
Durante años, millones de personas han intentado resolver sus problemas digestivos desde el plato: más fibra, más verduras de hoja, suplementos probióticos de alto costo. Estas prácticas tienen su valor, pero en muchos casos, el resultado aún es el mismo: hinchazón persistente, gases y un tránsito intestinal que no mejora pese a todos los ajustes. La causa, de acuerdo con una especialista en gastroenterología citada por la revista Parade, suele estar en un factor que la mayoría no contempla para la salud digestiva.
La doctora Christine Lee, gastroenteróloga de Cleveland Clinic, asegura que “el ejercicio tiene el mayor impacto en la digestión”, incluso por encima de la fibra y los suplementos. La especialista planteó la distinción que suele pasarse por alto: el tracto intestinal es, en su totalidad, tejido muscular. Por eso, así como cualquier músculo del cuerpo, necesita activación y entrenamiento para funcionar con eficiencia. Cuando esa musculatura está debilitada o sedentaria, ningún alimento —por más nutritivo que sea— logra compensar la falta de motilidad.
Para ilustrar el punto, Lee recurrió a una analogía mecánica: un automóvil con un motor en mal estado no mejora su rendimiento con combustible de primera calidad. “Si tu motor falla, el mejor combustible del mundo no va a hacer que el auto funcione”, explicó trasladando esa lógica al sistema digestivo.

El core activa contracciones que el cardio no logra
Aunque las actividades aeróbicas como caminar, correr o andar en bicicleta ofrecen beneficios circulatorios, Lee señaló que no son suficientes por sí solas para sostener una buena motilidad intestinal. El trabajo específico de la musculatura abdominal y del core profundo es el que produce la compresión mecánica necesaria para que los órganos digestivos funcionen de manera continua.
La especialista precisó que el principio es anatómico: al fortalecer la pared abdominal y la musculatura profunda del tronco, el cuerpo genera contracciones sostenidas alrededor de los órganos digestivos que estimulan su actividad y favorecen el avance del contenido intestinal. Lee remarcó que ese efecto no se produce al trabajar grupos musculares alejados del abdomen. “No tenemos tracto intestinal en los cuádriceps ni en los gemelos”, precisó la médica.
En ese sentido, destacó al Pilates como una disciplina particularmente útil, ya que combina resistencia progresiva —con bandas elásticas, TRX o pesas— con trabajo postural y de control abdominal.
Las tareas domésticas activan el core, según especialista
Para quienes no disponen de tiempo para una sesión formal de entre 30 y 40 minutos en un gimnasio, Lee propuso incorporar movimiento funcional a la rutina diaria. Actividades como aspirar, rastrillar hojas o trabajar en el jardín reclutan la musculatura del tronco de forma natural, siempre que se mantenga una postura correcta con la espalda recta.
“Sigue moviéndote. Estaciona más lejos a propósito. No delegues las tareas físicas del hogar”, recomendó. La clave, según la gastroenteróloga, es mantener el cuerpo activo de manera sostenida a lo largo del día, sin depender exclusivamente de una rutina pautada.

La dieta como complemento del movimiento
Una vez que el sistema digestivo está activo y con buena musculatura, la alimentación variada y rica en fibra cumple un rol central para aportar el volumen y la diversidad nutricional que el organismo necesita. Sin embargo, Lee subrayó que ese beneficio solo se materializa plenamente cuando hay un aparato digestivo funcional que pueda procesarla.
La hinchazón persistente, los gases frecuentes y el tránsito intestinal lento son señales de que los residuos permanecen demasiado tiempo en el tracto, advirtió la especialista. Ante esos síntomas, indicó que puede ser necesario consultar con un médico para determinar si el problema responde a falta de actividad física, a hábitos alimentarios o a ambos factores combinados.











