Argentina obtuvo valores más altos que la media mundial en felicidad, satisfacción vital y sentido de vida, según el Secure Flourishing Index de Harvard

¿Qué es la argentinidad? ¿Es “tener aguante”, “no bajar los brazos” y repetir que “lo primero es la familia”? Conceptos que se transmiten desde hace décadas de generación en generación, parecen ser banderas de resiliencia y capital social simbólico que afectan, de forma positiva, la percepción de felicidad y satisfacción personal.

Hoy, la evidencia científica muestra que Argentina supera el promedio global en 10 de 12 indicadores clave de bienestar, según un estudio internacional coordinado por la Universidad Austral junto a equipos de la Universidad de Harvard y Baylor.

Los datos surgen de los indicadores evaluados por el Secure Flourishing Index, una herramienta que mide el florecimiento humano en múltiples dimensiones. Estos resultados provienen del Estudio Global sobre el Florecimiento (Global Flourishing Study) de Harvard, la mayor investigación longitudinal sobre bienestar realizada hasta la fecha, que releva a más de 200.000 personas en 22 países.

La investigación global incluyó participantes de Argentina, Australia, Brasil, China (Hong Kong), Egipto, Alemania, India, Indonesia, Israel, Japón, Kenia, México, Nigeria, Filipinas, Polonia, Turquía, Sudáfrica, España, Suecia, Tanzania, Reino Unido y Estados Unidos.

Los resultados globales preliminares se publicaron en varias revistas del grupo Nature y fueron analizados por Infobae el año pasado.

El análisis sobre Argentina, liderado por investigadores de la Universidad Austral en colaboración con equipos de Harvard y Baylor, fue publicado recientemente en la revista International Journal of Wellbeing.

Los indicadores que explican más que la felicidad

Los investigadores describieron los hallazgos como la “paradoja del bienestar argentino»: la población local muestra niveles altos de bienestar psicológico y social que conviven con fragilidad socioeconómica.

Ante la consulta de Infobae, la investigadora Claudia Vanney, directora del Instituto de Filosofía de la Universidad Austral y coautora del estudio, sugirió que los factores que contribuyen al bienestar de los argentinos, especialmente si se lo compara con otros países, son múltiples: “Argentina es, en general, un país sin grandes catástrofes naturales ni climas extremos, con amplias posibilidades de contacto con la naturaleza. Tampoco enfrenta conflictos armados ni fuertes divisiones raciales o religiosas”.

Estas características, junto al acceso relativamente amplio a educación y salud, configuran un entorno que favorece el bienestar personal y social.

La paradoja del bienestar argentino muestra altos niveles de satisfacción y salud mental a pesar de la fragilidad socioeconómica del país (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Secure Flourishing Index (SFI) pretende configurar una visión más completa del bienestar, que incluye las relaciones, el sentido vital y la salud mental. El análisis sostiene que factores como las relaciones sociales, la espiritualidad y el sentido de propósito tienen un peso igual o incluso superior al de los ingresos o el empleo en la percepción de felicidad.

El índice SFI utilizado para evaluar el bienestar, integra cinco dimensiones clave del florecimiento humano y contempla 12 indicadores específicos:

  • Bienestar psicológico: Felicidad, satisfacción con la vida, sentido vital, propósito y salud mental autopercibida
  • Bienestar social: Conexión social subjetiva y satisfacción con las relaciones
  • Carácter y conductas prosociales: Promoción del bien y gratificación diferida
  • Salud física y comportamientos de salud: salud física autopercibida
  • Resultados socioeconómicos: Preocupación financiera por gastos cotidianos. preocupación material por seguridad, alimentación o vivienda.

Las razones que construyen el bienestar argentino

Según el Global Flourishing Study, “florecer” significa alcanzar un estado en el que todos los aspectos de la vida de una persona son buenos, tanto en lo objetivo (salud, ingresos, empleo, seguridad) como en lo subjetivo (sentido vital, relaciones, percepción de bienestar) (Imagen Ilustrativa Infobae)

El índice fue aplicado en una muestra nacional de 6.724 adultos y permitió comparar el bienestar argentino con otros 21 países.

De acuerdo con la Universidad Austral, los adultos argentinos superan la media internacional en diez de los doce indicadores evaluados.

Entre las dimensiones donde Argentina se ubica por encima del promedio global figuran la felicidad (7,36 frente a 7,00), la satisfacción con la vida (7,22 sobre 6,85), el sentido (7,92 vs. 7,39) y el propósito vital (7,92 frente a 7,65), así como una autoevaluación de la salud mental más alta (7,87 vs. 7,71).

En el plano social, la conexión subjetiva alcanza 7,81 puntos y la satisfacción con las relaciones llega a 8,04, ambas superiores a la media global (7,55 y 7,71 respectivamente).

Los indicadores prosociales también sobresalen: promover el bien obtiene 8,63 puntos y gratificación diferida 8,12, cifras superiores al estándar internacional (8,01 y 7,45).

Factores que explican la “paradoja del bienestar argentino”

La solidaridad, la resiliencia y el capital social simbólico aparecen como claves del bienestar y la identidad nacional argentina según el informe global (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigación identifica varios elementos contextuales que ayudan a entender el resultado argentino. Entre ellos, el acceso gratuito a educación, la cobertura universal del sistema público de salud y la fortaleza de las redes familiares y comunitarias.

A estas condiciones se suman “la ausencia de grandes conflictos internos, la posibilidad de residir cerca de la naturaleza y una sólida cohesión social histórica”, según detalló la investigadora de la Universidad Austral.

Vanney puntualizó: “A esto se suma que, pese a sus limitaciones, el sistema público garantiza un acceso relativamente amplio a la educación y a la salud. Todo este conjunto de condiciones configura un entorno que, en muchos aspectos, favorece el bienestar personal y social”.

Un ejemplo representativo, según Vanney, es lo que mucho consideran un baluarte de la argentinidad: el valor otorgado a los vínculos sociales.

“La importancia que los argentinos suelen dar al tiempo compartido con otros. Reunirse a comer con la familia o con amigos, por ejemplo, rara vez se percibe como una pérdida de tiempo. Al contrario, esos encuentros suelen ocupar un lugar central en la vida cotidiana y funcionan como espacios de apoyo, disfrute y contención, incluso en contextos de dificultades materiales”, describió la investigadora.

El estudio también resaltó que la incidencia de pobreza y crisis económicas en Argentina se ha visto parcialmente amortiguada por la acción de entidades religiosas, como la Iglesia Católica, que ha actuado como intermediaria entre el Estado y los sectores más vulnerables, con ayuda en servicios sociales básicos en zonas desfavorables.

Según la World Values Survey citada en el informe, la Iglesia Católica es una de las pocas instituciones que ha sostenido la confianza de la mayoría de los argentinos desde 1984 hasta la actualidad.

Fragilidades socioeconómicas y contrastes

Las dimensiones socioeconómicas, como la preocupación por gastos y vivienda, se posicionan significativamente por debajo de los promedios internacionales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Donde Argentina muestra sus mayores debilidades es en los factores socioeconómicos. La preocupación financiera por los gastos cotidianos fue puntuada en 3,96 y la preocupación material por seguridad, alimentación o vivienda en 3,79, ambas significativamente inferiores al promedio global (5,59 y 5,89, respectivamente).

Según el estudio, estos resultados reflejan una marcada percepción de incertidumbre económica y sensación de inseguridad.

Vanney señala que en las dimensiones socioeconómicas, Argentina queda muy por debajo del promedio general, lo que permite plantear una hipótesis de compensación cultural y social. Esta brecha refuerza la paradoja argentina, donde altos niveles de bienestar subjetivo coexisten con evidencia de fragilidad socioeconómica.

El estudio enfatiza que, aunque alcanzar un nivel mínimo de bienestar económico es un prerrequisito para el florecimiento, la relación entre ambas dimensiones no es lineal.

Religiosidad y bienestar: hallazgos del estudio

Las dimensiones socioeconómicas, como la preocupación por gastos y vivienda, se posicionan significativamente por debajo de los promedios internacionales (Freepik)

La relación entre religiosidad y bienestar constituye un aspecto central del estudio de la Universidad Austral.

“Los adultos argentinos que se identifican como cristianos presentan niveles más altos de florecimiento en comparación con personas no religiosas que comparten características demográficas similares. Asimismo, una mayor frecuencia de asistencia a servicios religiosos se asocia con niveles más elevados de florecimiento”, afirmó Vanney.

El estudio indica que quienes asisten a servicios religiosos más de una vez por semana logran mayores índices de satisfacción vital, propósito y sentido en la vida respecto a quienes no participan en actividades religiosas. Por su parte, los adultos no religiosos muestran niveles más bajos de bienestar subjetivo, mientras que no se observan diferencias relevantes en salud física autopercibida ni en la percepción de inseguridad o carencias materiales entre estos grupos.

Vanney aclara que la dimensión religiosa no es el único factor relevante para explicar el bienestar argentino: “El hecho de haber analizado la dimensión religiosa no significa que sea el único factor ni necesariamente el más importante para explicar ese fenómeno. Elegimos estudiar esa variable porque, a diferencia de muchos otros países, en Argentina la población se distribuye principalmente en dos grandes grupos: los cristianos —incluyendo católicos y otras iglesias cristianas— y las personas sin religión”.

En cuanto al análisis internacional, Vanney remarcó: “Los argentinos mostraron niveles relativamente más altos de florecimiento que el promedio de los países evaluados en la dimensión que el estudio de Harvard denomina ‘virtudes y carácter’. Esta dimensión evalúa aspectos como la disposición a promover el bien y la capacidad de postergar gratificaciones inmediatas”.

Este resultado sugiere que rasgos como la solidaridad y la resiliencia, así como la capacidad de sobreponerse a las dificultades, forman parte del capital social argentino.

El estudio también reconoce que el contexto argentino presenta limitaciones para la generalización de los resultados: la muestra sobre-representa a la población con menor nivel educativo y sub-representa a los sectores con educación superior. Además, existen diferencias regionales en la religiosidad y en los modelos productivos y políticos del país, lo que sugiere la necesidad de futuros análisis subnacionales para captar la diversidad social argentina.