
El vínculo entre actividad física, bienestar emocional y contacto con la naturaleza impulsa una práctica que gana terreno. La equitación, históricamente asociada a ámbitos rurales o a sectores específicos, amplía su alcance y suma cada vez más adeptos en contextos urbanos y recreativos.
El crecimiento sostenido de esta disciplina refleja un cambio en la manera de entender el ejercicio, con propuestas que integran cuerpo y mente.
En ese escenario, la equitación emerge como una alternativa que combina entrenamiento físico, interacción con animales y beneficios psicológicos. Según datos relevados por The Times, alrededor de 1,8 millones de británicos practican equitación de forma regular, frente a 1,3 millones una década atrás.
Un ejercicio integral y de bajo impacto
Uno de los principales factores detrás de este crecimiento radica en sus efectos sobre el organismo. Sarah Dale, directora de apoyo empresarial de la British Horse Society, explicó a The Times que “es un ejercicio de bajo impacto para todo el cuerpo”. Esta característica permite trabajar distintos grupos musculares sin someter a las articulaciones a cargas intensas.

De acuerdo con distintos estudios, la práctica involucra piernas, glúteos, espalda y brazos, que se activan de manera coordinada para mantener la estabilidad sobre el caballo. La interacción constante con el animal exige control corporal y precisión en los movimientos, lo que contribuye al desarrollo de habilidades físicas específicas.
Gasto calórico y salud cardiovascular
El componente aeróbico también forma parte de sus beneficios. De acuerdo con la entrenadora personal Belle Mee, citada por The Times, trotar a caballo permite quemar cerca de 300 calorías por hora, mientras que galopar puede duplicar esa cifra, con valores comparables a los de la natación.
A esto se suma el impacto sobre el sistema cardiovascular. Claire Payne, entrenadora personal, señaló que “montar a caballo aumenta el ritmo cardíaco, por lo que es bueno para la salud cardiovascular”.

Incluso tareas complementarias, como la limpieza de establos, contribuyen a alcanzar los 150 minutos de ejercicio moderado semanales recomendados por el sistema de salud británico.
Fuerza, postura y equilibrio
El trabajo muscular no se limita al esfuerzo visible. La estabilidad en la montura depende en gran medida del core, que se activa para sostener la postura y coordinar el movimiento con el caballo.
Sarah Dale afirmó que “la equitación es buena para los glúteos, fortalece los gemelos, los isquiotibiales y los músculos de los hombros, y tonifica los brazos”.
Por su parte, Rebecca Gibson, directora de desarrollo e inclusión de British Equestrian, destacó el impacto en la coordinación: “Montar a caballo mejora la función motora, lo que potencia el equilibrio, la fuerza muscular, el control motor, el control postural, la flexibilidad y la movilidad”.

Estos efectos posicionan a la disciplina como una herramienta útil tanto en entrenamiento general como en procesos de rehabilitación.
Aplicaciones terapéuticas
La equitación también adquiere relevancia en el ámbito clínico. Gibson explicó que “las personas con afecciones que implican limitaciones en la función motora, como la parálisis cerebral y la esclerosis múltiple, experimentan una notable mejoría con la terapia asistida con caballos (TAE)”. En ese contexto, la práctica se integra a programas de recuperación física y neurológica.
El impacto se extiende incluso al deporte adaptado. “Tenemos medallistas paralímpicos que comenzaron a montar a caballo por recomendación médica”, agregó Gibson, lo que refuerza el rol de esta actividad en procesos de inclusión y desarrollo deportivo.
Beneficios para la salud mental
El contacto con animales constituye otro de los pilares de su expansión. La interacción con caballos se asocia a mejoras en el estado de ánimo y reducción del estrés. Según un estudio de la British Horse Society, citado por The Times, el 80% de las personas experimenta una mejora emocional tras montar.

Otro estudio analizó a jinetes tanto profesionales como amateurs, y señaló que el 52,9% percibe mejoras en su salud mental después de practicar equitación, mientras que el 63,6% reporta un mejor estado de ánimo. Además, el 67,3% indicó una reducción del estrés y la tensión, y el 59,9% afirmó sentir un mayor bienestar general.
Sarah Dale señaló que “la gente se siente más alegre, relajada y feliz después de montar”, mientras que Gibson indicó que la terapia asistida con caballos resulta útil en casos de trastorno de estrés postraumático, ansiedad, depresión y trastorno del espectro autista.














