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Qué son los péptidos, cómo actúan en el organismo y cuáles son las razones detrás del creciente interés científico

La biotecnología y el sector farmacéutico invierten miles de millones en el desarrollo y regulación de nuevos fármacos peptídicos innovadores (Captura de video: YouTube/@TheDiaryOfACEO⁩)

El creciente interés por los péptidos y sus aplicaciones médicas encendió el debate en la comunidad científica y regulatoria. Estas moléculas, compuestas por cadenas cortas de aminoácidos, se instalaron en laboratorios, consultorios y redes sociales y adquirieron un papel destacado en la medicina actual.

Los péptidos, en su función biológica, actúan regulando procesos celulares específicos. Este mecanismo les permite ser utilizados en tratamientos para enfermedades, en la mejora de procesos fisiológicos y como base para avances médicos que despiertan atención tanto en el ámbito científico como público.

¿Qué son los péptidos y cómo funcionan?

“Un péptido es una estructura molecular sencilla derivada de fragmentos de proteínas, diseñada para interactuar con blancos moleculares muy específicos en el cuerpo”, explicó el Dr. Alex Tatem, urólogo y especialista en salud masculina, durante una entrevista en el podcast The Diary of a CEO.

Según Tatem, una diferencia fundamental respecto a los medicamentos tradicionales es que permiten una acción mucho más dirigida y menos efectos no deseados.

Los péptidos se destacan por su acción dirigida en tratamientos que regulan procesos celulares específicos, minimizando efectos adversos (Imagen Ilustrativa Infobae)

“En vez de utilizar un medicamento convencional, que puede tener un impacto amplio e inespecífico, los péptidos logran activar o inhibir solo lo necesario”, distinguió el experto en diálogo con Steven Bartlett. Esta precisión favoreció la aceptación profesional y entre los pacientes.

Por su estructura química flexible, distintas secuencias de aminoácidos permiten obtener fórmulas de funciones variadas. “Igual que de un mismo bloque molecular surgen propiedades diferentes según su ensamblaje, el organismo puede generar péptidos con efectos diversos”, apuntó Tatem.

Usos médicos y aplicaciones emergentes

En la clínica, los péptidos mostraron ventajas claras. Tatem afirmó que “el auge de estos compuestos se vincula a su capacidad para brindar beneficios específicos a cada patología, a diferencia de los fármacos comunes”.

Un ejemplo habitual es la insulina, introducida en 1921 para el tratamiento de la diabetes. Posteriormente, la leuprolida, aplicada desde 1985, se destinó a pacientes con cáncer de próstata. Actualmente, los compuestos peptídicos se emplean en tratamientos para infertilidad masculina, reparación de tejidos, regulación metabólica y afecciones cognitivas.

Las terapias peptídicas mejoran calidad espermática, reparación de tejidos, función metabólica y procesos cognitivos en diversos pacientes (Freepik)

“Hay casos particulares, como la mejora en calidad espermática en hombres con obesidad, utilizando terapia peptídica junto con dieta y ejercicio”, señaló el especialista. Tatem detalló que había visto pacientes multiplicar por diez su recuento espermático tras perder 45 kg con el apoyo de la tirzepatida, perteneciente a este grupo de moléculas.

En otros contextos clínicos, se desarrollaron péptidos para favorecer el descanso nocturno, regenerar tejido cutáneo, estimular la pigmentación y apoyar la función sexual.

Sobresalen moléculas como BPC-157, relacionada con la reparación muscular y tendinosa, y GHK-Cu, que estimula la síntesis de colágeno y elastina en tratamientos tópicos para retardar el envejecimiento.

Explosión de interés y desafíos regulatorios

En los últimos años, el interés digital sobre péptidos creció más del 400%. Según Tatem, esto motiva tanto a quienes buscan mejorar su salud como a la industria, que observa cómo los nuevos desarrollos desafían modelos tradicionales del sector farmacéutico y biotecnológico.

La FDA reclasificó diecinueve péptidos como sustancias prohibidas en 2023, lo que generó un mercado paralelo y controversias legales (Captura de video: YouTube/@TheDiaryOfACEO⁩)

Desde 2014, el acceso a medicamentos peptídicos en Estados Unidos estuvo habilitado bajo regulación especial, permitiendo la prescripción de estos compuestos en farmacias. No obstante, en 2023, la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos) reclasificó 19 de estas sustancias como prohibidas, estimulando la aparición de un mercado paralelo y un intenso debate normativo.

Entre los protagonistas de este escenario, la biotecnología y la industria farmacéutica firmaron acuerdos por mil millones de dólares para desarrollar nuevas fórmulas, lo que ilustra la magnitud económica y el interés de inversión en el área.

Actualmente, el organismo regulador evalúa desde julio la posible despenalización de siete péptidos, medida que podría alterar las condiciones de acceso y control del mercado.

Riesgos, acceso y controversias actuales

El auge de los péptidos plantea retos y preguntas. Para Tatem, el riesgo principal es la falta de control sobre lo que realmente adquieren quienes buscan estas sustancias en mercados no regulados. La venta de productos “para uso en investigación” elude los controles sanitarios, exponiendo a los consumidores a compuestos de calidad o composición incierta.

El uso no regulado de péptidos expone a riesgos por productos sin control sanitario, por lo que se recomienda supervisión médica profesional (Captura de video: YouTube/@TheDiaryOfACEO⁩)

Tatem indicó: “La automedicación puede provocar errores en la dosificación, contacto con contaminantes o el empleo de sustancias distintas a las declaradas”. Por esta razón, insistió: “Siempre es imprescindible consultar con el médico antes de considerar cualquier terapia peptídica”.

En Estados Unidos y otros países, estos productos autorizados requieren prescripción médica y la lista de compuestos aprobados varía según la norma vigente.

Si bien algunos beneficios resultan prometedores, parte de la información disponible no proviene de estudios poblacionales amplios y se necesitan más datos sobre seguridad y eficacia a largo plazo. “Hay que equilibrar el acceso a tratamientos con controles estrictos que resguarden al paciente”, destacó.