
Cada año, casi 10 millones de personas son diagnosticadas con demencia, una afección cerebral que afecta la memoria, el pensamiento y la capacidad para realizar las actividades de la vida diaria.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó la segunda edición de su guía para reducir el riesgo de desarrollar deterioro cognitivo y demencia, con factores nuevos y una advertencia que reordena todo: aún no hay cura, pero casi la mitad de los casos se puede evitar.
“Hoy tenemos más información que nunca sobre qué impulsa el riesgo de demencia, y estas directrices traducen estos conocimientos en medidas prácticas”, afirmó el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS.
La guía fue coordinada por la neuróloga india Tarun Dua y la psicóloga argentina Dévora Kestel.

Contó con la participación de 23 expertos de cuatro continentes: Países Bajos, China, Catar, Finlandia, Australia, Canadá, Suiza, Brasil, Egipto, India, Sudáfrica, Suecia, Singapur, Reino Unido, Estados Unidos, Indonesia, Brunéi y Sri Lanka.
Los factores como el consumo de tabaco, el alcohol, el sedentarismo, el aislamiento social, la contaminación del aire y enfermedades como la hipertensión o la diabetes representan cerca del 45% del riesgo total de desarrollar demencia.
Para hacer la guía, los expertos evaluaron si las intervenciones dirigidas al tratamiento de esos factores de riesgo también se traducen en una reducción del riesgo de demencia.
La nueva edición insiste en que actuar antes, a lo largo de toda la vida, sigue siendo la estrategia más efectiva disponible. Nunca es demasiado temprano, ni demasiado tarde, para empezar a tomar medidas que protejan la salud del cerebro.
El cerebro prefiere varios frentes a la vez

Una de las recomendaciones con mayor respaldo científico en esta edición —con certeza calificada de moderada a alta— es la de las intervenciones multidominio, es decir, atacar varios factores de riesgo al mismo tiempo.
Dieta, actividad física, entrenamiento cognitivo y control de enfermedades crónicas juntos funcionan mejor que cualquiera de esas acciones por separado.
La guía es clara al respecto: “Los factores de riesgo de demencia deben abordarse de manera integral, porque múltiples riesgos suelen coexistir y acumularse a lo largo de la vida”. Los datos provienen de una revisión de 44 estudios clínicos publicados entre 2012 y 2025.
La evidencia llega también desde América Latina

En diálogo con Infobae, el investigador del Conicet y jefe de neurología cognitiva de FLENI, Ricardo Allegri, quien fue revisor externo de la nueva guía de la OMS, señaló: “Esta edición muestra evidencia científica más sólida sobre los factores de riesgo, suma otros que no aparecían en ediciones anteriores e incluye la efectividad de los abordajes de cada uno de ellos: ejercicio físico, actividad cognitiva, inclusión social, reducción del consumo de alcohol, abandono del tabaco, dieta balanceada y saludable, control del déficit de audición, control de los factores de riesgo vasculares —hipertensión, diabetes, obesidad, dislipemia, entre otros— y control de la contaminación ambiental”.
Allegri también destacó “la importancia de las intervenciones multimodales como las que propone el estudio FINGER (que incluye dieta, ejercicio físico, estimulación cognitiva y social, y control de los factores vasculares), en la misma dirección de los resultados que nuestro grupo presentó la semana pasada en Londres con el LatamFINGER”.

El especialista precisó que “con estas acciones puede prevenirse o retrasarse un 45% del riesgo de demencia”. Como informó Infobae, los resultados de LatAm-FINGERS fueron presentados en la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer y publicados simultáneamente en la revista The Lancet.
En ese trabajo se demostró que intervenciones de estilo de vida adaptadas culturalmente mejoraron la memoria, la función ejecutiva y la cognición global en adultos mayores de 11 países latinoamericanos, con los mayores beneficios en quienes recibieron apoyo estructurado y seguimiento personalizado.
Salir también es medicina

La actividad social —reunirse con amigos, participar en clubes o hacer voluntariado— recibe por primera vez una recomendación formal en esta edición.
En 2019, la evidencia era insuficiente para incluirla; ahora, los estudios revisados por la OMS indican que puede retrasar el inicio de la demencia hasta cinco años.
Uno de cada cuatro adultos mayores en el mundo reporta sentirse socialmente aislado, un estado que eleva el riesgo de desarrollar demencia. Si ese aislamiento se eliminara por completo a nivel poblacional, alrededor del 5% de los casos de demencia se podrían prevenir.

Los trastornos del sueño sin tratamiento, respirar aire contaminado y no abordar la pérdida de audición son factores de riesgo que la OMS reconoce oficialmente por primera vez en esta edición.
La exposición a partículas finas conocidas como PM2.5, el tipo de contaminación más común en las ciudades, figura entre los nuevos factores ambientales con recomendación específica.
El corazón y el cerebro van juntos

El manejo de enfermedades cardiometabólicas, como la hipertensión, la diabetes y el colesterol alto, también reduce el riesgo de demencia, según el documento.
El ejercicio físico, una dieta equilibrada, no fumar y reducir el consumo de alcohol son pilares validados desde 2019 que se refuerzan ahora con evidencia más reciente.
La guía de la OMS advierte además que los suplementos de vitaminas B y E, omega-3 y multivitamínicos no están recomendados para prevenir la demencia en ausencia de una deficiencia diagnosticada, por falta de evidencia de beneficios y riesgo de efectos nocivos imprevistos.
El costo anual de la demencia para la economía mundial se estima en 1,3 billones de dólares, aproximadamente la mitad de los cuales corresponde a cuidados no remunerados de familiares y amigos.














