Una encuesta a 5.000 adultos mayores de cuarenta años revela hábitos y señales clave del envejecimiento cotidiano.

El envejecimiento es un proceso ineludible que atraviesa a todas las personas, independientemente de sus circunstancias. Se trata de una transformación progresiva que abarca tanto el cuerpo como la mente y la manera de relacionarse con el entorno. Aunque cada uno lo vive a su modo, hay señales y hábitos que, de forma casi universal, marcan el paso de los años y reconfiguran la vida cotidiana, las prioridades y el sentido de identidad.

En este contexto, una investigación reciente busca arrojar luz sobre los aspectos más reconocibles de la madurez. Según publicó el diario británico Daily Mail, la organización American Pistachio Growers, en alianza con el actor John Thomson, encuestó a 5.000 personas mayores de cuarenta años. El objetivo fue identificar cuáles son los signos que los propios adultos consideran indicativos de que la juventud ha quedado atrás y que una nueva etapa comienza a instalarse.

Las primeras señales del paso del tiempo suelen manifestarse de forma clara en el plano físico. Más de un tercio de los encuestados reconoció que las molestias persistentes y los dolores recurrentes son los indicios más evidentes del envejecimiento. El cuerpo comienza a enviar mensajes que antes no existían o que pasaban desapercibidos. Muchas personas, por ejemplo, relataron que notaron que ya no eran tan jóvenes cuando, al agacharse, dejaron escapar un quejido involuntario.

El sueño también se transforma. Un 12 % de los participantes en el estudio indicó que acostarse temprano y despertarse antes, especialmente a las seis de la mañana, es un cambio notorio que acompaña la madurez. Este ajuste en los horarios, ligado a las sensaciones físicas, se instala como una de las primeras rutinas que diferencia a quienes atraviesan la mediana edad de los más jóvenes.

El 36% de los encuestados identifica dolores físicos y molestias persistentes como principales signos del envejecimiento (Imagen Ilustrativa Infobae)

A continuación, aparecen otros cambios en las rutinas diarias que, aunque menos perceptibles, consolidan la idea de que el tiempo no pasa en vano. El interés por organizar mejor el hogar, el deseo de tener más control sobre las pequeñas actividades cotidianas y la inclinación a buscar comodidad y practicidad se hacen cada vez más presentes. Por ejemplo, la emoción al comprar un electrodoméstico nuevo o la costumbre de consultar el pronóstico del clima varias veces al día forman parte de estos nuevos hábitos.

Paralelamente, se observa un creciente disfrute de actividades en el hogar, como la jardinería o los proyectos de bricolaje. Estos pasatiempos ganan terreno frente a otros intereses y se convierten en fuente de satisfacción y bienestar. En la misma línea, la elección de entretenimientos más tranquilos, como la radio o los podcasts, desplaza la música de club y otros estímulos intensos propios de la juventud.

Cuando las personas salen de casa, las preferencias sociales también evidencian esta inclinación por entornos calmos. Los ambientes tranquilos y los bares silenciosos se vuelven la opción predilecta para quienes buscan evitar el bullicio y la energía de las multitudes. Un 39 % de los consultados prefiere una bebida tranquila a una salida nocturna agitada, y una proporción similar prioriza la comodidad sobre la tendencia.

A su vez, la percepción sobre la música y las tendencias actuales sufre una transformación. Muchos encuestados admiten que la música nueva no les resulta tan atractiva como la de antes, y que seguir las tendencias ya no es una prioridad. El desinterés por la moda se instala: el 35 % de los mayores de cuarenta años afirma que dejó de prestar atención a las novedades, y la comodidad se vuelve la regla.

Un 39% prefiere ambientes calmos y bares silenciosos frente a la energía de las multitudes, reflejando nuevas preferencias sociales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una de las consecuencias más visibles de la madurez es el aumento de la conciencia sobre la salud y la búsqueda de hábitos de autocuidado. El 60 % de los participantes afirma ser más atento a su bienestar físico ahora que en el pasado. Los cambios en los hábitos de consumo acompañan este proceso, priorizando productos y alimentos que contribuyen a una mejor calidad de vida. El 36 % aseguró que adoptó nuevas rutinas para sentirse más joven, como tomar vitaminas, elegir snacks saludables o aumentar la ingesta de proteínas.

En cuanto a la autoestima y la actitud positiva hacia el envejecimiento, el estudio revela que solo el 36 % de los encuestados se considera “viejo”. Un 27 % sostiene que ahora se siente más cómodo consigo mismo que en su juventud, y el 18 % de los mayores de treinta años manifiesta mayor satisfacción con la vida actual. La actitud positiva y el deseo de abrazar la experiencia, reírse de las realidades del envejecimiento y hacer pequeños cambios forman parte de la nueva mentalidad que se consolida con el paso del tiempo.

Finalmente, existen una serie de actitudes propias del envejecimiento, que de niños solíamos observar en adultos con una mezcla de gracia y asombro, y que hoy se nos hacen cada vez más familiares: La relación con la tecnología se vuelve más compleja, con muchos adultos sintiéndose confusos frente a la inteligencia artificial. La dificultad para reconocer figuras populares actuales es otro signo que mencionan los encuestados. Las conversaciones sobre política se vuelven más frecuentes, y el uso de frases nostálgicas como “en mis tiempos” o “¿recuerdas cuando…?” aparece cada vez más en los diálogos, manifestando la tendencia a añorar el pasado.

En última instancia, los especialistas consultados invitan a ver la madurez como una oportunidad y no solo como una etapa de limitaciones. John Thomson, vocero del estudio, anima a vivir plenamente y a reírse de los cambios, mientras que el nutricionista Rob Hobson subraya la importancia de la alimentación, la actividad física y el descanso. Suzanne Devereaux-McKinstrie, portavoz de la organización, considera que la edad es el momento ideal para explorar nuevas aficiones y priorizar el bienestar personal, señalando que pequeños gestos, como elegir pistachos como tentempié, pueden contribuir a mantenerse fuerte y vital frente a los desafíos de la vida adulta.