
En Inglaterra, científicos de la Universidad de Chichester publicaron en la revista Lifestyle Medicine una investigación que analizó los beneficios emocionales de la exposición al agua fría en estudiantes con síntomas de depresión.
El estudio, realizado con 121 voluntarios, evaluó cómo el contacto breve con agua fría puede influir en el estado de ánimo; para ello, los participantes se dividieron en cuatro grupos, tres de los cuales experimentaron inmersiones en agua de mar a 13,6 °C (56,5 °F) con duraciones de cinco, diez y veinte minutos, respectivamente, mientras que el cuarto grupo sirvió como referencia sin someterse a la exposición.
Los voluntarios completaron cuestionarios sobre su estado de ánimo antes y después de cada sesión, identificándose mejoras inmediatas tras la inmersión. Además, se comprobó que la mejoría del ánimo fue efectiva en todos los grupos que se expusieron al agua fría, sin que las inmersiones más largas aportaran ventajas adicionales.
De acuerdo con el equipo de científicos, el efecto positivo apareció en el grupo de cinco minutos y se mantuvo en los de mayor duración, pero no se observaron diferencias estadísticamente significativas entre los distintos tiempos de exposición.
Mecanismos biológicos y advertencias
El artículo plantea posibles explicaciones para los resultados. Los autores indican que la respuesta inicial al estrés de la inmersión podría provocar la liberación de endorfinas y otros neuroquímicos relacionados con el bienestar.
El estudio sugiere que la activación del sistema nervioso simpático, junto con el predominio posterior del sistema parasimpático, contribuye a un estado de relajación y ánimo positivo.

Según la publicación en el diario brasileño O Globo, los científicos destacaron que la inmersión en agua fría se considera segura para personas sanas, aunque advirtieron sobre la necesidad de precaución en quienes presentan problemas de salud previos.
En ese sentido, explicaron que el procedimiento puede resultar riesgoso para quienes tienen afecciones cardíacas o respiratorias, por lo que se recomienda consultar a profesionales antes de adoptar la práctica.
Los datos del estudio se obtuvieron en condiciones controladas y con seguimiento médico, y eso limita la extrapolación de los resultados a la población general. Los autores subrayaron que los beneficios observados no sustituyen el tratamiento médico de la depresión y que la exposición al agua fría debe considerarse una herramienta complementaria para mejorar el bienestar emocional.
Reacciones y contexto internacional
La publicación del estudio generó interés en la comunidad científica y entre quienes buscan prácticas alternativas para mejorar la salud mental. Conforme a la información del diario brasileño, la tendencia de utilizar agua fría para estimular el ánimo y la energía se extendió en los últimos años, con defensores que atribuyen efectos positivos al contacto breve con bajas temperaturas.

Por su parte, las autoridades sanitarias recomendaron prudencia frente a la popularización de la inmersión en agua fría. Las guías internacionales señalan que la exposición controlada puede aportar beneficios, pero requiere supervisión y adaptación progresiva, sobre todo para personas no acostumbradas o con antecedentes de enfermedades crónicas.
Desde la Universidad de Chichester se aclaró que la investigación se centró en jóvenes adultos con síntomas depresivos leves y sin enfermedades graves. Los resultados aportan al conocimiento sobre el impacto de factores ambientales en la salud mental, aunque los especialistas insisten en la importancia de mantener un enfoque integral para la prevención y el tratamiento de los trastornos del ánimo.
Beneficio inmediato y límites de la práctica
El estudio británico aporta pruebas sobre la capacidad de la exposición breve al agua fría para inducir mejoras inmediatas en el estado de ánimo. El hallazgo refuerza la tendencia global a explorar intervenciones simples y accesibles para aliviar síntomas emocionales, en un contexto de creciente preocupación por la salud mental en la juventud.
Según los datos publicados, solo cinco minutos de contacto con agua fría bastan para activar mecanismos biológicos asociados con el bienestar emocional. Los científicos destacaron que la práctica debe realizarse bajo condiciones seguras y no reemplaza los tratamientos médicos.














