
Ducharse con luz tenue antes de dormir puede mejorar el descanso: la explicación de especialistas apunta a una combinación concreta de menos estímulos, menor exposición a luz intensa y una caída natural de la temperatura corporal tras una ducha tibia, factores que pueden facilitar el inicio del sueño, de acuerdo con un artículo publicado en la revista Parade.
El texto parte de un problema extendido. Los adultos deberían dormir al menos siete horas por noche para reducir el riesgo de enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular, diabetes tipo 2 y obesidad, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos.
La revista señaló además que la mayoría de los adultos no alcanza la recomendación de siete a nueve horas; más del 20% de personas tiene dificultades para conciliar el sueño y el 70% dice tener problemas para mantenerse dormida.
Cómo la oscuridad y el agua preparan el cuerpo
La tendencia conocida como “dark showering” consiste en ducharse a oscuras o con iluminación tenue, por lo general justo antes de ir a la cama. En redes sociales, la práctica suele reemplazar la luz fuerte del baño por velas o lámparas de luz roja.

Laura Bojarskaite, neurocientífica e investigadora del sueño en la Universidad de Oslo, señaló que la idea es reducir la carga sensorial y crear un entorno relajante que prepare al cuerpo para dormir: “Desde una perspectiva de la neurociencia, esto es básicamente un intento de reforzar la transición normal del cerebro desde la vigilia hacia el sueño”.
Kendra Becker, médica especializada en medicina del sueño en Kaiser Permanente del sur de California, explicó que una ducha caliente o tibia favorece que luego descienda la temperatura corporal central, un disparador importante de la somnolencia. A eso se suma la oscuridad, que le indica al cerebro que libere melatonina.
La especialista resumió: “Agregar esto a la oscuridad le indica al cerebro que segregue melatonina. Eliminar las luces brillantes, en especial la luz azul, justo antes de acostarse es una forma muy eficaz de señalarle al cerebro que es hora de empezar a relajarse para dormir”.
Los expertos coinciden en que sí puede ayudar, aunque de forma indirecta. No porque la oscuridad tenga un efecto especial por sí sola, sino porque la rutina reúne varios elementos asociados al descanso: agua tibia, luz tenue, menor estimulación sensorial y distancia de pantallas y dispositivos antes de acostarse.

La rutina mejoró continuidad y calidad del descanso
La autora del artículo relató que incorporó esta práctica cada noche durante 14 días. En lugar de ducharse en oscuridad total, encendió una vela aromática y tomó una ducha tibia en un baño iluminado solo por esa luz.
Según su experiencia, el primer efecto fue una sensación de relajación más marcada al final del día. Después de la ducha, la rutina seguía con loción corporal y pijama, en una secuencia que convirtió el momento previo al sueño en un ritual estable.
El segundo cambio apareció en los datos de su pulsera Fitbit, un dispositivo de actividad física que incluye seguimiento del sueño. Durante el período de prueba, sus puntuaciones de sueño oscilaron entre 84 y 90, con registros que el dispositivo clasificó como “bueno” y “excelente”. En uno de esos días, la autora contó que durmió 10 horas y obtuvo una puntuación total de 90. Gran parte de esa noche transcurrió en fases de sueño profundo y REM, que el artículo asocia con la recuperación muscular y la agudeza mental.
También describió una mejora en la continuidad del descanso. Antes de probar la rutina, solía despertarse dos o tres veces por noche; después de incorporarla, pasó a despertarse una sola vez o directamente no despertarse.

La práctica también modificó otros hábitos nocturnos
El cambio no quedó limitado a la ducha. Conforme al relato, el nuevo hábito empujó otras conductas previas al sueño: menos televisión por la noche, más lectura, cierre más temprano de la computadora y estiramientos suaves acompañados por sonidos calmantes.
Bojarskaite sostuvo que la práctica es verosímil como ritual de relajación porque reduce la estimulación nocturna, minimiza la exposición innecesaria a la luz, refuerza una rutina de horario constante y anima a bajar el ritmo antes de dormir.
Becker añadió que repetirla noche tras noche puede transformarla en una señal psicológica fuerte para el cuerpo. Esa asociación, explicó, ayuda a que el organismo empiece a prepararse para el descanso apenas la persona se mete en la cama.
La revista también advirtió que no se recomienda ducharse en oscuridad total. La opción más segura es usar una luz tenue o una vela colocada en un lugar estable y fuera del alcance, de modo que haya visibilidad suficiente para evitar caídas.
La especialista de Kaiser Permanente remarcó que los adultos mayores y las personas con problemas previos de visión o equilibrio deberían extremar cuidados o evitar por completo la oscuridad total: “Por supuesto, una superficie mojada en la oscuridad aumenta de forma importante el riesgo de resbalones y caídas”.














