
Una manada de potrillos que creció junto a sus madres después del destete mostró cambios profundos en su cuerpo y cerebro.
Un nuevo estudio se publicó en la revista Nature Communications. Se comprobó que ese tiempo extra de contacto materno impacta en la salud física, la sociabilidad y el desarrollo cerebral de los caballos jóvenes.
La presencia materna prolongada se revela como un factor clave para el bienestar animal y la adaptación al entorno.
El equipo científico observó que los potrillos que permanecieron con sus madres ganaron más peso, exploraron más y se integraron mejor al grupo.

Además, esos animales mostraron mayor conectividad en la red cerebral DMN, mejor sociabilidad y niveles más altos de lípidos en sangre.
Los investigadores de la Universidad de Tours, el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) y el Instituto Nacional de Investigación para la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente (INRAE), en Francia, lideraron el trabajo junto a especialistas del laboratorio NeuroSpin de la Universidad Paris-Saclay y la Clínica Veterinaria de la Nouvetière.
El lazo materno deja su marca

La investigación surgió de un interrogante: ¿qué pasa si los potrillos mantienen el contacto con la madre más allá de los seis meses? En libertad, los caballos suelen conservar ese vínculo durante más de un año.
Bajo manejo humano, el destete ocurre a los seis meses o antes, pero los efectos de esta separación no se conocían en detalle.
El objetivo central fue analizar si ese tiempo extra con la madre influye en la maduración cerebral, la capacidad de socializar y la eficiencia metabólica.

El equipo combinó imágenes cerebrales, observaciones de comportamiento y análisis fisiológicos para comparar potrillos criados con y sin su madre.
El ambiente social temprano, según la hipótesis, no solo modela la conducta sino que también organiza la estructura y el funcionamiento del cerebro. Por eso, el protocolo del estudio fue integral y contempló todos los aspectos del crecimiento de los potrillos.
Los científicos aclararon que la red DMN, observada en los caballos, cumple funciones similares en humanos y está asociada al desarrollo de competencias sociales y emocionales.
Crecer con la madre cambia la biología equina

El experimento incluyó 24 potrillos Welsh nacidos en la Unidad Experimental de Fisiología Animal del INRAE, en Francia.
Se formaron dos grupos: uno mantuvo la madre hasta los trece meses, el otro fue separado a los seis. Ambos convivieron con adultos y pares de la misma edad.
Se realizaron resonancias magnéticas, pruebas de comportamiento y análisis de sangre durante siete meses.
Los potrillos con madre mostraron mayor concentración de materia gris en regiones cerebrales asociadas a la sociabilidad y la regulación emocional.
“El peso ganado fue mayor en los animales del grupo con madre, aunque pasaron menos tiempo alimentándose”, señalaron los investigadores.

En el plano fisiológico, los animales con madre presentaron niveles más altos de colesterol y triglicéridos, y menor concentración de cortisol, la hormona del estrés.
Las pruebas de comportamiento revelaron mayor exploración, mejor descanso y mayor interacción social en los potrillos que mantuvieron el vínculo materno.
El equipo desarrolló además un atlas cerebral específico para caballos y protocolos de resonancia que facilitan futuras investigaciones en neurociencia animal.
Repensar el bienestar animal

Los investigadores proponen revisar las prácticas de destete en la cría equina. Consideran que preservar el contacto materno puede aportar beneficios a largo plazo para el bienestar y el desarrollo de los caballos.
Como no fue posible aislar completamente el efecto del sexo, ya que machos y hembras vivieron separados, los científicos recomiendan que se hagan seguimientos más investigaciones.
Crecer junto a la madre deja una marca positiva en la salud y el desarrollo, lo que invita a repensar el manejo animal y a colocar el bienestar equino en el centro de la crianza.