
La aparición de casos de hepatitis A y E en aguas residuales del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) despertó la preocupación de la Dirección de Epidemiología del Ministerio de Salud de Argentina, que ubicó a estos virus entre los “eventos priorizados y emergentes”.
El aumento de diagnósticos, en particular entre adultos jóvenes no vacunados, y la detección constante del virus de hepatitis E en plantas depuradoras, marcan un cambio en la dinámica epidemiológica que desafía las políticas de prevención vigentes.
La información publicada por el Boletín Epidemiológico Nacional (BEN) en junio de 2026 refleja que la hepatitis A, históricamente bajo control gracias a la vacunación, experimentó una aceleración significativa en los contagios.

En solo cinco años, los diagnósticos pasaron de 2 a 53, y en el primer cuatrimestre de 2026 ya se notificaron 34 casos. Este incremento llevó a que la vigilancia sanitaria supere la “zona de seguridad”, con registros sostenidos por encima de los valores esperados a partir de la semana epidemiológica 5. El crecimiento se concentró en mayores de 20 años, un grupo que no recibió la vacuna obligatoria instaurada desde 2005.
La autoridad sanitaria nacional atribuye el fenómeno a la combinación de factores sociales y ambientales. Según el BEN, los casos se distribuyeron principalmente en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Provincia de Buenos Aires y Salta. En esta última, la cifra anual de 2025, que fue de 10 personas, ya casi iguala el registro de 2026, con 7 positivos en menos de medio año.
El informe destaca que “durante el primer trimestre de 2026, la cantidad de casos confirmados ha superado la zona de seguridad, ubicándose sostenidamente por encima de los valores esperados a partir de la Semana Epidemiológica 5”. La tendencia pone la mira sobre los adultos jóvenes, sobre todo varones de 30 a 39 años, que no integraron la campaña de vacunación neonatal obligatoria y hoy constituyen el segmento más afectado.

El seguimiento de aguas residuales, resultado de un trabajo conjunto entre el Instituto ANLIS “Dr. Carlos G. Malbrán” y la empresa AySA, permitió identificar la presencia de hepatitis A y E en diversas plantas depuradoras. El análisis, iniciado en 2021, abarcó puntos estratégicos del conurbano bonaerense y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ofreciendo un panorama ampliado sobre la circulación de estos virus.
La Dirección de Epidemiología resalta que “la detección viral en aguas residuales permite abarcar a poblaciones numerosas mediante un único análisis, incorpora a individuos asintomáticos o presintomáticos, y brinda señales tempranas sobre la evolución de epidemias”. Este método complementa el sistema de vigilancia tradicional y refuerza la necesidad de políticas preventivas a escala municipal, provincial y nacional.
El contagio de la hepatitis A ocurre principalmente por vía fecal-oral, lo que sitúa el foco en la seguridad del agua y los alimentos, además de la higiene en contactos sexuales. La crisis económica actual agrava las condiciones de vida y la falta de acceso a servicios básicos, facilitando la transmisión. Los brotes recientes se detectaron sobre todo en varones adultos jóvenes, sector excluido históricamente de la inmunización universal.
Hepatitis E, el “alter ego” silencioso en el AMBA

El BEN ofrece un panorama novedoso sobre la hepatitis E, un virus poco frecuente en Argentina pero con circulación confirmada en aguas residuales del AMBA. Aunque los reportes clínicos siguen siendo bajos —menos de cinco casos confirmados en 2026—, el análisis de residuos cloacales arrojó resultados llamativos. El virus de la hepatitis E se detectó en todas las plantas estudiadas, con porcentajes de positividad que oscilaron entre el 49% y el 76%. Para la hepatitis A, la presencia fue más irregular, con picos que llegaron al 22% en algunas instalaciones.
La hepatitis E, aunque de “baja magnitud” según el BEN, puede circular de modo asintomático y tiene la particularidad de transmitirse de forma zoonótica, en el caso del genotipo 3. Un estudio encabezado por Flischman en 2020 señaló que la seroprevalencia en donantes de sangre alcanzó el 11,3%. “Uno de los problemas con quienes no manifiestan síntomas es que son buenos contagiadores para terceros que podrían tenerlos”, detalló el investigador.
La vigilancia de aguas residuales evidencia la persistencia del virus en la comunidad, aun cuando no se reportan brotes ni cuadros agudos. La presencia sostenida de hepatitis E en las plantas depuradoras representa un llamado de atención para epidemiólogos y autoridades sanitarias, que ven en este fenómeno una posible antesala de nuevos desafíos en salud pública.
Números, coberturas y perspectivas

Los datos del Boletín Epidemiológico Nacional revelan que la hepatitis A duplicó su incidencia respecto de la mediana 2022-2025, con 48 casos acumulados en 2026 frente a una mediana de 19 en el periodo anterior. La hepatitis B mostró un ascenso de 214 a 266 casos y la hepatitis C se mantuvo estable, aunque con una leve tendencia a la baja en las últimas semanas.
En hepatitis E, la incidencia fue muy baja, apenas 7 casos confirmados frente a una mediana previa de 2. La vigilancia de transmisión vertical de hepatitis B y los casos en embarazadas se ubicaron en niveles mínimos, sin incrementos significativos.
La cobertura de vacunación para hepatitis A (dosis única al año de vida) se ubicó en el 82% a nivel nacional en 2024, aún por debajo del ideal cercano al 90%. El Ministerio de Salud recomienda la inmunización de quienes no la recibieron oportunamente, en especial personas de grupos de riesgo como varones que mantienen relaciones sexuales con otros varones, mujeres trans, trabajadores sexuales, personas con desórdenes de la coagulación, enfermedad hepática crónica, personal de laboratorio, gastronómicos, y quienes viajan a zonas de alta o mediana endemia.

En el caso de la hepatitis B, la inmunización se compone de varias dosis: la primera dentro de las primeras 12 horas de vida, seguida de tres refuerzos. Solo el 84% de los recién nacidos recibió la dosis inicial en 2024, y menos del 69% completó el esquema con el refuerzo al año y medio. Los nacidos antes de 2000 podrían no haber accedido a la vacuna, aunque desde 2014 está disponible de forma gratuita para todos los grupos etarios.
La hepatitis C, que carece de vacuna, mantiene un nivel de casos dentro de lo esperado, con 494 confirmaciones en 2026 según el BEN, y una mediana previa de 424. La transmisión ocurre por vía sexual y sanguínea, y el seguimiento epidemiológico no detectó brotes ni eventos agudos de relevancia.
La vigilancia epidemiológica se mantiene activa, con capacidad para emitir alertas ante aumentos bruscos o variaciones anómalas en la dinámica de los virus. No se emitieron advertencias internacionales ni jurisdiccionales específicas para hepatitis en el periodo analizado. Tampoco se registraron recomendaciones extraordinarias para la población o los equipos de salud, más allá del refuerzo en la importancia de la vacunación y el monitoreo de aguas residuales.

La situación de las hepatitis virales en Argentina, especialmente en el AMBA, pone de relieve la eficacia y los límites de las estrategias de salud pública.
El hallazgo de los virus en aguas residuales, la tendencia ascendente de casos en adultos jóvenes y la baja pero sostenida circulación de la hepatitis E delinean un escenario en el que la vigilancia, la inmunización y la investigación epidemiológica se posicionan como herramientas centrales para anticipar y responder a los desafíos de un entorno sanitario en constante cambio.













