
El melanoma es el tipo de cáncer de piel más agresivo: surge en los melanocitos, las células que producen el pigmento de la piel, y puede extenderse a otros órganos si no se detecta a tiempo.
Según la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer, en 2022 se registraron 331.722 casos nuevos de melanoma y 58.667 muertes en todo el mundo, con proyecciones que estiman 510.000 casos anuales para 2040.
La investigación corre contra reloj para mejorar la prevención y el tratamiento. En el contexto de esa carrera, científicos de los Estados Unidos hicieron un estudio y descubrieron que los nervios de la piel podrían frenar el crecimiento del melanoma. Lo publicaron en la revista Neuron.
Los científicos pertenecen a la Escuela de Medicina Weill Cornell y desafiaron una idea muy arraigada en la ciencia: que el sistema nervioso siempre impulsa el avance del cáncer.

El trabajo se realizó con ratones y se enfocó en las fibras nerviosas que crecen dentro de los tumores de piel.
De esa manera, los investigadores detectaron que los nervios del sistema nervioso simpático, el que activa la respuesta de “lucha o huida”, aparecen con frecuencia dentro del melanoma.
Lejos de ayudar al tumor, estos nervios lo frenan. Lo hacen al reducir la cantidad de macrófagos pro-tumorales, que son células del sistema inmunitario que el cáncer suele “reclutar” para protegerse y avanzar sin obstáculos.
Cómo el sistema nervioso actúa sobre el cáncer

“El sistema nervioso normalmente se considera un motor del crecimiento del cáncer, pero aquí descubrimos que puede actuar como un freno”, dijo el doctor David JSimon, autor principal del estudio y profesor de bioquímica y biofísica en Weill Cornell Medicine.
“Ahora la clave será ver qué tan relevante es esto para los cánceres humanos y cómo podemos pisar ese freno para ayudar a los pacientes”, agregó.
El sistema nervioso periférico es la red de nervios que se extiende fuera del cerebro y la médula espinal. En la piel, muchas de sus fibras liberan norepinefrina, la hormona del estrés que el cuerpo produce cuando percibe una amenaza.
Esa hormona activa unos receptores llamados receptores adrenérgicos alfa, presentes en varias células del entorno del tumor. Ahí está la clave del efecto protector que encontraron los investigadores.

Los científicos usaron una técnica llamada etiquetado inmunológico de montaje completo, que vuelve transparente un tejido entero para contar, identificar y trazar el recorrido de los nervios dentro del tumor.
“Sabíamos que estos nervios entraban al melanoma, pero estudiar su papel en el cáncer no era nuestro objetivo principal”, dijo Simon.
La doctora Tingting Liu, primera autora del estudio, explicó que al analizar los tumores encontraron dos tipos de nervios: los sensibles al dolor y los simpáticos.
Los primeros favorecen el crecimiento del tumor, lo que coincide con estudios anteriores. Los segundos, en cambio, lo frenan.
Una puerta abierta a nuevos tratamientos

Los nervios simpáticos liberan norepinefrina, que activa los receptores adrenérgicos alfa en los macrófagos. Eso reduce el número de macrófagos que el tumor usa a su favor y desacelera su expansión.
Este hallazgo se suma a una línea de investigación emergente conocida como “neurociencia del cáncer”, un campo que estudia cómo el sistema nervioso interactúa con los tumores.
Lo más prometedor es que ya existen medicamentos que actúan sobre esos mismos receptores: son fármacos comunes para tratar la presión arterial.

Eso abre la posibilidad de explorar si podrían usarse algún día contra el melanoma, uno de los tipos de cáncer de piel más agresivos.
El doctor Simon aclaró que aún queda mucho trabajo por delante. Su equipo planea seguir estudiando cómo se activan estos receptores en tumores humanos reales, no solo en modelos animales. “Todavía hay mucho por hacer en términos de la biología básica”, dijo.
El estudio contó con financiamiento del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, el Departamento de Defensa y la Alianza de Investigación Oncológica Pershing Square Sohn, entre otras organizaciones.














