
La relación entre la vida moderna y los trastornos del sueño despertó un creciente interés entre los investigadores en los últimos años. En ese contexto, la neuróloga estadounidense Stasha Gominak planteó en el podcast The Diary of a CEO una hipótesis que cuestiona algunos enfoques tradicionales.
Sostiene que la deficiencia de vitamina D, favorecida por la menor exposición al sol y otros hábitos de la vida cotidiana, puede alterar el microbioma intestinal y afectar tanto la calidad del sueño como distintos procesos metabólicos.
Según datos discutidos en el podcast, miles de pacientes acuden a consultas médicas por insomnio o fatiga crónica sin obtener respuestas satisfactorias con los enfoques tradicionales.

Los tratamientos habituales, centrados en rutinas conductuales y en la prescripción de fármacos, no logran resolver el origen del problema para muchos de los afectados. Frente a este escenario, la Dra. Gominak sostiene que la raíz del trastorno podría estar en la interacción entre la exposición solar, el equilibrio bacteriano intestinal y la producción de vitaminas esenciales.
El papel de la vitamina D y el microbioma en el sueño
La vitamina D cumple una función esencial en la regulación del sueño, según lo planteado por la neuróloga. “Cuando nuestro nivel de D baja mucho, el cerebro olvida cómo dormir”, afirmó Gominak en diálogo con el presentador Steven Bartlett.
La especialista remarcó que la vida moderna, marcada por largas jornadas bajo techo y el uso sistemático de protector solar, ha reducido la capacidad del organismo para sintetizar esta hormona a través de la piel.
Esta alteración impacta de manera directa en el microbioma intestinal, encargado de producir las vitaminas del grupo B. Sin una microbiota balanceada, la síntesis de estos nutrientes disminuye, afectando la química cerebral y dificultando el acceso a un sueño reparador.

Gominak describió que la mayoría de los animales en libertad mantienen una microbiota saludable y no presentan obesidad ni alteraciones del sueño. “Los únicos animales obesos son gatos y perros que viven dentro de casa”, señaló, resaltando la influencia del ambiente en la salud metabólica y neurológica.
Críticas al modelo médico tradicional
La Dra. Gominak cuestiona las bases del tratamiento estándar para el insomnio y otros trastornos del sueño. A su juicio, las recomendaciones centradas en modificar hábitos, como el uso de cortinas opacas o la fijación de horarios regulares, resultan insuficientes.
En cuanto a la suplementación, advirtió sobre el uso indiscriminado de vitaminas sin una evaluación clínica personalizada. “Si no sabes lo que estás haciendo con ellas, son tan peligrosas como cualquier medicamento”, comentó en diálogo con Bartlett.

Además, sostiene que muchos estudios clínicos sobre vitamina D carecen de rigor al no considerar la variabilidad individual ni la medición de niveles en sangre, lo que conduce a dosis estandarizadas poco eficaces o arriesgadas.
El protocolo Right Sleep: una intervención personalizada
Frente a los límites de la medicina convencional, la neuróloga propone el protocolo Right Sleep, un enfoque que prioriza la individualización y el monitoreo constante.
El método incluye elevar los niveles de vitamina D hasta parámetros óptimos, suplementar con complejo B durante un periodo acotado y luego mantener el equilibrio con una multivitamina general. Recomendó que la suplementación sea limitada en el tiempo y siempre acompañada por un registro detallado de los síntomas.

La especialista sostiene que cada persona requiere dosis personalizadas, y que el exceso de vitaminas puede provocar síntomas similares a los de la deficiencia. “El objetivo es restaurar el equilibrio natural del organismo, no depender de suplementos de por vida”, recalcó.
Vitamina D: sol o pastillas
La Dra. Gominak diferencia entre la vitamina D obtenida por exposición solar y la que se ingiere en suplementos. “La suplementación con vitamina D no es lo mismo que estar al aire libre”, afirmó.
Explicó que la exposición al sol no solo activa la síntesis de vitamina D en la piel, sino que también desencadena la producción de otros compuestos biológicos relevantes para la salud. “Hay muchos otros químicos que se producen al mismo tiempo y que no están presentes en la pastilla”, añadió.

Además, la especialista destacó que la cantidad de vitamina D que cada individuo necesita varía según factores genéticos, tono de piel y entorno. Detalló que personas con piel clara, como los pelirrojos, pueden sintetizar la vitamina en ambientes de baja radiación, mientras que quienes habitan en latitudes con poca luz solar tienen un mayor riesgo de déficit.
Estilo de vida moderno y salud pública
El análisis de la Dra. Gominak incluye una mirada crítica sobre cómo el sedentarismo, la vida en interiores, la luz artificial y la alimentación procesada influyen en la salud general.
Según lo discutido en el podcast, la incidencia de trastornos del sueño, obesidad, diabetes y enfermedades mentales aumentó con el auge de la vida urbana y la reducción del tiempo al aire libre.
Datos citados durante la conversación indican que el 90% de los estadounidenses pasa cerca de 22 horas diarias en espacios interiores, y uno de cada cinco nunca sale al exterior. Esta tendencia, junto con la disminución de la exposición solar y los cambios en la dieta, se asocia a un deterioro del microbioma intestinal y a una mayor prevalencia de deficiencias nutricionales.











