
El gecko leopardo tiene una variedad genética llamada “lemon frost” que lo distingue por su color blanco y amarillo.
Esa mutación, que acompaña al animal durante toda su vida, también lo condena: el 80% de estos ejemplares desarrolla tumores de la piel.
A diferencia de los ratones de laboratorio, en los que los tumores deben inducirse artificialmente, los lemon frost los desarrollan de manera natural y se expanden con rapidez.
Investigadores de Reino Unido, Italia y Estados Unidos revelaron que las alteraciones en su ADN afectan procesos similares a los del cáncer humano.
Los investigadores trabajan en la Universidad de Nottingham, la Universidad de Birmingham, la Universidad Marquette, la Universidad de Florida y la Universidad de Trieste, y publicaron el trabajo en la revista BMC Biology.
Un reptil que lleva el cáncer en sus genes

Los científicos tuvieron en cuenta que ocho de cada diez geckos lemon frost (cuyo nombre científico es Eublepharis macularius) desarrollan tumores llamados iridoforomas a lo largo de su vida.
Esos tumores regresan incluso después de ser retirados mediante cirugía.
Esa persistencia resultó inusual frente a otros reptiles como las tortugas, en las que el cáncer es raro. La comparación llevó a los investigadores a preguntarse qué hace a esta variedad tan vulnerable y si la falta de diversidad genética podía estar en la raíz del problema.
Con esas preguntas como motor, intentaron comprender la predisposición de esos reptiles al cáncer.
El ADN como mapa del tumor

Para entender qué pasa dentro de estos geckos, los investigadores compararon el ADN de los tumores con el de los tejidos sanos del mismo animal. La idea era simple: encontrar qué cambios genéticos aparecen en las zonas enfermas y no en las sanas.
Buscaron mutaciones que se repetían, genes fusionados y alteraciones en la cantidad de material genético. Todo eso para descifrar cómo nace y crece el tumor, y si esos mecanismos se parecen a los del cáncer en personas.
Con esos objetivos claros, el estudio también propuso al gecko lemon frost como alternativa a los animales de laboratorio clásicos. La apuesta fue sumar nuevas herramientas para estudiar el cáncer en vertebrados.
Leer el genoma para entender la enfermedad
El trabajo arrancó con la extracción de muestras de tumores y tejidos sanos de tres geckos. Después, se leyó el genoma completo de cada muestra con tecnología de punta, lo que permitió detectar mutaciones y analizar la composición de los tumores.
Con esos datos, los investigadores usaron programas especializados para identificar variantes, fusiones y cambios en el número de copias de genes. Todo se cotejó con el genoma de referencia del gecko leopardo.

Los resultados mostraron que los tumores tuvieron entre 30 y 36% de células afectadas y un número de mutaciones parecido al de tumores humanos.
Se detectaron mutaciones compartidas, como una puntual en el gen TBP y una fusión entre IARS1 y RNF213.
También se registraron pérdidas y duplicaciones en genes vinculados al cáncer. La desorganización de los filamentos de actina, que son estructuras que dan forma y movimiento a las células, apareció como un rasgo clave de los tumores y podría estar detrás de su capacidad para propagarse.
Brandon Hastings, uno de los coautores del trabajo, afirmó: “En términos generales, nuestra investigación demuestra la importancia de mirar a través del árbol de la vida en busca de respuestas necesarias para comprender mejor enfermedades que pueden tener un profundo impacto en la vida humana, como el cáncer”.
Lo que un gecko puede enseñarle al mundo

Con todos esos datos, el estudio concluyó que el gecko lemon frost es un modelo natural y valioso para investigar el cáncer. La investigación dejó una base genómica sólida para trabajos futuros y mostró su potencial para aplicaciones médicas concretas.
Los investigadores reconocieron que el tamaño reducido de la muestra y la baja pureza de los tumores fueron limitaciones del trabajo.
“Este estudio establece una base genómica para comprender el iridoforoma en el gecko leopardo lemon frost y demuestra el potencial traslacional de este morfo como modelo de investigación”, afirmaron los científicos.
El siguiente paso será ampliar el número de ejemplares y aplicar técnicas de secuenciación de células individuales. El gecko lemon frost quedó posicionado como una pieza clave en la búsqueda de nuevas respuestas contra el cáncer.
Los puntos ciegos que un reptil puede iluminar

En diálogo con Infobae, el doctor Matías Blaustein, coordinador del Grupo de Biología de Sistemas y Filosofía del Cáncer en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires e investigador del CONICET, opinó: “El gecko no necesariamente reemplazará a los ratones en el laboratorio, pero sí aportará un complemento clave. Los tumores en ratón suelen ser inducidos de manera artificial. Tienen especificidades de la fisiología de los roedores y no reflejan bien la metástasis espontánea ni la esperanza de vida humana”.
Para Blaustein, es valioso considerar la oncología comparada, la disciplina que estudia cómo distintas especies del árbol de la vida lidian con el cáncer para encontrar mecanismos que los modelos tradicionales pasan por alto.
“Teniendo en cuenta la relación entre las historias de vida, la genómica comparada y la propensión a la enfermedad, el gecko lemon frost aporta un valor único. Desarrolla de manera espontánea tumores de células pigmentarias (iridoforomas) que se propagan de forma agresiva por su cuerpo”, resaltó.
El científico argentino aclaró que “al estudiar este reptil, las y los científicos pueden cubrir los puntos ciegos de los roedores y entender mucho mejor el gran enemigo de la oncología: cómo y por qué se propaga la metástasis”.














