En un nuevo episodio de El Puente, el ciclo de entrevistas de Infobae conducido por Julieta Puente, la consultora de sueño infantil y coach para padres Majo Piedra Buena explicó en detalle qué es la llamada hora de las brujas, un fenómeno que afecta a los recién nacidos y que genera frustración y angustia en las familias durante las primeras semanas de vida. La especialista aclaró que no se trata de una condición médica, sino de un patrón de llanto intenso que aparece todos los días en el mismo horario y que, aunque no tiene una causa confirmada por la ciencia, forma parte del desarrollo normal del bebé.
A lo largo de la conversación, Piedra Buena abordó también el rol de las señales de sueño, las ventanas de sueño y la importancia de establecer rutinas desde los primeros días. Su mensaje principal apuntó a las madres y los padres que atraviesan esta etapa: la hora de las brujas es transitoria, no implica que el bebé esté enfermo y se puede acompañar con herramientas concretas.
La hora de las brujas aparece cerca de las seis de la tarde y puede durar hasta cuatro horas
Según Piedra Buena, la hora de las brujas es un nombre informal que se le dio a un fenómeno recurrente en los recién nacidos: un llanto incontrolable que aparece todos los días entre las seis y las siete de la tarde. El episodio es repentino, el bebé puede pasar de la calma al llanto en un instante, y su duración varía. “Hay bebés que lloran dos, tres, cuatro horas, que eso es lo peor, porque estamos ayudándolos activamente y no podemos ayudarlos a parar de llorar”, describió la consultora.
El fenómeno comienza alrededor de las dos semanas de vida, alcanza su punto máximo cerca de los dos meses y tiende a desaparecer entre los tres y los cuatro meses. Piedra Buena fue clara al respecto: “Lo importante es saber que es una etapa, así como viene, se va, después entrás a otra”.

Uno de los datos que más confusión genera entre las familias es que el llanto parece indicar dolor. Sin embargo, la especialista aclaró que, aunque el bebé se pone tenso, arquea la espalda y llora con una intensidad que en algunos casos se conoce como llanto morado (porque parece que se va a quedar sin aire), no existe confirmación de que algo le duela. “Vimos el patrón, sabemos más o menos cuándo se da, sabemos qué podemos hacer para ayudarlos un poco, pero ayudarlos no quiere decir que van a dejar de llorar automáticamente”, explicó.
La sobreestimulación y el sobrecansancio son los dos factores que más alimentan el llanto
Para Piedra Buena, la clave para acompañar la hora de las brujas no pasa por intentar evitarla, sino por prevenir dos factores que la intensifican: la sobreestimulación y el sobrecansancio. La sobreestimulación se produce porque el recién nacido pasó de un entorno contenido (el útero) a un mundo lleno de estímulos simultáneos. “Vos estás en tu casa y hay alguien cocinando en la cocina, tienen la radio prendida, pasa el 60 por afuera, alguien toca el timbre, ladra el perro del vecino tres pisos para arriba. Y todo eso es mucha información para procesar para ese cerebro que está en desarrollo”, graficó la consultora.
La recomendación concreta que ofreció es llevar al bebé a un lugar tranquilo, con luz tenue, y mantenerlo en contacto con alguno de sus cuidadores. También señaló que el baño, aunque puede funcionar como recurso en algunos casos, no siempre resulta útil: “Cuando están en ese llanto desaforado, que solo quieren llorar, se ponen tensos, arquean la espalda, tratar de vestirlos y meterlos en un baño puede no ayudarlos también”.
La consultora también advirtió que la hora de las brujas coincide con el momento del día en que la madre acumula mayor cansancio, después de una jornada entera de atención continua al recién nacido. Esa combinación de agotamiento materno y llanto inconsolable puede afectar la salud mental. “Está comprobado que la falta de sueño afecta también directamente a la depresión posparto”, afirmó Piedra Buena.
Las señales de sueño se dividen en tres etapas y la última es la que hay que evitar

Uno de los aportes más concretos de la entrevista fue la explicación que ofreció la experta sobre las señales de sueño, es decir, los indicios físicos que da el bebé para comunicar su nivel de cansancio. La consultora las divide en tres niveles. El primero, “estoy cansado”, se manifiesta con cejas rojas, mirada perdida y movimientos laterales de la cara. El segundo, “necesito dormir”, incluye bostezos, movimientos más bruscos de brazos y piernas, y cierta irritabilidad. El tercero, “me pasé de rosca”, es el que hay que evitar: el bebé arquea la espalda, se pone tenso y llora sin parar.
“Generalmente es mucho de lo que se da en la hora de las brujas”, explicó la especialista. “Por eso es que tratamos de evitar el sobrecansancio para prevenir la hora de las brujas también. ¿Te va a funcionar el cien por ciento de las veces? No, porque no sabemos por qué se da, pero ayuda un montón”.
Piedra Buena también mencionó el concepto de ventanas de sueño, que es el tiempo máximo que un bebé tolera despierto según su edad. En el caso de un recién nacido de dos o tres semanas, ese límite es de aproximadamente cuarenta y cinco minutos. “Hay muchas familias que llegan y dicen: ‘Ah, pero el mío está tres horas, no se duerme’. Porque a los bebés hay que ayudarlos, hay que facilitar el momento del sueño, hay que acompañarlos”, señaló.
El sueño nocturno se trabaja durante el día y la rutina es la herramienta central

Piedra Buena también subrayó que el descanso nocturno del bebé depende de lo que ocurre durante el día. “Yo siempre digo que el sueño de noche se trabaja de día y nosotros adultos tendemos a enfocarnos en cómo duermo de noche y nos olvidamos del día”, afirmó. En esa línea, descartó el mito de que mantener despierto al bebé favorece un mejor sueño nocturno: “Si tratamos de evitar que duerma, te va a salir tiro por la culata y se va a levantar muchísimo más”, advirtió.
La rutina de sueño es, según la consultora, la herramienta central para que el bebé anticipe el momento de dormir. “Me bañan, me cambian, me dan la teta sentado en este lugar particular, me cantan una canción, me acuestan a dormir. Todo eso le permite prever que lo van a acostar a dormir”, explicó. Esa previsibilidad, combinada con el contacto físico, genera la sensación de seguridad necesaria para conciliar el sueño. Sin embargo, aclaró que en las primeras semanas lo prioritario no es trabajar cómo se queda dormido el bebé, sino asentar el vínculo, la lactancia y el reconocimiento de los espacios.
Un recién nacido duerme entre dieciocho y diecinueve horas por día, aunque lo hace de forma entrecortada, en bloques de cincuenta o sesenta minutos. “No estamos acostumbrados a dormir de a puchitos”, reconoció Piedra Buena. Hacia el cierre de la entrevista, la consultora resumió su perspectiva sobre la hora de las brujas con una recomendación directa: “Necesita acompañamiento y es una etapa y va a pasar”.














