Regular el estrés es tan importante como el entrenamiento para lograr un rendimiento físico duradero y evitar lesiones (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un cambio mínimo en los hábitos cotidianos puede marcar una diferencia decisiva entre avanzar o estancarse. Cuando el estrés se vuelve permanente, el cuerpo permanece en modo de alerta incluso antes de moverse, desregulando al sistema nervioso y afectando la respuesta física desde el primer momento.

De acuerdo con un informe de CNN, este estado de tensión sostenida reduce el rendimiento durante el ejercicio y dificulta la recuperación posterior, convirtiéndose en un freno silencioso para quienes intentan mejorar su condición física o sostener objetivos de bienestar a largo plazo.

El sistema nervioso regula la respuesta ante el estrés a través de dos ramas principales. El sistema nervioso simpático activa la llamada “respuesta de lucha o huida”: incrementa la tensión muscular, la frecuencia cardíaca y el nivel de alerta frente a amenazas reales o percibidas. En cambio, el sistema nervioso parasimpático facilita la recuperación, relaja los músculos y optimiza funciones como la respiración, la digestión y la reparación de tejidos.

El sistema nervioso simpático incrementa la tensión muscular y el nivel de alerta, condicionando el desempeño físico bajo estrés crónico (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando el estrés crónico predomina, el organismo se mantiene en modo de protección. Esto eleva la tensión muscular, restringe la movilidad, aumenta el riesgo de lesiones y altera la mecánica de los movimientos, explicó CNN.

Además, la respiración tiende a volverse superficial y acelerada, lo que contribuye a la fatiga, reduce el movimiento de la caja torácica y limita la fuerza del core, con impacto en la postura y el equilibrio.

Los niveles elevados de hormonas del estrés también afectan la calidad del sueño y la recuperación. El exceso de estas sustancias dificulta el descanso y retrasa la reparación de tejidos, ambos factores esenciales para cualquier progreso físico. La falta de recuperación adecuada puede llevar a un círculo vicioso de agotamiento y menor rendimiento, situación que afecta tanto a deportistas profesionales como a personas que buscan mantener una vida activa.

Una persona realiza una autoexploración mamaria presionando suavemente el pecho, una práctica fundamental para identificar posibles anomalías y promover la prevención del cáncer de mama. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Frente a estas dificultades, muchas personas deciden intensificar su entrenamiento. CNN advierte que aumentar el esfuerzo en estas condiciones no resuelve el problema y, de hecho, lo agrava. El sobreentrenamiento provoca músculos más rígidos y mayor sensibilidad al dolor, dado que el organismo prioriza la protección sobre el rendimiento.

Por este motivo, dos personas con rutinas similares pueden obtener resultados opuestos según el estado de su sistema nervioso y el manejo del estrés.

Regular el sistema nervioso antes del ejercicio resulta fundamental para acceder en forma eficiente a la fuerza, la coordinación y la movilidad. El equilibrio entre las ramas simpática y parasimpática permite relajarse y recuperarse adecuadamente.

CNN subraya que el objetivo no es eliminar el estrés, sino enviar señales de seguridad y establecer momentos adecuados de descanso. Además, aprender a identificar los signos de alerta del cuerpo, como la rigidez muscular o la fatiga persistente, puede ayudar a ajustar el entrenamiento y evitar lesiones.

Niveles altos de hormonas del estrés afectan la calidad del sueño y retrasan la recuperación física esencial para el progreso deportivo (Imagen Ilustrativa Infobae)

La respiración profunda es una de las técnicas más accesibles y efectivas para favorecer este proceso. Inspirar de forma pausada y exhalar largo activa la rama parasimpática, reduce la tensión muscular y disminuye la reactividad.

En ese sentido, CNN sugiere comenzar el día con seis respiraciones lentas y conscientes antes de levantarse, incorporar pausas respiratorias durante la jornada y aplicar esta técnica cuando la respiración se perciba corta o acelerada.

Por su parte, movimientos lentos, estiramientos suaves y el trabajo sobre la movilidad de la columna y la caja torácica envían señales de seguridad al sistema nervioso, disminuyen la tensión defensiva y refuerzan la confianza en el movimiento. Conviene evitar estiramientos extremos que puedan activar mecanismos de protección corporal.

El descanso y las prácticas de atención plena, como la respiración profunda y la higiene del sueño, restauran la energía y previenen el agotamiento físico (Imagen Ilustrativa Infobae)

El descanso es esencial en la regulación fisiológica. Una adecuada higiene del sueño, con rutinas previas como limitar la exposición a pantallas o mantener la habitación oscura, facilita la recuperación física y mental. CNN destaca el valor de las siestas breves para reducir el estrés, restaurar la energía y potenciar la concentración, beneficios para atletas de alto nivel y personas con un estilo de vida activo.

Prácticas destinadas al “reinicio del sistema nervioso”, como la atención plena o rutinas de reconexión mente-cuerpo, pueden incorporarse en el día a día. Según CNN, dedicar unos minutos a respiraciones profundas, movimientos controlados y atención consciente ayuda a restablecer el equilibrio interno y previene que la tensión acumulada afecte el bienestar y la progresión física.

Integrar estas estrategias a la preparación física no implica abandonar el entrenamiento exigente, sino crear el entorno fisiológico adecuado para facilitar el avance real.

Cuando el cuerpo percibe condiciones de seguridad, el esfuerzo invertido en el entrenamiento finalmente se traduce en resultados concretos y sostenibles, potenciando el bienestar tanto en la actividad física como en la vida cotidiana.