
Un lápiz, una hoja y unos minutos pueden convertirse en una pausa frente al ritmo acelerado de la vida cotidiana. En medio de jornadas atravesadas por notificaciones y múltiples estímulos, una actividad tan sencilla como dibujar puede favorecer un estado de mayor tranquilidad.
La práctica no requiere conocimientos artísticos ni la elaboración de una obra compleja. Según especialistas citados por The Washington Post, colorear, realizar garabatos, líneas o figuras geométricas durante períodos breves puede involucrar distintos procesos cerebrales relacionados con la atención, el movimiento y la percepción sensorial.
Qué ocurre en el cerebro mientras se dibuja
La Dra. Soma Sengupta, especialista en neurología y consultada por The Washington Post, explicó que dibujar puede favorecer la activación del sistema nervioso parasimpático, conocido como el sistema de “descanso y digestión”.

Esta respuesta fisiológica está vinculada con una disminución de la frecuencia cardíaca, una menor tensión muscular y la recuperación de un estado corporal más tranquilo.
La actividad exige coordinar visión, movimiento, concentración y toma de decisiones. Mientras una persona observa las formas que realiza y controla el movimiento de la mano, distintas regiones cerebrales intervienen de manera simultánea.
Esa combinación puede mantener la atención centrada en la tarea y reducir el espacio destinado a preocupaciones o pensamientos asociados con el exceso de análisis.

La especialista también señaló que la coordinación involucrada en el proceso fortalece la percepción sensorial, es decir, la capacidad de registrar conscientemente la información proveniente de los sentidos y de las sensaciones internas del organismo.
El informe del medio estadounidense citó investigaciones que relacionan este tipo de percepción con una menor ansiedad y una mayor relajación.
Una actividad que también permite expresar emociones
El dibujo puede funcionar además como una vía para exteriorizar estados emocionales sin recurrir necesariamente al lenguaje, según diversos estudios.
Imágenes, colores, patrones y símbolos permiten representar experiencias que pueden resultar difíciles de expresar mediante palabras.

De acuerdo con la neuróloga, completar una creación o contemplar cómo una imagen toma forma progresivamente puede activar el sistema de recompensa cerebral.
Ese mecanismo produce liberaciones moderadas de dopamina, un neurotransmisor relacionado con la motivación, la satisfacción y el refuerzo positivo.
Para quienes consiguen concentrarse profundamente en la actividad, el dibujo también puede favorecer un estado de inmersión conocido como flujo.

Según investigaciones citadas por la especialista, durante ese momento disminuye la autoconciencia y aumenta la concentración, mientras algunas personas experimentan una reducción del estrés y la ansiedad.
Cinco, diez o veinte minutos pueden ser suficientes
El tiempo necesario para obtener estos efectos todavía no está definido con precisión por la investigación científica. Un estudio publicado en Art Therapy encontró que 45 minutos de creación artística redujeron los niveles de cortisol entre los participantes.
La Dra. Sengupta señaló que las prácticas más breves también pueden resultar útiles. Según explicó a The Washington Post, una actividad creativa de 10 minutos puede interrumpir la respuesta corporal asociada con el estrés sin convertirse en una exigencia adicional.
La especialista situó entre cinco y veinte minutos un período capaz de interrumpir pensamientos acelerados, disminuir el estrés inmediato y favorecer el estado de ánimo.

Reina Lombardi, terapeuta citada por el medio, contó que en algunas sesiones terapéuticas dedica alrededor de 20 minutos al proceso creativo y que sus pacientes informan cambios positivos tanto a nivel corporal como emocional.
No hace falta saber dibujar
Los beneficios descritos no dependen de conseguir un resultado estéticamente elaborado. La Dra. Sengupta explicó a The Washington Post que los efectos relajantes parecen estar relacionados principalmente con la atención sostenida, el movimiento repetitivo y la participación en el proceso creativo.
Por esa razón, realizar trazos simples, garabatos o formas geométricas puede ofrecer una experiencia similar. La exigencia de producir una obra compleja no forma parte del mecanismo señalado por la especialista.

Lombardi agregó que para algunas personas dibujar puede resultar incómodo porque sienten que carecen de habilidad. En esos casos, atravesar esa incomodidad puede contribuir al desarrollo de lo que denomina “tolerancia a la angustia”, vinculada con una mayor capacidad para afrontar situaciones difíciles.
La especialista también indicó que el proceso creativo no tiene por qué limitarse al papel. Algunas personas pueden responder mejor a la arcilla o la pintura, por lo que la elección del material puede depender de cuál facilite una mayor inmersión en la actividad.












