
La cifra de víctimas colaterales en homicidios durante el primer semestre de 2026 en Costa Rica cayó a 20, lo que representa un descenso del 57% frente al mismo periodo del año anterior. Este retroceso, que las autoridades aún consideran preliminar, se atribuye a ataques más selectivos y a una baja general de homicidios, aunque el número podría modificarse conforme avancen las investigaciones.
Las proyecciones del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) anticipan que el país cerrará el año con menos de 800 homicidios. Este descenso ha reducido la exposición de personas ajenas a disputas criminales, según especialistas citados en El Observador.
La reducción de víctimas colaterales responde a una tendencia en la que los agresores buscan atacar cuando el objetivo se encuentra solo, minimizando así el riesgo para terceros. Sin embargo, las autoridades advierten que los errores en la ejecución de los homicidios siguen presentes y que la categoría de víctima colateral puede cambiar tras nuevas pruebas o testimonios.

La categoría de víctima colateral, explicó el director interino del OIJ, Michael Soto, suele definirse en la escena del crimen, pero es común que se modifique durante la investigación. Soto enfatizó que la cifra es provisional y podría aumentar con el avance de las pesquisas: “Ese dato probablemente sea más alto”, declaró al medio.
La profesionalización de los sicarios no explica la baja
El descenso en los homicidios y en las víctimas colaterales no implica una mayor profesionalización de los sicarios en Costa Rica. Según el jefe policial, persisten fallas graves en la ejecución de los ataques, como disparar al acompañante del objetivo o cometer errores durante la huida.
Los especialistas consultados coinciden en que el fenómeno responde más a cambios en la dinámica de los ataques que a un salto cualitativo en la formación de los ejecutores. El criminólogo Erick Villalba explicó que la clasificación de una víctima depende de la información inicial, pero puede variar con el avance de la investigación y la aparición de nuevos datos, como vínculos criminales o análisis de celulares.
Villalba sostuvo que, en ocasiones, la investigación puede revelar que una persona considerada inicialmente como objetivo principal era en realidad una víctima colateral, y viceversa. “La clasificación responde a la información disponible en ese momento”, indicó el criminólogo a El Observador.
El criminólogo Esteban Ruiz valoró positivamente la baja observada, al señalar que significa “menos personas ajenas a estas disputas narcos están perdiendo la vida en Costa Rica”. No obstante, afirmó que no se puede hablar aún de una profesionalización generalizada de los sicarios, aunque algunos ataques muestran mayor precisión y planificación.

Ruiz advirtió que la ejecución de homicidios en espacios públicos sigue representando un alto riesgo para terceros, y que la presencia de adolescentes y jóvenes como ejecutores revela la falta de experiencia en muchos casos.
Villalba reconoció que ciertos grupos criminales han perfeccionado su accionar, eligiendo mejor los lugares y momentos del ataque, así como vigilando previamente a la víctima. A pesar de estos cambios, aclaró que esto no equivale necesariamente a profesionalismo, sino a una evolución en la estrategia de algunos grupos.
Las autoridades y especialistas insisten en que la baja no implica un salto cualitativo en la profesionalización de los sicarios, sino ajustes puntuales en la dinámica delictiva.













