
La prevención de la demencia suele plantearse con criterios generales, sin contemplar las diferencias entre regiones ni contextos socioeconómicos.
Sin embargo, un estudio internacional, coordinado por la Universidad del Sur de California (USC) y publicado en la revista The Lancet Healthy Longevity, indica que el entorno y las circunstancias sociales influyen de forma determinante en los factores de riesgo asociados a la enfermedad. La investigación abarcó a más de 214.000 adultos mayores en 14 países y regiones.
Según un reporte de la revista Infosalus, la información más sólida sobre prevención de demencia proviene de países con altos ingresos, como Estados Unidos y varias naciones de Europa Occidental.
En este nuevo trabajo, el equipo liderado por la USC, en colaboración con la Universidad de Brown y la Universidad Johns Hopkins, analizó cómo inciden factores como la educación, la salud cardiovascular y los hábitos de vida en distintas regiones, identificando tanto diferencias notorias como patrones comunes.
Diferencias y similitudes en los riesgos según el país

El análisis evidencia que los riesgos prevenibles asociados a la demencia, como el bajo nivel educativo, la hipertensión arterial y el consumo de tabaco, varían notablemente entre países. Por ejemplo, el índice de masa corporal elevado afecta al 44,9% de los adultos mayores en Estados Unidos, mientras que en India la proporción alcanza solo el 13,3%. El bajo nivel educativo representa otro ejemplo de disparidad: en China, el 85,6% de los adultos mayores se encuentra en esta situación, mientras que en el contexto estadounidense solo el 12% presenta ese factor.
Aunque las diferencias regionales resultan claras, la investigación también identificó que ciertos riesgos tienden a presentarse de forma agrupada en distintas partes del mundo. La investigadora principal del Centro de Investigación Económica y Social del Instituto Schaeffer de Políticas Públicas y Servicio Gubernamental de la USC, Emma Nichols, expresó que “la coherencia de estos grupos fue la parte más inesperada de los hallazgos”.
Nichols explicó a Infosalus que esta tendencia puede influir de manera decisiva en la definición de programas de prevención, ya que algunos factores mantienen una presencia constante en diversas poblaciones. Los riesgos cardiovasculares, como el colesterol alto y la presión arterial elevada, y las conductas relacionadas con el estilo de vida, como el tabaquismo y el consumo de alcohol, suelen coincidir en distintos lugares.
Factores de riesgo identificados y su frecuencia

Para obtener estos resultados, el equipo científico trabajó con datos armonizados de estudios longitudinales sobre envejecimiento, realizados entre 2009 y 2023 en países como Estados Unidos, Inglaterra, Irlanda, Corea, México, China, Malasia, Brasil e India. El análisis incluyó 12 factores de riesgo prevenibles, identificados previamente por la Comisión de The Lancet sobre demencia, entre los que figuran la pérdida de audición, la depresión, la inactividad física y el aislamiento social.
La frecuencia y distribución de estos riesgos se examinó según edad, sexo y nivel educativo, además de la presencia simultánea de varios factores en una misma persona. Los resultados muestran que la acumulación de riesgos no es uniforme: mientras algunos países presentan una alta prevalencia de factores como la obesidad, en otros predominan el bajo nivel educativo o la inactividad física.
El artículo detalla que estos hallazgos orientan a organizaciones sanitarias y responsables de políticas públicas en el diseño de estrategias preventivas adaptadas a las características de cada población. Por ejemplo, un programa de atención para la diabetes podría rediseñarse para cubrir riesgos cardiometabólicos asociados, como el colesterol alto y la hipertensión.

El estudio subraya que la agrupación de ciertos riesgos facilita la intervención simultánea sobre varios de ellos, lo que puede aumentar la eficacia de los programas de prevención. Los especialistas sugieren que abordar factores vinculados, como las enfermedades cardiovasculares y los hábitos de vida poco saludables, podría tener un impacto más amplio en la reducción del riesgo de demencia.
El riesgo de demencia no es inmutable
La autora principal del ensayo remarcó que “el riesgo de sufrir estas consecuencias en la vejez no está predeterminado. Son factores de riesgo que se experimentan a lo largo de la vida, y uno puede influir en su propio riesgo, al tiempo que reconoce cómo los factores sociales más amplios también lo configuran”. Esta perspectiva refuerza la importancia de políticas de salud pública que tengan en cuenta tanto los determinantes individuales como los contextuales.
El informe destaca que este estudio plantea la necesidad de enfoques de prevención personalizados y recomienda que futuras investigaciones incluyan nuevos factores, como la falta de sueño, y amplíen la cobertura a más países a medida que se disponga de datos armonizados. La recolección de datos adicionales ya está en marcha en naciones como Kenia y Egipto, lo que podría aportar información relevante para perfeccionar las estrategias globales frente a la demencia.













