
La menopausia y la andropausia cambian la intimidad en pareja, pero no la anulan: pueden modificar el deseo, la excitación y la respuesta sexual por razones hormonales, médicas, emocionales y vinculares.
Especialistas consultados por Infobae coincidieron en que el erotismo puede sostenerse con información, comunicación y abordajes profesionales.
“Hoy se sabe que tanto el climaterio (menopausia se llama solamente a la interrupción del período menstrual), como la andropausia son etapas que coinciden con cambios metabólicos en otros órganos y sistemas, como la función tiroidea, cardiovascular y digestiva”, comenzó a explicar ante la consulta de este medio la médica sexóloga clínica Beatriz Literat (MN 50294), del Departamento Gineco-Sexo-Estética de Halitus Instituto Médico.
Ese “combo de modificaciones”, sostuvo la especialista, plantea “un interesante desafío que impulsa a reconstituir la vida en pareja en forma amplia”, porque la sexualidad “abarca todos los aspectos de la vida”.
Por su parte, el médico psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin (MN 74794) definió el deseo sexual como “una fuerza interna que empuja al sujeto a tener una experiencia erótico sexual” orientada a “la descarga de tensión y la sensación de placer” del clímax.
Señaló que, aunque existen centros cerebrales que se activan cuando aparece el deseo, la libido está subordinada a factores internos (creencias, limitaciones, mecanismos de defensa) y externos (estrés, conflictiva vincular, fármacos, cambios de pareja).
Qué pasa con las hormonas y cómo impacta en el deseo

Literat señaló que en los hombres, a partir de los 40 o 45 años, comienza una disminución de la testosterona. En las mujeres, se observa una declinación tanto de la testosterona como de los estrógenos. La especialista advirtió que, según el estado de salud general, pueden verse afectados otros sistemas del organismo, lo que impacta en la fuerza física, el estado de ánimo, el deseo sexual y los niveles de energía.
En los varones, describió una disminución en la rigidez y la frecuencia de las erecciones. En las mujeres, indicó que la declinación del deseo sexual produce una reducción de la excitación y de la frecuencia de los orgasmos. Añadió que muchas mujeres presentan “sequedad vaginal y dolor durante la penetración”, lo que puede favorecer “un círculo vicioso de evitación del contacto físico”.
Señales de cambio y por qué conviene consultar

Para Literat, síntomas y cambios que antes “se padecían sin remedio” o no se decían “por vergüenza” hoy se interpretan como una transición que puede abordarse. Dijo que urólogos, ginecólogos, endocrinólogos y otros equipos son consultados “con naturalidad” y que existen alternativas para atravesar esta etapa “de una manera diferente y confortable”.
Entre las opciones, enumeró: terapias de reemplazo hormonal de baja dosis, tratamientos con láser, ondas de choque, nuevas drogas para eliminar el dolor coital y terapias sexuales de avanzada. Según la experta, estas estrategias permiten que los trastornos sexuales del climaterio se afronten “de un modo que no influyan negativamente en las facetas afectivas de la pareja” y habilitan “una verdadera recreación del vínculo psicofísico”.
Ghedin aportó un criterio usado en la clínica masculina: explicó que “se consideran por lo menos seis meses consecutivos de falta de deseo, fantasías y de tomar la iniciativa o de ser receptivos” para el diagnóstico de Deseo Sexual Hipoactivo, además de “la preocupación o angustia que conlleva”.
El deseo no arranca igual en varones y mujeres

Ghedin repasó modelos clásicos que ayudan a entender malentendidos frecuentes en la pareja. Señaló que los investigadores pioneros en la sexología clínica del siglo XX Masters y Johnson y luego Helen Kaplan describieron que, “en el varón todo comienza con ‘sentir ganas’”, y que esa sensación inicial activa la búsqueda de contacto y luego la excitación.
Más tarde, explicó, Rosemary Basson propuso que esa secuencia es más frecuente en los hombres que de las mujeres y que en ellas puede aparecer una respuesta circular: “El deseo se activa con el contacto sensorial y afectivo”. Para Ghedin, esa diferencia ayuda a leer la intimidad sin traducir automáticamente la falta de iniciativa como falta de interés.
Andropausia: ansiedad anticipatoria y presión por la performance

Ghedin describió que muchos varones adultos se alarman cuando atraviesan baja libido —algo que consideró común— y que “con solo imaginar que pueden fracasar se retraigan y no avancen”. Atribuyó ese patrón a la “ansiedad anticipatoria sexual”, más frecuente en los varones por el temor a no estar a la altura y ser cuestionados o avergonzados.
En ese circuito, advirtió, el foco excesivo en la erección se vuelve contraproducente: ante la posibilidad de una relación, el varón puede quedar “alerta, atento a la erección”, y eso “ejerce el efecto contrario sobre el deseo”. También definió a los “ansiosexuales” como hombres que “centran el placer en el coito” y quedan pendientes de su performance, minimizando el objetivo principal que es el placer.
Lo que también apaga la intimidad: estrés, pantallas, estilo de vida y fármacos

Ghedin enumeró factores psicológicos como causas centrales: el estrés, la ansiedad, la depresión. Y sostuvo que las responsabilidades diarias “superan a las ganas de tener sexo”. Describió un efecto acumulativo: “Las parejas dejan de encontrarse y los cuerpos se distancian cada vez más”.
También alertó sobre hábitos que interfieren en la intimidad, como el uso de pantallas en el dormitorio. Mencionó que frases habituales, como “es el momento para ver las redes” o “contesto los últimos mensajes y me voy a dormir”, reflejan este comportamiento. Agregó que las series tienen un efecto similar y, en algunos casos, se utilizan para evitar el sexo.
En estilo de vida, mencionó que la mala alimentación, el sedentarismo, el tabaco, el alcohol son negativos para la salud general y sexual. En lo farmacológico, advirtió que los antidepresivos figuran entre los medicamentos que pueden bajar la libido, y que, tras la mejora clínica, puede evaluarse “rotar el antidepresivo por otro con menor efecto en el área sexual”, bajo seguimiento médico.
Menopausia: síntomas físicos, creencias y el riesgo de vivirlo como un problema individual

Ghedin señaló que alrededor de la menopausia circulan conjeturas alejadas de los parámetros médicos. La definió como un proceso fisiológico con declinación de “estrógenos, progesterona, testosterona”, con impacto en el cuerpo y el ánimo, y remarcó que “las creencias sociales” suelen pesar más que las manifestaciones reales.
Indicó que sofocos, sequedad vaginal y pérdida de masa ósea son síntomas frecuentes con tratamientos. Sobre la libido, fue específico: “No ocurre así con la pérdida de la libido que está sujeta a otros factores”. También cuestionó una idea extendida: atribuir la baja libido solo a hormonas “como si fuera un problema biológico y propio de la mujer”, desligando a la pareja. Según el experto, “los estudios demuestran” que la libido “puede disminuir (no es una constante)” o incluso aumentar cuando algunas mujeres, “liberadas de la fertilidad”, sienten más deseo.
Qué hacer para mantener el deseo en la pareja

Literat planteó que el vínculo puede leerse como una redefinición y propuso una hoja de ruta. Primero, consultar con un especialista para recibir educación sexual para adultos y aprender a comunicarse de una manera natural dentro de la intimidad. Segundo, recordar que “la sexualidad nunca empieza en el dormitorio” y que no equivale a “simple genitalidad”. Tercero, compartir actividades físicas recreativas, donde lo corporal sea “un juego divertido”.
En cuarto lugar, Literat fue directa: “Estamos en la era de la programación, no de la improvisación”. Sostuvo que “planear un encuentro amoroso” puede ser más creativo que esperar a que las hormonas se alineen. Y agregó: “La neurociencia nos enseña atajos neurobiológicos que podemos aprender a usar para sentirnos más plenos”.
Ghedin, en sus recomendaciones, pidió “darle más importancia a la erótica y prolongar el juego” y valorar prácticas que estimulen el erotismo: besos, caricias, masajes, aromas, cambio de lugar, bañarse juntos, juguetes sexuales, además de prácticas sexuales como sexo oral o masturbación. También recomendó que, si cuesta encontrar momentos, agendar un día para encontrarse como respuesta realista. En comunicación, advirtió que “reprochar, reclamar, callarse, suponer, alejarse” daña el vínculo y propuso “comunicar con sinceridad, sin juzgar”. Por último, aconsejó tener consultas médicas para descartar causas orgánicas o efectos de fármacos y “consultar con profesionales idóneos en sexualidad y problemas de pareja”.













