una parte central del panel. Crivelli respondió con una fórmula amplia. “Nunca es demasiado temprano y nunca es demasiado tarde para trabajar sobre la demencia”, dijo al plantear que la prevención debe pensarse desde la juventud en adelante.
La especialista enumeró cinco ejes: salud cardiovascular, ejercicio físico, actividad intelectual, alimentación adecuada y vida social activa. “Cuidar el cerebro también es cuidar el corazón”, afirmó al incluir en ese primer bloque el control de la hipertensión, la obesidad y otros factores vinculados con el sistema cardiovascular.

Después añadió otros riesgos que exceden esa lista inicial: el bajo nivel educativo, la depresión, la hipoacusia y los trastornos visuales no compensados. A su juicio, el hecho de que en Argentina el potencial de prevención sea mayor no solo es una noticia alentadora, sino también una señal de que esas condiciones tienen más peso local.
Crivelli y García hablaron después de la función de Olivia en Buenos Aires. Los especialistas explicaron que la demencia no es una consecuencia natural del paso del tiempo y que puede prevenirse en una proporción alta de casos. Al mismo tiempo, la obra expuso la carga que la enfermedad traslada a cuidadores y familias.
Arias, el director, explicó que una de las decisiones del montaje fue introducir humor en un material atravesado por la pérdida. Contó que tomó esa orientación después de acompañar a su abuelo, quien tuvo Alzheimer, a lo largo del último año de su vida y de registrar que no había perdido ese rasgo aun dentro del hogar donde vivió esa etapa.

“Lejos de pretender reírnos de una tragedia como lo son algunas de las demencias, tratamos de rescatar el humor involuntario que siempre hay en los equívocos, en las confusiones”, dijo Pepe Arias al referirse a una obra que, según señaló, también trabajó con elementos de demencia con cuerpos de Lewy y alucinaciones. Para el director, ese registro puede modificar también la actitud de quienes visitan a un familiar enfermo.
Arias sostuvo que muchas veces el entorno llega “cargado” por la dimensión trágica de la situación y que ese tono no siempre ayuda. “Estaría bueno contarles un chiste”, planteó como gesto concreto para sostener un vínculo más ameno con la persona afectada.
Sobre el cruce entre disciplinas, Macri había destacado que la obra se trabajó junto con expertos para el abordaje. “La idea es poder ver cómo cada disciplina se puede enriquecer de las otras”, dijo al abrir una conversación que terminó enlazando arte, medicina, investigación y tareas de cuidado. Este es el objetivo de la iniciativa del GBHI, que pretende instruir a personas de distintas áreas sobre la importancia de concientizar sobre las demencias, y otras condiciones neurológicas, para que luego difundan esa información y enriquezcan sus respectivas áreas.

Crivelli cerró con una escena de consulta ocurrida el mismo día. Relató que recibió a tres hermanos junto con su madre y que, sentados frente a ella, discutían qué hacer mientras algunos trataban a la mujer como si no tuviera demencia y otros intentaban hacer entender que estaba enferma. “La verdad es que me parece una representación artística muy real”, dijo sobre una experiencia que, según afirmó, se parecía a lo que había vivido esa misma mañana.
Elenco y claves de la obra Olivia
El elenco, integrado por Celina Telleria, Dani Macri, Andrea Di Lascio, Ileana Jaciw, Nicole Gaudiero Bascopé y Lucas Krutnik, dio vida a los personajes que acompañan a Olivia en su tránsito por un universo fragmentado y épico.
La salud cerebral, uno de los conceptos centrales de la función, apareció en cada interacción. Desde el inicio, la obra presentó la demencia como una problemática compleja, que afecta la memoria, el pensamiento y la conducta, e interfiere con la vida cotidiana.
A diferencia del envejecimiento normal, donde pueden aparecer olvidos leves, la demencia implica un deterioro mayor que obstaculiza tareas habituales como manejar dinero, orientarse o comunicarse. Este conjunto de síntomas se produce por enfermedades que afectan el cerebro, como el Alzheimer.

El dispositivo escénico propuso un viaje sensorial por la mente de Olivia, donde los espectadores observaron cómo una mujer fuerte e imaginativa enfrentó la desorganización de sus recuerdos y la pérdida de autonomía. Su hijo, figura clave en la obra, intentó acompañarla en ese proceso complejo, lidiando con la reconstrucción imposible de una memoria desmoronada. El resto de los personajes, como la médica, la cuidadora o el enfermero, se entrelazaron en escenas que no siguieron una línea temporal establecida, lo que refleja la fragmentación propia de la enfermedad.
El Instituto Global de Salud Cerebral, fundado en 2015 con sedes en la Universidad de California, San Francisco y Trinity College Dublin, motorizó este tipo de iniciativas para mitigar el impacto de la demencia mediante el arte, la ciencia y el diálogo. Su programa Atlantic Fellows for Equity in Brain Health formó a líderes emergentes de distintas disciplinas para mejorar la salud cerebral y reducir el impacto de la demencia en el mundo. Desde su creación, doce personas de Argentina formaron parte de esta red internacional.
La función, que se lleva a cabo los jueves en San Abasto Subterráneo Cultural, se convirtió en una herramienta de divulgación y concientización. El teatro sirve como un canal para acercar a la comunidad los saberes científicos y las historias personales que rodean a la demencia.

A través de la obra y el panel, la comunidad accedió a herramientas concretas para comprender la enfermedad y su prevención, y pudo reflexionar sobre la importancia de un enfoque interdisciplinario y humano.
La celebración del décimo aniversario del GBHI impulsó la realización de eventos similares en diferentes países, lo que consolida el vínculo entre ciencia, arte y comunidad. La función de Olivia en Buenos Aires formó parte de una red global de acciones orientadas a transformar la manera en que se concibe la salud cerebral y la prevención de la demencia.
El director José Luis Arias aportó su experiencia en dramaturgia colectiva y dirección actoral para construir una puesta que se nutrió tanto de la investigación científica como de la sensibilidad artística. La producción general estuvo a cargo de Dani Macri y el GBHI, con vestuario de El Aleph y fotografía de Federico Moriconi.

La propuesta demostró que el teatro puede funcionar como un puente entre el conocimiento y la experiencia, permitiendo que conceptos como la prevención de la demencia y el cuidado de la salud cerebral lleguen a públicos diversos.
*Fotos: Gustavo Gavotti













