
El Día Mundial de la Salud Digestiva se celebra cada 29 de mayo con el objetivo de concienciar sobre la importancia de la prevención y el tratamiento de las enfermedades gastrointestinales.
El bienestar digestivo influye en la calidad de vida, la absorción de nutrientes, la función inmunológica y el estado de ánimo. Diversos organismos internacionales y especialistas destacan prácticas basadas en la evidencia que ayudan a mantener el equilibrio del sistema digestivo.
1. Priorizar una dieta rica en fibra
La fibra es un nutriente esencial para el funcionamiento intestinal. Su consumo favorece la regularidad del tránsito y alimenta a la microbiota intestinal, un conjunto de bacterias beneficiosas que intervienen en la digestión, el metabolismo y la protección frente a infecciones. Según la Mayo Clinic, la ingesta recomendada oscila entre 30 y 40 gramos diarios. Entre los alimentos ricos en fibra se encuentran las legumbres, los cereales integrales, las frutas con piel y las semillas como la chía y la linaza. Estudios de la King’s College de Londres señalan que aumentar la fibra reduce el riesgo de depresión y mejora la memoria en adultos mayores, al influir en la producción de neurotransmisores.

2. Incluir alimentos fermentados y probióticos
El consumo de alimentos fermentados como el kéfir, el yogur con cultivos vivos, el kimchi, la kombucha y el chucrut aporta probióticos naturales, microorganismos que ayudan a mantener el equilibrio de la microbiota. Harvard Health Publishing explica que los probióticos refuerzan la barrera intestinal y pueden mejorar síntomas como la hinchazón y la distensión abdominal. Un estudio de la Universidad de Reading asocia el consumo de kéfir con mejoras en la memoria relacional y la resiliencia emocional, atribuidas a los metabolitos antiinflamatorios generados durante la fermentación.
3. Mantenerse hidratado para favorecer la digestión
La hidratación adecuada es fundamental para todas las funciones corporales, incluida la digestión. Beber entre seis y ocho vasos de agua diarios asegura la formación de heces blandas y previene el estreñimiento. La Clínica Endoscópica recomienda complementar la hidratación con infusiones naturales, como té de menta o jengibre, que pueden aliviar molestias leves. El agua también facilita la absorción de nutrientes y la eliminación de toxinas. La falta de hidratación puede provocar digestiones lentas, sensación de pesadez y alteraciones en la motilidad intestinal.

4. Comer despacio y masticar bien los alimentos
La digestión comienza en la boca. Masticar correctamente permite que los alimentos se mezclen con la saliva y se descompongan parcialmente antes de llegar al estómago, lo que facilita el trabajo de las enzimas digestivas. La Asociación Española de Gastroenterología (AEG) señala que comer despacio reduce la probabilidad de acidez, hinchazón y gases. Además, este hábito ayuda a reconocer mejor las señales de saciedad y evita comer en exceso, lo que puede sobrecargar el sistema digestivo.
5. Mantener horarios regulares para las comidas
El respeto por horarios fijos para el desayuno, el almuerzo y la cena sincroniza el ritmo circadiano digestivo y optimiza la secreción de enzimas. Cenar al menos dos horas antes de dormir facilita la digestión y mejora la calidad del sueño, lo que influye directamente en la salud intestinal. Saltarse comidas o comer a deshoras puede alterar la motilidad del tracto gastrointestinal y favorecer síntomas como el reflujo o la indigestión, según la Clínica Endoscópica.
6. Realizar actividad física de manera regular

La actividad física estimula la motilidad intestinal, previene el estreñimiento y contribuye a la salud metabólica general. Ejercicios como caminar, nadar, montar en bicicleta o practicar yoga incrementan el flujo sanguíneo hacia los órganos digestivos y ayudan a mantener un peso saludable. La Mayo Clinic subraya que la actividad física regular reduce el riesgo de desarrollar enfermedades como el reflujo gastroesofágico y la enfermedad del hígado graso.
7. Controlar el estrés para evitar alteraciones digestivas
El estrés crónico afecta la comunicación entre el intestino y el cerebro, conocida como eje intestino-cerebro. Esta relación se ve mediada por el nervio vago y la microbiota intestinal. Según Johns Hopkins Medicine, el estrés puede desencadenar o agravar síntomas como dolor abdominal, diarrea, estreñimiento y distensión. Técnicas como la meditación, la respiración profunda, el mindfulness y la realización de actividades placenteras contribuyen a preservar la función intestinal y reducir la inflamación asociada a trastornos funcionales.

8. Limitar el consumo de ultraprocesados, grasas y azúcares
Una dieta alta en ultraprocesados, grasas saturadas y azúcares refinados altera el equilibrio de la microbiota, promueve la inflamación y aumenta el riesgo de enfermedades metabólicas y digestivas. Harvard Health Publishing recomienda priorizar alimentos frescos y naturales y evitar frituras, embutidos y bebidas azucaradas. La AEG añade que estos productos pueden favorecer la aparición de síntomas como la acidez y la hinchazón.
9. Evitar el consumo excesivo de alcohol y tabaco
El abuso de alcohol y tabaco se asocia con un mayor riesgo de reflujo gastroesofágico, gastritis, úlceras y enfermedades hepáticas, según la WGO. El consumo excesivo de estas sustancias daña la mucosa digestiva, altera la microbiota y dificulta la absorción de nutrientes esenciales. Limitar su ingesta es una medida preventiva fundamental para la salud del sistema digestivo.
10. Dormir lo suficiente y cuidar el descanso

El descanso nocturno adecuado regula los niveles hormonales y reduce la inflamación intestinal. Dormir pocas horas o en horarios irregulares incrementa el riesgo de alteraciones digestivas, como el síndrome de intestino irritable o el estreñimiento. La Clínica Endoscópica señala que la falta de sueño afecta la microbiota y puede aumentar los niveles de cortisol, lo que repercute en el bienestar digestivo y general.













