
Bolotana, un pueblo de Cerdeña con 2.262 habitantes, registró en 2024 a 10 residentes de al menos 100 años y se convirtió en candidato a una nueva zona azul por una longevidad que los investigadores asocian con vínculos sociales, responsabilidades compartidas y caminatas cotidianas.
La proporción de centenarios equivale a cerca de 10 veces el promedio de Cerdeña y a 11 veces el de Estados Unidos. El pueblo ofrece uno de los registros demográficos más completos del mundo sobre personas que superan el siglo de vida.
El equipo que examinó el caso incluyó a Dan Buettner, fundador de la empresa Blue Zones y explorador de National Geographic. Los resultados de la investigación fueron publicados en la revista Frontiers in Aging, aunque el estudio no estableció que las costumbres locales causen directamente una mayor longevidad.

La ventaja más marcada se observó entre las mujeres de Bolotana: ocuparon el segundo lugar mundial, detrás de Hong Kong, en expectativa de vida a los 70 años y supervivencia desde esa edad hasta los 100. Buettner explicó a Fox News Digital que los investigadores revisaron registros de nacimientos, muertes y bautismos para reconstruir la trayectoria demográfica de la localidad.
“Según algunos indicadores, Bolotana es la zona azul más extraordinaria”, afirmó en una entrevista. “Mientras que las demás zonas azules están en declive, esta está en auge. En otras palabras, cada año hay más centenarios”.
El concepto de Zonas Azules nació a principios de la década de 2000 como resultado de una investigación interdisciplinaria enfocada en la longevidad excepcional de ciertos lugares del mundo. Las cinco Zonas Azules del mundo son en la actualidad: Ikaria (Grecia), Cerdeña (Italia), Nicoya (Costa Rica), Loma Linda (California) y Okinawa (Japón).
Menor carga doméstica y redes de apoyo entre mujeres

Bolotana conserva actividades pastoriles, pero también es una comunidad agrícola. Buettner planteó que esa combinación puede hacer que los hombres pasen más tiempo en el hogar y participen de las tareas domésticas, lo que reduciría la presión que afrontan las mujeres.
La diferencia contrasta con la zona azul sarda identificada a fines de la década de 1990, situada a unos 109 kilómetros (68 millas) de Bolotana, donde la longevidad masculina es especialmente elevada. En aquellas tierras montañosas, explicó el investigador, las mujeres solían cargar con las finanzas familiares, la crianza y los problemas de la casa.
Buettner describió esa distribución desigual de obligaciones: “En la zona azul original de las tierras altas, las mujeres se preocupaban por las finanzas, criar a los hijos y las goteras del techo. Estaban solas. Aquí, los hombres participan más, y eso podría explicar por qué las mujeres tienen mejores resultados, porque soportan solo la mitad de la carga de estrés en lugar de casi toda”, explicó en Fox News Digital.

Las residentes se reúnen en la biblioteca, hornean pan y dulces, y asisten juntas a la iglesia. El investigador sostuvo que esas prácticas reflejan una red social femenina más estrecha que la observada en otras zonas azules.
La tradición católica también estructura parte de la vida colectiva del pueblo. La asistencia a la iglesia puede aportar fe, pertenencia y contacto social, aunque el estudio no determinó cuánto incide cada uno de esos factores en la supervivencia de la población.
“Es una sensación de comunidad, pero también personas que entienden de forma activa que sentarse con un amigo y hablar de los problemas y del día con alguien que se preocupa por uno es un medicamento mucho más poderoso que un fármaco”, afirmó Buettner. Añadió que Bolotana ilustra un patrón repetido en la especie humana.
Legumbres, aceite de oliva y caminatas por calles empinadas

La alimentación tradicional se compone en gran medida de productos vegetales: legumbres, verduras, trigo, aceitunas y aceite de oliva, con cantidades menores de queso y carne. Buettner calculó que alrededor del 90% de la dieta de los centenarios ha sido de origen vegetal.
“Comen alubias, pasta, patatas y todo lo que pueden cultivar en su huerto, y apenas importan comida basura”, explicó Buettner en National Geographic.
“Por cierto, no se trata de proteínas. No son personas que cargan proteínas. Cargan carbohidratos complejos”, agregó el especialista. El desayuno puede consistir en pan o queso, aceitunas locales y café, mientras que el almuerzo, la comida principal que comienza a primera hora de la tarde, suele ser una sopa minestrone con verduras de estación y abundantes legumbres cultivadas en la zona.
Los garbanzos, las lentejas, los porotos pintos y los cannellini, una especie de poroto, son la base de esa dieta. La carne se consumía tradicionalmente unas cinco veces al mes y se reservaba para celebraciones.
A diferencia de las comunidades de las tierras altas, donde históricamente se cocinaba con manteca de cerdo, en Bolotana se usa aceite procedente de olivos antiguos. Los investigadores estudian si sus niveles inusualmente altos de ácidos grasos de cadena impar guardan alguna relación con la longevidad.

Las calles empinadas y la escasa circulación de vehículos dentro del pueblo convierten el desplazamiento a tiendas, cafés, trabajos y casas de amigos en una actividad física diaria. Buettner sostuvo que esa caminata no planificada tiene más importancia para la longevidad que asistir al gimnasio.
Los habitantes no persiguen una vida más larga mediante rutinas de entrenamiento ni técnicas para optimizar el cuerpo. “Son seres humanos reales con un conjunto promedio de genes. No son superhumanos con disciplina sobrehumana ni mejores genes”, dijo Buettner al medio.
El investigador añadió que quienes viven en comunidades caminables de Estados Unidos tienen una ventaja de entre tres y cinco años en expectativa de vida frente a quienes residen en áreas menos transitables a pie. Para él, el caso de Bolotana muestra cómo el diseño cotidiano del entorno puede favorecer el movimiento sin sumar otra obligación a la rutina.
“Cuando lleguen los coches, los iPhone y la comida basura estadounidense, veremos cómo se disparan la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares, la demencia y muchos tipos de cáncer, y el fenómeno de la longevidad desaparecerá. Le doy una generación. Pero antes de que eso ocurra, tenemos una generación para aplicar nuestras herramientas arqueológicas y descubrir qué han estado haciendo”, afirmó Buettner en National Geographic. Aunque desea seguir investigando las zonas azules, el experto reconoció que en Bolotana han encontrado un auténtico “cofre del tesoro”.














