
Muchas personas conviven durante meses o incluso años con las hemorroides sin consultar por vergüenza, pese a que en la mayoría de los casos el tratamiento es sencillo. En una entrevista con el medio alemán Der Spiegel, el proctólogo Ingo Alldinger explicó que muchos pacientes llegan a la consulta con miedo y señaló que, en los hombres, pasar demasiado tiempo sentado en el inodoro mientras usan el celular figura entre las principales causas del problema.
Las hemorroides suelen mejorar con medidas básicas como evitar esfuerzos, reducir el tiempo en el inodoro, tomar más fibra, beber líquidos y moverse más. Según explicó Alldinger a Der Spiegel, en el 90% de los casos los síntomas desaparecen en tres meses, y si eso no ocurre hay procedimientos ambulatorios poco dolorosos como la ligadura con banda elástica o la escleroterapia.
Alldinger explicó a Der Spiegel que el primer paso en su consulta es generar confianza antes de cualquier exploración: “Muchos pacientes temen mucho las enfermedades graves o los exámenes que se avecinan. A otros les resulta difícil incluso expresar sus problemas con palabras”.
El especialista explicó que la exploración suele ser breve y casi nunca causa dolor: “Hay cosas más agradables que ser palpado o examinado con un rectoscopio en esta zona, pero es un procedimiento rápido y casi siempre indoloro”.

También advirtió que revisar la zona no sirve solo para confirmar una molestia frecuente: “El dolor podría ser, por ejemplo, un absceso que necesita tratamiento para prevenir una infección. Y, por supuesto, rara vez vemos tumores en la zona rectal”.
Frente al silencio que rodea estas molestias, el proctólogo situó el problema en el retraso de la consulta: “Muchas personas no acuden al médico, incluso después de meses o años de molestias, por miedo y vergüenza. Muchas sufren dolor, sangrado o picazón, aunque el tratamiento suele ser sencillo e indoloro”.
Qué son las hemorroides y cuándo se vuelven problemáticas
Alldinger dijo que muchos pacientes usan la misma palabra para cualquier molestia anal: “Ni siquiera pueden describirlo correctamente, sino que simplemente dicen: ‘Tengo hemorroides’”.
A partir de ahí, introdujo una aclaración que, según dijo, sorprende a muchos: “Las hemorroides son una parte normal del revestimiento intestinal y ayudan a sellar el ano. ¡Todos tenemos hemorroides!”.

El problema aparece cuando ese tejido cambia: “Solo se vuelve problemático cuando las hemorroides se agrandan, se inflaman o se prolapsan demasiado hacia adelante”.
El médico distinguió ese cuadro de otras causas de dolor anal: “El dolor también suele ser causado por una trombosis anal. Se trata de un coágulo de sangre en los vasos sanguíneos directamente en el ano, que a menudo aparece como un bulto azulado y es extremadamente doloroso, especialmente en las etapas iniciales”.
También mencionó las fisuras anales entre los diagnósticos que suelen confundirse con hemorroides: “El proceso de curación puede tardar un poco más en esos casos, que son pequeños desgarros en el revestimiento anal”.
El uso del teléfono y otros factores de riesgo
Sobre el hábito de usar el teléfono en el inodoro, Alldinger fue tajante: “Es absolutamente cierto. Esto se aplica principalmente a los hombres”.

El especialista atribuyó a esa costumbre un lugar central entre los varones: “Esta postura sentada genera presión, y la sangre se acumula en el tejido hemorroidal durante un tiempo anormalmente prolongado. En los hombres, esta es, de hecho, la principal causa de las hemorroides”.
Frente a creencias extendidas, rechazó que sentarse en superficies frías y duras origine por sí mismo el problema: “Eso es un mito”.
Tampoco señaló al deporte de resistencia como detonante directo: “Tampoco son la causa en ese sentido. Si ya existe un problema, esto puede provocar un ligero sangrado o una sensación de presión. Pero eso es más un indicador que la causa”.
El proctólogo también habló de las mujeres tras el embarazo: “Estos procesos son reversibles en aproximadamente un año”.

En esa explicación vinculó las molestias al estreñimiento y a cambios hormonales del posparto: “Cuanto más grande es el bebé, menos espacio tienen los intestinos y menos se mueven, lo que favorece el estreñimiento y puede agravar las hemorroides. Además, los cambios hormonales provocan la dilatación del tejido conectivo y la mucosa intestinal”.
Tratamientos y hábitos para prevenir molestias
Cuando le preguntaron por la necesidad de operar, rebajó la alarma desde el principio: “No, especialmente no para las hemorroides”.
Su recomendación inicial se centra en cambios cotidianos: “No se sienten en el inodoro por mucho tiempo, eviten hacer fuerza, consuman una dieta rica en fibra, beban suficientes líquidos y hagan más ejercicio. Nos vemos en tres meses”.
El pronóstico, según añadió en la entrevista, suele ser favorable: “Para el 90% de las personas, los síntomas desaparecen para entonces”.

Si esos cambios no bastan, Alldinger describió opciones de consulta que no requieren ingreso: “Para algunos pacientes, un procedimiento llamado ligadura con banda elástica es una opción. Este consiste en atar las hemorroides agrandadas, que luego se caen solas después de unos días”.
La otra alternativa que mencionó fue la escleroterapia: “A veces, la escleroterapia también es útil, en la que se inyecta un agente esclerosante en las hemorroides y posteriormente se encogen”.
Sobre ambos métodos, subrayó su sencillez: “Ambos procedimientos generalmente se pueden realizar rápidamente, de forma ambulatoria y sin anestesia porque casi no hay dolor en estas áreas del canal anal”.
En materia de higiene, el especialista desaconsejó productos de uso común: “Además, el ano normalmente no necesita ungüentos, cremas ni toallitas”.

En materia de hábitos, como ayuda práctica, mencionó un accesorio para el inodoro: “Si colocas los pies sobre un taburete mientras estás sentado en el inodoro, el ángulo en el que el recto se une al suelo pélvico cambia. Esto facilita la evacuación intestinal para muchos de mis pacientes”.
Alldinger también relacionó algunas molestias rectales con la presión psicológica: “El estrés grave puede alterar el llamado eje intestino-cerebro y causar afecciones como el síndrome del intestino irritable, que a menudo provoca molestias rectales”.














