
El domingo 26 de abril, Sebastian Sawe, atleta keniata de 28 años, batió el récord mundial al completar la maratón de Londres en 1 hora, 59 minutos y 30 segundos. El evento, realizado en la capital británica, reunió a miles de espectadores y consolidó al atleta como el primer hombre en terminar un maratón oficial por debajo de las dos horas. El deportista corrió 42,195 kilómetros a un ritmo promedio de 2 minutos y 49 segundos por kilómetro, una velocidad sostenida de 21 kilómetros por hora, en una de las pruebas más exigentes del deporte de resistencia.
Sawe consiguió este logro gracias a años de entrenamiento, disciplina y estrategias de recuperación sostenidas. La preparación incluyó rutinas de alta carga kilométrica, alimentación cuidadosa y descanso prolongado. El atleta no utilizó dispositivos electrónicos durante los entrenamientos, optó por correr en terrenos de tierra y adaptó su rutina a las condiciones geográficas de su país natal. Según el especialista en psiconeuroinmunología y fisioterapeuta español, Antonio Bermejo, el éxito de los corredores keniatas responde a una combinación de hábitos, entorno y biología.
En diálogo con la revista deportiva Runners World, el experto señaló que el estilo de vida keniata y la adaptación al calor constituyen ventajas innegables frente a otros atletas. Los corredores de Kenia suelen dormir hasta 16 horas diarias, combinando el sueño nocturno con periodos de descanso entre sesiones, lo que favorece una recuperación física óptima para soportar la exigencia de la prueba. Además, la estructura de los entrenamientos se basa en la acumulación de kilómetros a baja intensidad, alternando con sesiones de alta exigencia para mejorar la tolerancia a la fatiga.
La aclimatación al calor y la estructura corporal

El calor representa el mayor enemigo de los maratonistas, y la adaptación de los keniatas al clima les brinda una ventaja clave. Según Bermejo, la evolución moldeó la composición corporal de los atletas africanos, quienes suelen tener extremidades proporcionalmente más largas y pantorrillas delgadas. Esta característica favorece la disipación del calor durante la carrera, ya que el calor corporal se elimina más eficientemente a través de una mayor superficie de piel. La capacidad de “refrigeración” permite mantener un ritmo alto sin sobrecalentar el cuerpo, un aspecto vital en pruebas de larga distancia.
Las extremidades finas implican una mayor economía energética, ya que reducen el gasto metabólico durante la zancada. El especialista explica que solo 100 gramos extra en la pantorrilla o el pie incrementan el gasto energético en un 1%. Por eso, los corredores keniatas, con piernas y tobillos delgados, ahorran combustible y mejoran la eficiencia en la carrera. Además, el mayor peso en la parte proximal de la pierna genera un momento de inercia bajo, facilitando el movimiento hacia adelante con menos esfuerzo.
La comparación con poblaciones de climas fríos, como los inuit, ilustra cómo la evolución adaptó el cuerpo a la función de disipar o conservar el calor. En el caso de los keniatas, la adaptación favoreció el rendimiento en pruebas de fondo, mientras que en otras poblaciones, el cuerpo compacto y extremidades cortas ayudan a conservar el calor en ambientes fríos.
Genética, entorno y motivación social
El éxito de los corredores keniatas no se explica solo por la genética, sino por una mezcla de factores epigenéticos y ambientales. Bermejo señala que el morfotipo keniata se caracteriza por un índice de masa corporal bajo, tendones largos y una alta proporción de fibras musculares tipo I, orientadas a la resistencia. La vida y el entrenamiento a 2.000-3.000 metros sobre el nivel del mar aumentan la producción de glóbulos rojos y mejoran el transporte de oxígeno, un aspecto crucial para el rendimiento en maratón.
El entorno social y la cultura también influyen en el desarrollo de talentos deportivos. En Kenia, correr representa una oportunidad de ascenso socioeconómico, lo que refuerza la motivación y el compromiso con el entrenamiento. Los niños recorren largas distancias a pie desde pequeños, desarrollan la musculatura de los pies y adquieren hábitos de esfuerzo y disciplina desde la infancia. El entrenamiento en grupo fomenta la mejora continua y la presión positiva por mantener el ritmo y no quedar descolgado.
La sencillez y el enfoque cultural en la carrera distinguen a los atletas de Kenia de sus pares occidentales. Los corredores viven para entrenar, con bajo estrés, pocas distracciones y una alta motivación por la presión grupal y el deseo de ascenso social. De acuerdo con Bermejo, estos elementos, sumados a la genética y la aclimatación al calor, explican por qué los keniatas dominan el maratón y logran marcas históricas como la de Sawe.
Perspectiva internacional y estudios científicos
Por otra parte, de acuerdo con The New York Times y un estudio publicado en Journal of Applied Physiology, la genética, el entorno y los hábitos culturales son factores claves en el dominio de los keniatas en pruebas de fondo. Estudios sobre la región de los Kalenjin, grupo étnico mayoritario entre los maratonistas de élite de Kenia, identifican variaciones genéticas asociadas a eficiencia metabólica, capacidad de transporte de oxígeno y estructura corporal.
Además, la vida diaria a gran altitud y el entorno social que valora el atletismo como vía de progreso refuerzan el desarrollo de talentos excepcionales. World Athletics subraya que la combinación de estos factores sigue siendo objeto de investigación global y que el ejemplo de Sawe consolida el fenómeno keniata en la historia del maratón.














