
Las vacaciones representan una oportunidad valiosa para distanciarse del ritmo cotidiano y fortalecer los vínculos afectivos. Sin embargo, en este período tan anhelado durante todo el año, suelen surgir problemas pueden impactar en la convivencia y el descanso.
¿Cuáles son los conflictos que pueden surgir?
De acuerdo a los expertos, uno de los más habituales es la discrepancia entre las expectativas familiares. Mientras algunos esperan grandes momentos de conexión, otros miembros del grupo pueden tener intereses diferentes, lo que genera desencuentros y frustración, en especial entre grandes y chicos.
La doctora Graciela Moreschi, médica psiquiatra (MN 41018), explicó a Infobae: “Todos están esperando esas vacaciones como el momento más deseado del año, para descansar y pasarla bien. El problema es que no para todos significa lo mismo. Por lo tanto, empieza a haber conflictos en cuanto a qué es esto de descansar y cuáles son las expectativas que hay para cada uno”.

De acuerdo a lo expresado por la licenciada Ayelén Agüero, miembro del equipo de Psicoterapia de INECO en una nota de Infobae, se pueden observar los siguientes conflictos:
- Vacaciones “muy aceleradas” que replican el día a día.
- No se coincide con las ilusiones que los otros guardaron para los días de descanso.
- El diálogo con un otro vuelve a la configuración diaria: corto y apurado.
- La intención de parte de los padres de recuperar el “tiempo perdido”, que suele no coincidir con la misma percepción de parte de los hijos.
El abc de los conflictos

Sabina Alcarraz, psicóloga clínica y psicoterapeuta, señaló a Infobae que es importante tener en claro que “no somos familias acostumbradas a convivir veinticuatro por siete las actividades que tienen los chicos. Las vacaciones es un momento que nos lleva a esta convivencia y esto genera también conflictos y algún momento de tensión por varios aspectos».
Y destacó que lo primero a considerar son las expectativas que cada miembro de la familia tiene en cuanto a descanso, relax, actividades y salidas. “A veces, depende de las edades de los chicos, si hay hijos en la familia. También las parejas, siendo dos personas, qué expectativas existen. Cuando se trata de una pareja y de adultos, siempre es mucho más fácil generar un acuerdo. Cuando es una familia con chicos de distintas edades, más extendida, estos acuerdos tienen que generarse previamente al momento de vacaciones, si no es bastante caótico», señaló.
Otro de los elementos a considerar es cómo son los chicos: más tranquilos, más activos, más salidores, más sociales, refirió Alcarraz. “Esto genera conflicto con los padres, por la puesta de límites, con la utilización de redes sociales, cuánto tiempo estar conectados en pantalla versus más actividades al aire libre, más de playa, más de juego, más lúdicas. Ese es un tema importante a tener en cuenta».

Otro tema son los espacios, indicó la psicóloga: “Cuando vamos a la casa de vacaciones no contamos con el mismo espacio físico, no tenemos la misma comodidad y eso hace que la privacidad de cada uno de los miembros de la familia se vea resentida. Muchas veces también la privacidad de la pareja en relación a los hijos se ve afectada, que no son solamente los hijos, sino que ellos traen amigos y hasta puede llegar familia más lejana. Esto hace que, al ser un grupo cada vez más multitudinario, la probabilidad de tener conflictos sea cada vez mayor», advirtió la experta.
Incluso se habla técnicamente de un burnout parental de vacaciones, dijo Alcarraz: “Muchas veces en consulta dicen: ‘Después de las vacaciones con los chicos necesito otras vacaciones solo o en pareja’. O, a tono de broma, afirman ‘necesito un spa después de estas vacaciones’, porque se tornan muy intensas, con muchas actividades de los chicos, llevarlos y traerlos de distintas fiestas. Los padres tienen que oficiar un poco de Uber y se pierde el espacio personal”, resaltó la experta.
Otro tema clásico son los horarios y rutinas: para levantarse, para ir a la playa, qué otras actividades hacer. “Todo este tipo de situaciones, en general, producen cierta tensión y conflicto. La recomendación principal es poderlo conversar antes, generar pactos que, a veces, hay que volver a conversar y a reencuadrar, pero que ya esté hablado», afirmó Alcarraz.

Lo mismo si van a invitar amigos: “Qué días, cuántos días, a quiénes, cuántas personas. Dejar esto en claro y conversado previamente aliviana muchísimo y hace que este periodo de vacaciones sea más disfrutable, porque si no quedamos inmersos en una vorágine de muchas actividades, peleas, discusiones que generan estrés».
Finalmente, la psicóloga comentó que es fundamental saber que existen estos conflictos, que “son muchas veces tensiones y roces de convivencia de la vida cotidiana. Nada grave, pero si no les ponemos límite, si no los encuadramos previamente, puede hacer que estos días no sean de un disfrute tan pleno y efectivo como precisamos, porque tanto los niños, los adolescentes como los adultos necesitamos ese momento de desconexión a nivel cerebral, neurobiológico, para hacer ese refresh y después iniciar el año realmente energizados y potenciados».
Finalmente, resumió: “Las vacaciones son un tiempo que hay que cuidar, hay que tratar de mantener estas preferencias, mediar con el resto de la familia. Los que somos padres sabemos que no es una tarea sencilla, pero tenemos que lograrlo y, año a año, cuando los chicos crecen, vamos consiguiendo mayor autonomía como padres, como pareja, cuando ellos se independizan más. Vamos adquiriendo otras dinámicas a nivel familiar, también en vacaciones”.
Recomendaciones de expertas

De acuerdo a la doctora Moreschi, lo más importante en vacaciones es poder independizarse y sentir que uno puede hacer lo que quiere sin estar obligando a los otros, resaltó.
“Eliminar esto de ‘tenemos que estar juntos todo el tiempo’. No. Debemos poder cada uno hacer lo que queremos y tener un espacio en común, que es un rato al día para estar juntos. Esta sería mi recomendación especial. Después están los chicos. Si están aburridos, también se arruinan las vacaciones. Por lo tanto, tratar de invitar chicos, gente y hacer algo para que los pequeños estén entretenidos”.
Por su parte, Alcarraz remarcó la importancia de la conversación previa: “Horarios, visitas, amigos, familia extendida, rutinas, hacer una puesta en común de las preferencias, tratando de contemplar de alguna forma los gustos de todos, lo cual no es fácil, pero tratar de amalgamar esto”.

La experta también recomendó bajar el tiempo en pantalla, el juego online, de la exposición a redes, “porque muchas veces los chicos se juntan con amigos para jugar online, para ver redes, para hacer rachas de TikTok. Es un momento muy interesante para realizar una especie de detox de redes y de conectividad digital, que genera mucho bienestar a nivel cerebral y neuropsicológico».
Alcarraz destacó que hay que tener en claro cuál es el objetivo de las vacaciones: “Es tiempo de estar juntos, de calidad, en familia. El clima cálido nos ayuda en estas latitudes a pensar en playa, deporte, actividades al aire libre, caminatas, salir en bicicleta, caminatas conscientes, el mindful walking. Proponer actividades divertidas, lúdicas, que a los chicos les gusten y que puedan desplegar su creatividad, con contacto con la naturaleza, con lo verde, con el agua, con lo que nos ayuda a reconectar con nuestra esencia, a volver a nuestro eje, a bajar estrés y ansiedad. Es un momento privilegiado para poner en práctica todas estas herramientas y compartir un momento de calidad en familia», concluyó.