
Cumplir 40 años puede marcar un punto de inflexión para la prevención cardiovascular. Un análisis de sangre con el colesterol total dentro de los parámetros habituales no siempre descarta el riesgo de acumulación de placas en las arterias, un proceso que puede derivar en infartos o accidentes cerebrovasculares.
El cardiólogo preventivo Kausik Ray, profesor de Salud Pública y cardiólogo honorario del Imperial College London, explicó a The Telegraph que cuatro mediciones permiten una evaluación más precisa del riesgo cardiovascular: el colesterol LDL, el colesterol no HDL, los triglicéridos y la lipoproteína(a) o Lp(a).
El LDL refleja una parte central del riesgo de aterosclerosis
El colesterol LDL suele aparecer en los estudios como colesterol “malo” por su capacidad de entrar en las paredes de los vasos sanguíneos. Allí puede favorecer la formación de placas, que reducen el paso de sangre y, en determinadas circunstancias, pueden romperse y originar un coágulo.
El cardiólogo indicó que bajar el LDL forma parte de la prevención de eventos cardiovasculares, aunque aclaró que una cifra aislada no define por sí misma la situación de cada paciente. La edad, los antecedentes familiares, la presión arterial, la diabetes, el tabaquismo y la función renal modifican el riesgo individual.

El especialista señaló que el nivel promedio de LDL entre quienes sufren un infarto ronda entre 3,2 y 3,4 mmol/L. El dato ilustra que muchas personas con un evento cardíaco no presentan valores extremadamente elevados. En esos casos, la vulnerabilidad de las arterias y la exposición acumulada a lo largo de los años adquieren relevancia.
La duración del colesterol elevado también importa. Ray comparó este fenómeno con el tabaquismo: el riesgo depende de la cantidad, aunque también del tiempo de exposición.
Esta situación resulta especialmente relevante en quienes padecen hipercolesterolemia familiar, una condición hereditaria que mantiene el LDL alto desde edades tempranas.
El colesterol no HDL reúne otras partículas que pueden dañar las arterias
El segundo valor que conviene revisar es el colesterol no HDL. Esta medición incluye el colesterol transportado por el LDL y por otras partículas potencialmente perjudiciales, entre ellas las ricas en triglicéridos y la Lp(a).

Un perfil lipídico habitual suele informar colesterol total, HDL, colesterol no HDL y triglicéridos. Para Ray, el colesterol total por debajo de 5 mmol/L ofrece información limitada si se evalúa de forma aislada, porque agrupa partículas con funciones diferentes dentro de la sangre.
El colesterol no HDL permite una mirada más amplia sobre los vehículos que transportan grasas capaces de penetrar en la pared arterial. Su control permite valorar el conjunto de partículas relacionadas con la formación de placas, más allá de un único indicador.
Remarcó que las decisiones sobre tratamientos como las estatinas deben partir de una evaluación cardiovascular completa. Según explicó al diario británico, no basta con comunicar que una persona tiene el colesterol alto y sugerir medicación: el profesional debe explicar qué riesgo intenta reducir con ese fármaco.
Los triglicéridos pueden alertar sobre exceso de peso, diabetes o resistencia a la insulina
Los triglicéridos constituyen el tercer valor relevante. Son la principal forma de grasa que circula en la sangre y suelen elevarse en personas con exceso de peso, resistencia a la insulina o diabetes sin control adecuado.

Cuando esto ocurre, el hígado produce más grasa y el organismo pierde capacidad para eliminar triglicéridos del torrente sanguíneo. Esa combinación puede elevar también el colesterol no HDL y favorecer un escenario de mayor riesgo cardiovascular.
Ray vinculó la reducción de los triglicéridos con cambios sobre las causas de fondo. La disminución del consumo de carbohidratos, grasas saturadas y productos ultraprocesados, junto con la pérdida de peso, puede contribuir a mejorar estos marcadores. También mencionó una alimentación con más fibra, avena, semillas, legumbres, carnes magras y pescado azul.
El tabaquismo, la hipertensión y la diabetes forman parte de los factores que pueden acelerar el deterioro de los vasos sanguíneos, incluso cuando algunas cifras de colesterol parecen normales.
La Lp(a) conviene medirla al menos una vez en la vida
La cuarta medición es la lipoproteína(a), conocida como Lp(a). Este marcador no suele incluirse en el análisis de colesterol de rutina y requiere una determinación específica.
Su nivel depende en gran medida de la genética. Por ese motivo, el cardiólogo recomendó consultar con el médico sobre la conveniencia de realizar este estudio al menos una vez en la vida. Una Lp(a) elevada puede aumentar el riesgo cardiovascular de manera independiente de otros valores del perfil lipídico.

Los antecedentes familiares pueden ofrecer una señal de alerta. El especialista mencionó los infartos, accidentes cerebrovasculares, cirugías de bypass o colocaciones de stents a edades tempranas, sobre todo antes de los 55 años en hombres y antes de los 60 en mujeres.
Para la evaluación durante la mediana edad, el cardiólogo propuso sumar estos cuatro parámetros a controles de presión arterial, glucosa y antecedentes familiares.
También sugirió considerar la estimación del riesgo cardiovascular a largo plazo, debido a que los cálculos a 10 años pueden subestimar la exposición acumulada en personas más jóvenes.














