
Un minúsculo cambio en una secuencia de ADN puede definir si una persona conservará la visión a lo largo de su vida o enfrentará un diagnóstico de ceguera progresiva. Ahora, un equipo internacional liderado por la Universidad de Manchester logró lo que hasta hace poco parecía inalcanzable: crear el mapa genético más completo del ojo humano, una herramienta que promete transformar la lucha contra la pérdida de visión y las enfermedades oculares hereditarias.
El estudio, publicado en la revista Nature Communications, reunió a especialistas de la Universidad de Manchester, el Massachusetts Eye and Ear, la Harvard Medical School, el Broad Institute, la Universidad de Tübingen y otros centros de referencia en investigación médica. Estos expertos analizaron el ADN y el ARN de 201 ojos humanos donados, lo que permitió identificar más de 1,4 millones de señales genéticas—conocidas como eQTLs—que regulan la actividad de los genes en la retina y el epitelio pigmentario, dos tejidos esenciales para la visión.
La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) amenaza con afectar a 288 millones de personas en 2040. Además, existen enfermedades menos comunes, como la enfermedad de Stargardt, la retinosis pigmentaria y la distrofia cono-bastón, que pueden alterar la capacidad de las células retinianas para captar la luz y transmitir mensajes visuales al cerebro.

Una “hoja de ruta” genética
Al comparar las diferencias de ADN con los patrones de actividad genética, los científicos hallaron que estas señales influyen en la regulación de casi 10.000 genes en la retina y cerca de 4.000 en el epitelio pigmentario. Muchas de estas variantes se ubican en regiones del genoma que funcionan como interruptores, activando o desactivando genes según las necesidades del tejido ocular.
La investigación también permitió identificar a cientos de personas cuyas células retinianas presentaban una actividad genética fuera de lo común. Entre estos “outliers de expresión”, los especialistas detectaron cerca de 300 variantes genéticas raras que pueden estar detrás de estas diferencias, incluidas mutaciones en zonas que no producen proteínas y cambios estructurales de mayor tamaño.
“Nuestro estudio marca un avance decisivo hacia la comprensión de la arquitectura genética del ojo humano”, señaló Jamie Ellingford, investigador principal de la Universidad de Manchester. El científico subrayó que “abre la puerta a nuevas estrategias para proteger y restaurar la visión en el futuro”.
Cómo afecta a la detección y el tratamiento

Uno de los logros del estudio fue demostrar que cerca del 28% de las actividades genéticas inusuales pueden explicarse por variantes genéticas poco frecuentes. Esto resulta especialmente relevante para quienes padecen enfermedades visuales de origen hereditario, ya que ofrece pistas sobre cómo ocurren las alteraciones y cómo podrían detectarse antes de que los síntomas sean evidentes.
En palabras de Jacob Sampson, autor principal del análisis computacional: “Esperamos que este conjunto de datos acelere descubrimientos en oftalmología, genética y medicina de precisión”. El científico añadió que la información reunida ayudará a “identificar a personas en riesgo de padecer enfermedades visuales graves antes de que aparezcan los primeros síntomas”.
El proyecto fue posible gracias a la colaboración de múltiples instituciones y al acceso a uno de los mayores bancos de ojos donados de Europa, con sede en Manchester desde 2015. Para Simon J. Clark, de la Universidad de Tübingen, este tipo de avances solo se logra con material humano “muy bien caracterizado” y la generosidad de las personas y familias que aceptaron donar.
El estudio no solo constituye un recurso único para la comunidad científica, sino que también ofrece un “mapa de ruta” para el desarrollo de terapias personalizadas y estrategias de diagnóstico temprano. Según detalló la Universidad de Manchester, los datos obtenidos estarán disponibles para que otros investigadores puedan profundizar en el origen genético de las enfermedades visuales.
Aunque el lenguaje de la genética puede resultar abstracto, la clave está en entender que cada persona posee un “manual de instrucciones” único en su ADN. Este trabajo ayuda a descifrar cómo se encienden y apagan los genes que permiten ver y por qué, en algunos casos, el sistema falla. Gracias a estos descubrimientos, la ciencia se acerca a poder anticipar quién está en riesgo y a diseñar tratamientos más precisos para preservar la visión.














