
Durante años, el peso, la presión arterial y el colesterol ocuparon el centro de la conversación sobre salud. En ese mapa de indicadores, el VO2 máx. ganó espacio como una medida de la capacidad cardiorrespiratoria y como una variable que la literatura científica asocia con riesgo de enfermedad y mortalidad.
El tema volvió a instalarse a partir de dispositivos de uso cotidiano que ya ofrecen estimaciones de ese valor, desde relojes deportivos hasta anillos inteligentes. Un artículo reciente de Vogue retomó esa tendencia y puso el foco en una pregunta que cruza medicina preventiva y entrenamiento: qué dice realmente ese número sobre el estado del cuerpo.
Qué es el VO2 máx. y por qué se lo observa cada vez más

El VO2 máx. expresa la cantidad máxima de oxígeno que una persona puede utilizar durante un esfuerzo intenso. En términos prácticos, funciona como una referencia de la eficiencia con la que trabajan el corazón, pulmones, vasos sanguíneos y músculos durante el ejercicio. Ese valor pasó del laboratorio deportivo a los dispositivos de consumo masivo, lo que amplió su seguimiento fuera del alto rendimiento.
La American College of Sports Medicine lo considera una medida central de la aptitud cardiorrespiratoria. Esa capacidad suele expresarse en mililitros de oxígeno por kilo de peso corporal por minuto, o en equivalentes metabólicos.
La bibliografía médica recogida en PubMed Central ubica a esa variable entre los marcadores fisiológicos más sólidos para estimar condición aeróbica y evolución del riesgo cardiovascular. Un trabajo revisado en esa base señaló que cada aumento de 1 MET en la aptitud cardiorrespiratoria se asocia con una reducción de entre 14% y 29% del riesgo de mortalidad por todas las causas.
La relación con la salud y el riesgo de muerte

La atención creciente sobre este indicador no responde solo a una moda del fitness. Se destacó que especialistas en entrenamiento y salud lo describen como uno de los mejores predictores de longevidad. Esa idea aparece respaldada por estudios de cohortes y revisiones científicas.
La American Heart Association publicó en 2016 una declaración científica en la que sostuvo que la aptitud cardiorrespiratoria debe incorporarse a la evaluación clínica de rutina por su capacidad para anticipar enfermedad cardiovascular, mortalidad por distintas causas y cambios en la salud general.

En la misma línea, una revisión disponible en PubMed Central indicó que niveles más altos de VO2 máx. se vinculan con menor incidencia de enfermedad cardiovascular, diabetes tipo 2 y deterioro funcional con la edad.
La Organización Mundial de la Salud no fija metas de VO2 máx. para la población general, aunque sí recomienda entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad intensa, además de ejercicios de fuerza al menos dos veces por semana.
Ese marco importa porque el VO2 máx. no se mejora de forma aislada: cambia como resultado de hábitos sostenidos de movimiento, entrenamiento y recuperación.
Cómo se mide y qué margen de error existe

El valor puede medirse de manera directa en una prueba de esfuerzo con análisis de gases, considerada el estándar de mayor precisión. Allí se registra el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono durante un ejercicio progresivo en cinta o bicicleta. Se señaló que esa opción ofrece una foto muy precisa, aunque su costo y exigencia física la vuelven menos accesible para controles frecuentes.
La alternativa más extendida hoy son los wearables (tecnología vestible), que calculan estimaciones a partir de frecuencia cardíaca, ritmo y otras variables. Esos datos pueden orientar tendencias, aunque no sustituyen una prueba clínica. También existen evaluaciones de campo, como caminatas o carreras cronometradas, útiles para seguir la evolución cuando se repiten bajo condiciones similares.
Qué estrategias ayudan a mejorarlo

En este punto, las recomendaciones del artículo de Vogue coinciden con las guías internacionales. El primer paso consiste en aumentar el volumen de actividad física cotidiana. Caminar más, sumar desplazamientos activos o sostener sesiones aeróbicas regulares genera una base inicial para personas sedentarias o con bajo nivel de entrenamiento.
La American College of Sports Medicine y la evidencia publicada en PubMed Central describen mejoras de la aptitud cardiorrespiratoria con ejercicio continuo de intensidad moderada y también con trabajo interválico más exigente. La literatura científica coincide en que ambos enfoques pueden elevar el VO2 máx., con adaptaciones distintas según edad, estado físico y frecuencia semanal.
El entrenamiento de fuerza también aparece en esa ecuación. No eleva de forma directa el VO2 máx. como lo hace el trabajo aeróbico, aunque mejora la capacidad funcional, la eficiencia del movimiento y la masa muscular, factores relevantes en el envejecimiento.
La OMS, AHA y ACSM convergen en un punto: la aptitud cardiorrespiratoria importa, pero su mejora depende menos de una cifra aislada que de la constancia de la actividad física a lo largo del tiempo.














