
Un mareo repentino, dificultad para hablar o la pérdida de fuerza en un brazo pueden parecer síntomas pasajeros. Muchas veces, desaparecen en pocos minutos y se dejan pasar sin consultar a un médico. Sin embargo, estos episodios pueden ser la señal de advertencia de un ataque isquémico transitorio (AIT), una alteración temporal en la circulación del cerebro.
Aunque los síntomas se resuelven por completo, el AIT indica que existe un riesgo elevado de sufrir un accidente cerebrovascular (ictus) en los días siguientes.
Instituciones como Harvard Medical School y el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares (NINDS) de Estados Unidos advierten que entre un 10% y un 18% de quienes sufren un AIT presentan un ictus en los siguientes 90 días, y que la mitad de esos casos ocurre durante las primeras 48 horas. Por eso, reconocer estos síntomas y buscar atención médica inmediata puede marcar la diferencia.
¿Qué es un ataque isquémico transitorio?
El AIT responde a una disminución temporal del flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro, lo que genera síntomas neurológicos súbitos que desaparecen por completo en menos de 24 horas. Estos episodios pueden incluir debilidad en un lado del cuerpo, dificultad para hablar o pérdida transitoria de la visión.
Según el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares (NINDS), el principal peligro del AIT radica en que, al remitir espontáneamente, muchas personas no consultan a un médico y se pierde la oportunidad de prevenir un evento mayor.

Expertos de Harvard subrayan que, aunque el AIT no deja lesiones visibles, constituye un aviso directo sobre la posibilidad de un ictus inminente.
Riesgo de ictus tras un AIT: cifras y advertencias internacionales
Estudios publicados en 2025 por la revista JAMA, el NIH y la American Heart Association (AHA) confirman que el riesgo de ictus tras un AIT varía entre 2% y 10% a los 2 días, entre 5% y 17% a los 90 días y alcanza un 12,5% a cinco años.
El riesgo es especialmente alto en las primeras 48 horas, periodo en el que se concentra más de un tercio de los episodios recurrentes. El análisis más reciente, realizado sobre una cohorte internacional de más de 170.000 pacientes, señala que el riesgo de ictus después de un AIT o un ictus menor es de 5,9% en el primer año, 12,8% en cinco años y casi 20% en diez años.

La evidencia reciente también confirma que la atención médica rápida (“fast-track care”) puede reducir el riesgo de accidente cerebrovascular en los 90 días posteriores al AIT a menos del 3% en centros especializados, frente a cifras históricas del 10% al 18%.
Entre los factores que aumentan el riesgo de sufrir un ictus después de un AIT se encuentran la edad avanzada, la hipertensión arterial, la diabetes, la presencia de múltiples AIT, las alteraciones en neuroimágenes y los antecedentes de enfermedad cardíaca.
El NIH sostiene que una intervención temprana con antitrombóticos, control estricto de la presión arterial y modificación de factores de riesgo permite reducir el riesgo de accidente cerebrovascular grave en un 80%.
Reconocer los síntomas: método FAST y señales de alarma
La identificación temprana del AIT se basa en el reconocimiento de signos como asimetría facial, debilidad en un brazo, dificultad para hablar y la necesidad de buscar ayuda médica urgente (método FAST). Otros síntomas posibles son pérdida súbita de visión, visión doble, vértigo, problemas para caminar, dificultad para tragar, confusión o entumecimiento en un lado del cuerpo.
La American Heart Association recomienda acudir de inmediato ante cualquiera de estos síntomas, dado que la rapidez en la atención puede evitar complicaciones graves.

Toda alteración neurológica transitoria debe evaluarse como un posible ictus hasta que un médico lo descarte. El diagnóstico requiere examen clínico, estudios de imágenes y control de factores de riesgo. Las guías de Harvard y la AHA aconsejan tratamiento preventivo con antitrombóticos y medidas para controlar la presión arterial, el colesterol y la glucosa.
Ignorar un AIT puede derivar en secuelas graves o muerte. Consultar de inmediato ante cualquier síntoma neurológico transitorio permite reducir el riesgo de ictus y mejorar la recuperación. La prevención secundaria es una prioridad para las principales instituciones médicas internacionales.