
El uso de rodilleras personalizadas puede generar una mejora modesta pero significativa en el dolor, la movilidad y la calidad de vida de personas con artrosis de rodilla. Así lo concluye el mayor estudio independiente realizado hasta el momento sobre este tipo de dispositivos, publicado en el British Medical Journal (BMJ) y coordinado por investigadores de la Universidad de Keele, en el Reino Unido.
La investigación aporta evidencia sólida sobre una alternativa de bajo riesgo dentro del autocuidado y el tratamiento no farmacológico, especialmente cuando el uso de la rodillera se mantiene de manera constante y acompañado por ejercicio y orientación profesional.
La artrosis de rodilla es una de las causas más frecuentes de dolor crónico y limitación funcional en adultos. Según datos citados por la Universidad de Keele, afecta aproximadamente a 1 de cada 5 personas mayores de 45 años. Los síntomas incluyen rigidez, inflamación, dificultad para caminar, subir escaleras o permanecer de pie durante períodos prolongados, lo que impacta de forma directa en la autonomía y la calidad de vida.

A pesar de su alta prevalencia, existen relativamente pocos ensayos clínicos de gran escala que evalúen con rigor el beneficio real de dispositivos como las rodilleras. Esta falta de evidencia motivó el diseño del estudio.
Cómo se realizó la investigación
El ensayo incluyó a 466 personas diagnosticadas con artrosis de rodilla en distintos centros de atención del Reino Unido. Todos los participantes fueron evaluados inicialmente por fisioterapeutas y luego asignados de forma aleatoria a uno de dos grupos.
El primer grupo recibió un programa estándar de ejercicios, material educativo sobre el cuidado de la rodilla y recomendaciones para manejar el dolor. El segundo grupo recibió exactamente el mismo acompañamiento, pero además fue provisto con una rodillera adaptada al tipo y localización de su artrosis.

Cada participante aprendió a colocar correctamente la órtesis y contó con una consulta de seguimiento para ajustar su uso. Durante seis meses, también recibieron mensajes de apoyo y recordatorios para fomentar la adherencia al tratamiento. Los investigadores evaluaron la evolución de los síntomas mediante cuestionarios estandarizados a los tres, seis y doce meses.
Este diseño permitió comparar no solo la eficacia del dispositivo, sino también su impacto en la vida cotidiana, la movilidad y la percepción de bienestar.
Los resultados mostraron que quienes utilizaron la rodillera, además de los ejercicios, experimentaron una reducción mayor del dolor y una mejoría en la capacidad para moverse, en comparación con quienes solo realizaron actividad física.

La diferencia fue definida por los autores como “modesta pero clínicamente relevante”, lo que significa que, aunque no representa una solución definitiva ni elimina la enfermedad, sí puede marcar una mejora perceptible para muchas personas diariamente.
También se observó un aumento en los indicadores de calidad de vida, asociados a una mayor seguridad al caminar y a una menor limitación funcional. Sin embargo, los investigadores señalaron que el beneficio adicional tiende a atenuarse después del primer año, lo que refuerza la importancia de integrar la rodillera dentro de una estrategia más amplia de cuidado.
Seguridad y adherencia
Uno de los aspectos centrales del estudio fue evaluar la seguridad del dispositivo. No se registraron eventos adversos graves relacionados con el uso de la rodillera. Las molestias más frecuentes fueron leves, como irritaciones cutáneas o zonas de fricción, que en general se resolvieron con ajustes en el uso o el calce.
El análisis también mostró que los mejores resultados se observaron en las personas que utilizaron la rodillera de forma regular, siguiendo las indicaciones recibidas. Esto sugiere que la adherencia es un factor clave para obtener beneficios reales.

La profesora Melanie Holden, especialista en rehabilitación musculoesquelética de la Universidad de Keele y una de las autoras del estudio, destacó que se trata del mayor ensayo independiente que respalda el valor de las rodilleras como complemento del ejercicio y la educación del paciente. Según explicó, representa una opción de bajo riesgo que puede incorporarse al manejo personalizado de la artrosis.
Un enfoque integral para el autocuidado
Los especialistas remarcan que la rodillera no reemplaza otras estrategias fundamentales, como la actividad física, el fortalecimiento muscular, el control del peso y el acompañamiento profesional. Más bien, funciona como una herramienta adicional que puede facilitar el movimiento, reducir el dolor y favorecer la continuidad de la actividad diaria.
Si bien los beneficios no son espectaculares ni permanentes por sí solos, el trabajo amplía el abanico de opciones disponibles para quienes buscan alternativas no farmacológicas, accesibles y seguras para mejorar su calidad de vida.
En un contexto donde la artrosis representa una carga creciente para los sistemas de salud y para la población adulta, contar con intervenciones simples, de bajo costo y con respaldo científico puede marcar una diferencia relevante en el manejo cotidiano de la enfermedad.