
Miles de personas reciben a diario un diagnóstico de cáncer, mientras la comunidad científica busca respuestas sobre el origen y tratamiento de esta enfermedad.
Un enfoque ha cobrado atención internacional a raíz de las declaraciones del profesor de biología en el Boston College, Thomas Seyfried, en el podcast The Diary of a CEO, donde sostiene que el cáncer no es solo una enfermedad genética, sino principalmente un trastorno metabólico originado en la mitocondria.
Esta perspectiva desafía décadas de investigación y propone cambiar la manera en que se entiende y aborda el cáncer. Seyfried advirtió sobre el alarmante número de muertes diarias por cáncer en Estados Unidos, que ascienden a 1.700 fallecimientos, cifra que equivale a setenta personas cada hora.

Sostuvo que el aumento de casos y la falta de avances significativos en la supervivencia reflejan la necesidad de repensar los fundamentos de la oncología moderna. “Hay una estrategia para manejar el cáncer de manera efectiva, y tenemos mucha evidencia de que podemos mantener vivos a estos pacientes mucho más tiempo”, afirmó el científico.
Mitocondria y metabolismo: el origen de las enfermedades crónicas
Para Seyfried el cáncer y otras enfermedades crónicas tienen su origen en el daño a las mitocondrias, orgánulos encargados de suministrar energía a las células.
Explicó que, cuando estas estructuras se ven afectadas, las células recurren a vías metabólicas antiguas y menos eficientes, como la fermentación, lo que da lugar al crecimiento celular descontrolado asociado al cáncer. “Cada vez que se daña este orgánulo, se abre una puerta a enfermedades crónicas y cáncer”, señaló Seyfried.

“Todo se reduce a lo que haces para mantener la salud y vitalidad de la mitocondria”, afirmó. Entre los factores que deterioran estas estructuras, el especialista señaló la ingesta de carbohidratos ultraprocesados, la inactividad física, el estrés emocional y la exposición a químicos tóxicos.
El índice glucosa-cetonas, una herramienta para medir la salud metabólica
Uno de los aportes prácticos destacados por Seyfried es el desarrollo del índice glucosa-cetonas (IGK), un biomarcador que permite evaluar el estado metabólico y la salud mitocondrial. “Este índice es la primera herramienta biomarcadora que permite conocer el nivel de salud mitocondrial”, señaló el profesor.
Este indicador se calcula dividiendo la concentración de glucosa en sangre por la de cetonas, lo que ofrece una medida directa de la eficiencia energética celular. “Este es un mapa bioenergético hacia la salud”, resumió el investigador.

El IGK ayuda a identificar zonas de prevención y riesgo: valores bajos indican una mayor protección frente a enfermedades crónicas, mientras que cifras elevadas se asocian a un mayor peligro de desarrollar cáncer o diabetes tipo 2, entre otras patologías.
Seyfried sostiene que mantener el IGK en rangos óptimos resulta clave para reducir el riesgo de múltiples enfermedades asociadas al daño mitocondrial.
Dieta cetogénica y terapias combinadas: impacto en el tratamiento
De acuerdo con The Diary of a CEO, la propuesta de Seyfried incluye la adopción de la dieta cetogénica como parte de una estrategia integral de prevención y manejo del cáncer.
Este tipo de alimentación, basada en el consumo de grasas y la restricción de carbohidratos, favorece el uso de cetonas como fuente principal de energía, una vía que las células cancerosas no pueden aprovechar eficazmente debido al daño en sus mitocondrias.

“El estado de cetosis nutricional facilita la entrega de fármacos al tumor y permite utilizar dosis menores, con mejor efecto terapéutico”, explicó Seyfried.
El profesor sostiene que, al reducir el suministro de glucosa y glutamina, principales combustibles del tumor, la dieta cetogénica no solo debilita el crecimiento del cáncer, sino que también potencia la eficacia de tratamientos convencionales como la quimioterapia y la radiación.
Factores de estilo de vida y exposición ambiental
Advirtió que los factores ambientales y del estilo de vida desempeñan un papel crucial en el daño mitocondrial. Entre estos incluye el consumo habitual de azúcares refinados, la exposición a microplásticos y pesticidas, así como la falta de ejercicio y el sueño deficiente.
Según el investigador, poblaciones que mantienen dietas tradicionales y actividad física regular presentan tasas significativamente menores de cáncer, en comparación con países industrializados.

“El campo del cáncer aún no acepta lo que digo sobre el origen de la enfermedad. Eso es una tragedia”, manifestó el profesor durante la entrevista. También subrayó: “No hacemos a alguien saludable irradiándolo o envenenándolo. Hay que entender la biología y la bioquímica de la enfermedad”.
El académico señaló que la educación y el empoderamiento de los pacientes resultan esenciales para mejorar los indicadores de salud. Destacó la importancia de que las personas conozcan el impacto del IGK y adopten hábitos que favorezcan la función mitocondrial, siempre bajo la supervisión de profesionales médicos.
El debate en la medicina convencional
La perspectiva de Seyfried no ha sido adoptada mayoritariamente por la comunidad médica. El conductor del podcast, Steven Bartlett, consignó que la oncología tradicional sigue centrada en el modelo genético del cáncer, lo que limita la incorporación de terapias metabólicas a los protocolos de tratamiento.

“La mayoría de los oncólogos convencionales no recomiendan la dieta cetogénica a sus pacientes recién diagnosticados”, comentó el especialista. El propio Seyfried reconoció la existencia de obstáculos institucionales y la falta de formación en biología mitocondrial entre los profesionales.
Perspectivas y herramientas para pacientes
El especialista recomendó a quienes enfrentan un diagnóstico de cáncer informarse sobre alternativas basadas en la evidencia y dialogar con sus médicos sobre la posibilidad de integrar estrategias metabólicas en su tratamiento.
Entre las recomendaciones prácticas figuran la medición regular del IGK, la modificación de la dieta y la reducción de la exposición a factores de riesgo ambiental, siempre bajo la asesoría de equipos médicos capacitados.
Según las proyecciones de la American Cancer Society, referidas en The Diary of a CEO, en 2026 se esperan más de dos millones de nuevos diagnósticos de cáncer en Estados Unidos y más de 600.000 muertes anuales, lo que refuerza la urgencia de explorar nuevos enfoques en prevención y manejo de la enfermedad.














