
Despertar con los ojos irritados, la nariz congestionada y una seguidilla de estornudos no es la mejor forma de empezar el día, pero para millones de personas con alergias estacionales es una rutina que se intensifica cada primavera. Según especialistas en alergología citados por la revista Parade, una serie de hábitos del dormitorio que suelen pasar inadvertidos podrían estar detrás de esas mañanas particularmente difíciles.
Las lluvias del final del invierno, seguidas por temperaturas en ascenso, estimulan el crecimiento de las plantas y favorecen la liberación de polen al aire. Meagan Shepherd, alergóloga e inmunóloga, explicó que las personas sensibles a estas partículas o a las esporas de moho pueden experimentar un aumento de los síntomas respiratorios y un agravamiento de los cuadros de asma durante esta época del año.
En Argentina, la primavera de 2026 suma un agravante adicional: el fenómeno de El Niño trajo lluvias muy superiores a lo normal y un ambiente persistentemente húmedo y fresco. Esa humedad elevada no solo favorece la proliferación de esporas de moho en exteriores, sino que también genera las condiciones ideales para que los ácaros del polvo se multipliquen dentro de los hogares.

Por qué las alergias empeoran al despertar
La conexión entre alergias y mala calidad de sueño es más directa de lo que parece. Stephanie Kayode, alergóloga con sede en Londres, señaló que la congestión y el goteo nasal son los dos síntomas que más interfieren con el descanso. Cuando el polen y el polvo entran en contacto con la mucosa nasal, se genera una inflamación que estrecha las vías respiratorias y dificulta la respiración. El resultado es un sueño fragmentado que se traduce en un despertar cargado de molestias.
Shepherd destacó que las personas alérgicas a los ácaros del polvo suelen presentar molestias más intensas al levantarse. Estos organismos microscópicos proliferan en colchones, almohadas y cobertores, donde encuentran condiciones favorables para reproducirse. Dormir con mascotas agrega otro factor de exposición, debido a la acumulación de caspa animal en la ropa de cama.
Otro error frecuente que identificó Rita Kachru, especialista en alergología de UCLA Health, es dormir con las ventanas abiertas. Durante la noche, muchas plantas liberan polen al aire, y una ventana sin cerrar permite que esos alérgenos ingresen directamente a la habitación. En plena primavera, cuando los niveles de polen están en su punto más alto, este hábito multiplica la cantidad de partículas que llegan al dormitorio.
Las consecuencias no se agotan en la incomodidad física. Un metaanálisis publicado en el Journal of Psychosomatic Research, que revisó 49 estudios con más de 18 millones de participantes, determinó que el 25% de los pacientes con rinitis alérgica —la inflamación nasal provocada por alérgenos— presenta depresión, otro 25% ansiedad y el 65% niveles elevados de estrés.
El mismo trabajo reveló que el 48% reportó mala calidad de sueño y el 59% duerme menos de siete horas. Los autores determinaron que el deterioro del descanso agrava a su vez el cuadro emocional, en un ciclo que se retroalimenta.

Medidas para reducir los alérgenos en el dormitorio
La medida más efectiva y accesible para reducir la exposición nocturna es, según los especialistas, lavar sábanas, fundas y cobertores al menos una vez por semana. Shepherd precisó que el ciclo de lavado debe alcanzar al menos 54 ℃ durante un mínimo de 15 minutos para eliminar de manera eficaz la población de ácaros. También recomendó utilizar fundas antiácaros tanto en el colchón como en las almohadas.
Kayode añadió que mantener niveles bajos de humedad en el dormitorio es fundamental, ya que los ácaros prosperan en ambientes húmedos. Un deshumidificador puede marcar una diferencia significativa. Los purificadores de aire equipados con filtros HEPA también resultan útiles para capturar partículas de polvo, polen y caspa animal.
Asimismo, la alergóloga advirtió que los filtros deben cambiarse con regularidad para mantener su eficacia y que los modelos con mayor flujo de aire ofrecen mejores resultados.
Aspirar alfombras y rincones con frecuencia, mantener las ventanas cerradas durante la noche y, si hay mascotas, hacer que duerman fuera del dormitorio son medidas complementarias que Kachru recomendó para quienes buscan reducir su exposición.

Sin embargo, si esos recursos no son suficientes o las alergias comienzan a interferir con la vida diaria —ya sea por falta de sueño o por alteraciones del ánimo—, los tres especialistas coincidieron en que es momento de consultar a un médico. “Los profesionales pueden recetar dosis más altas de antihistamínicos, aerosoles combinados con esteroides y antihistamínicos, gotas oftálmicas específicas e inmunoterapia”, detalló Kayode.














