
El tiroteo ocurrido en una escuela de San Cristóbal, en Santa Fe, donde un estudiante de 15 años mató a otro de 13, desencadenó una ola de amenazas que se extendió por escuelas de todo el país y también alcanzó a Uruguay.
La multiplicación de estos episodios encendió la alarma en la comunidad educativa y en las familias, que buscan respuestas frente al miedo y la incertidumbre, mientras intentan comprender qué es lo que lleva a los chicos a caer en este tipo de actitudes.
Frente a este escenario, pediatras, psicólogos y especialistas en educacuón y cultura digital subrayan la importancia de comprender el contexto en el que se expresan los adolescentes y proponen acompañarlos con escucha activa, vínculos sólidos y una mayor presencia adulta, en lugar de limitarse a respuestas punitivas o a la simple minimización del problema.
¿Qué está pasando con las adolescencias?

Un documento titulado “Abrazar la adolescencia”, firmado por la médica pediatra Carla Orsini, la especialista en educación digital Lucía Fainboim, la pediatra Carina Facchini, la psicóloga perinatal Carolina Mora, la filósofa y docente Florencia Sichel y el sociólogo Santiago Morales, plantea una serie de preguntas sobre el vínculo entre adultos y jóvenes y advierte que los adolescentes son portavoces del malestar social y muestran los síntomas de una sociedad que barre bajo la alfombra sus fisuras.
Los firmantes subrayan la existencia de una “fragilidad social”, marcada por la soledad, la ausencia de espacios de diálogo y una profunda crisis de salud mental, y llaman a “hacer de la ternura nuestra bandera” ante la violencia y la soledad que atraviesan hoy a los adolescentes.
Consultada al respecto por Infobae, la médica pediatra de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) Carla Orsini (MN 131.323), consideró que las amenazas en las escuelas reflejan “una violencia constante, un abandono de las instituciones, de la familia y del Estado”. Orsini sostuvo que los adolescentes “se sienten muy solos, están muy solos y desprotegidos. Nos dicen acá estamos y tenemos mucho para decir”.
El rol de las amenazas: ¿son sólo un llamado de atención?

La interpretación de las amenazas como un simple “perro que ladra no muerde” resulta errónea, coinciden los especialistas. El pediatra especialista en Adolescencia y prosecretario del Comité de Adolescencia de la SAP, Juan Pablo Bria (MN 108.604) señaló a este medio que “toda amenaza es una forma de comunicación”. Afirmó que, para muchos adolescentes, “cuando los recursos no alcanzan para poner en palabras lo que les pasa, pueden aparecer formas más impulsivas o provocadoras de expresión, como una forma de denunciar algo que no está bien”.
Su colega, la pediatra especialista en Adolescencia y secretaria del Comité de Adolescencia de la SAP Julieta Nachajon (MN 115.695), enfatizó que estos hechos deben ser tomados en serio, aunque aclaró que “muchas veces tienen un componente de imitación y amplificación: un hecho de alto impacto emocional y mediático puede generar réplicas en distintos lugares”. Nachajon remarcó la necesidad de no minimizar ni sobredimensionar, sino de intervenir con criterio y escucha.
Salud mental adolescente: señales de alerta

La serie de amenazas dejó al descubierto la fragilidad en el manejo de las emociones y la carencia de referentes de confianza. De acuerdo con Orsini, estos episodios revelan “soledad, desamparo, confusión, escasos o nulos límites, ausencia de contención y referentes de confianza”. La pediatra sostuvo que “la salud mental no fue nunca prioridad y menos en infancias y adolescencias”, y reclama políticas públicas que promuevan los derechos de los adolescentes.
Según Bria, no se puede generalizar sobre el estado de salud mental de toda una generación, pero estos hechos “son indicadores de que hay adolescentes que pueden estar transitando dificultades para gestionar emociones intensas como la bronca, la angustia o la sensación de exclusión”. En ese sentido, el especialista advirtió sobre la tendencia a manifestar el malestar de formas más extremas y visibles, subrayando la necesidad de reforzar los espacios de escucha y acompañamiento.

En este punto, la especialista en educación y cultura digital y directora de la consultora Bienestar Digital Lucía Fainboim consideró que “los adolescentes están siendo un síntoma de un malestar que como sociedad no estamos observando profundamente”. “Estamos viviendo una situación de mucho estrés, soledad, aislamiento, exceso de productividad y sobreinformación, todo atravesado por las redes sociales y exigencias inalcanzables”, enfatizó.
Y agregó: “Hay un mundo adulto muy desconectado del adolescente actual, tanto por el acelere de la vida contemporánea como por el uso de pantallas, el pluriempleo y la exigencia constante. Nos faltan espacios concretos de conectar con ellos, de escucharlos más que opinar, de entenderlos con ganas. Si no escuchamos estos síntomas, estos llamados de atención se van a volver cada vez más intensos”.
Redes sociales y retos virales: amplificadores del malestar

El impacto de los entornos digitales es central en la multiplicación de estas conductas. Para Orsini, “los entornos digitales no son un mundo aparte, es el mundo que habitamos. Es el lugar donde los adolescentes están más solos, sin cuidados sensibles y amorosos, sin límites claros”. La médica advirtió que “en los entornos digitales se plasma la violencia del mundo ‘real’ amplificada por la viralización y el anonimato, de rapidísima difusión y la necesidad de validación y pertenencia”.
Nachajon sostuvo que la viralización en redes sociales cumple un rol principal: “Funcionan como amplificadores. No necesariamente crean el problema, pero sí lo expanden y lo validan rápidamente. Los llamados ‘retos’ o tendencias pueden banalizar conductas riesgosas y generar un efecto contagio”.
Por su parte, Fainboim, sumó: “No podemos acercarnos a los chicos solamente mediante retos, sermones, ninguneo y menosprecio. Esto no nos está resultando y es un gran error porque los estamos alejando”. La especialista propuso que las familias se involucren en la vida digital de los adolescentes y promuevan una conversación cotidiana sobre lo que ocurre en Internet.
El mensaje a las familias: cómo acompañar sin asustar

El acompañamiento de la familia, para los especialistas, debe basarse en la construcción de entornos seguros, confiables y afectuosos. Orsini recomendó “informar sin paralizar, siempre con la verdad, no subestimando su capacidad de entendimiento y decisión”. E insistió en la importancia de comunicar límites claros y promover la escucha activa, además de “preguntar ¿cómo te fue en internet hoy?” y acompañar en los entornos digitales.
Bria resaltó la necesidad de “habilitar la conversación. Preguntar qué escucharon, qué piensan, si les preocupa algo. Es clave transmitir calma: evitar mensajes alarmistas o catastróficos, pero sin negar lo que está pasando”. El pediatra aconsejó validar las emociones y reforzar que los adultos están atentos y ocupándose.
El desafío para las escuelas: espacios seguros y diálogo

Las escuelas quedaron, sin dudas, en el centro de la escena. Según Orsini, las instituciones deben seguir siendo “lugares seguros que promueven vínculos saludables y pensamiento crítico”, y articular con familias y el sistema de salud. Planteó la necesidad de “generar espacios de diálogo entre alumnos, docentes, directivos, familias y profesionales de la salud”, así como la implementación de protocolos de seguridad y acompañamiento en salud mental.
Con ella coincidió Nachajon, para quien las escuelas “tienen un rol central. Necesitan abordar el tema de forma institucional, no como hechos aislados”, y favorecer la comunicación entre adolescentes y adultos como medida de prevención. La pediatra advirtió que la respuesta no puede limitarse a lo punitivo, ya que “sancionar sin comprender lo que está sucediendo no resuelve el problema de fondo”.
Un llamado colectivo: abrazar la adolescencia

El documento “Abrazar la adolescencia” concluye con un pedido de más escucha, empatía, contención y políticas públicas de acompañamiento. “Necesitamos más espacios recreativos y sociales, más articulación entre familia, escuela, club y centro de salud. Más Estado presente”, sostiene el texto. Los especialistas coinciden en que “sin salud mental no hay salud” y exhortan a construir “cimientos de una utopía de futuro donde los adolescentes se sientan agentes de ese cambio”.














