Organizar con tiempo útiles, mochilas y uniformes reduce el estrés del regreso y fomenta la responsabilidad en los niños y adolescentes - (Imagen Ilustrativa Infobae)

*Grupo INECO es una organización dedicada a la prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades mentales. A través de su Fundación INECO, investiga el cerebro humano.

El inicio del ciclo lectivo marca el fin de una etapa más flexible y descontracturada para muchas familias. Durante las vacaciones, los horarios se relajan, las rutinas cambian y las exigencias académicas quedan en pausa.

Por eso, el regreso a clases no implica solamente volver al aula, supone reorganizar tiempos, hábitos y dinámicas familiares. Para niños y adolescentes, esta transición puede generar entusiasmo, pero también ansiedad, irritabilidad o desgano. La anticipación, la planificación y el acompañamiento emocional de los adultos son claves para que el proceso sea gradual y saludable.

“La vuelta a clases es un momento sensible porque implica múltiples cambios al mismo tiempo, horarios, exigencias cognitivas, dinámicas sociales. Si los adultos acompañan con previsibilidad y escucha, la adaptación suele ser mucho más armoniosa”, explica la doctora Andrea Abadi, directora del Departamento Infantojuvenil de INECO.

A continuación, algunas recomendaciones para facilitar el regreso.

Uno de los principales desafíos es el reajuste del reloj biológico. Acostarse más tarde y dormir hasta el mediodía son hábitos frecuentes en vacaciones. Lo ideal es comenzar, al menos una semana antes, a adelantar gradualmente el horario de descanso y limitar el uso de pantallas en la noche. Dormir bien impacta directamente en la atención, el estado de ánimo y el rendimiento escolar de los niños y adolescentes.

Las rutinas no solo organizan el día, sino que también reducen la ansiedad. ¿Por qué? Porque generan un marco de previsibilidad para los chicos. La anticipación es especialmente importante en niños más pequeños.

Otra medida útil puede ser armar un calendario familiar visible con horarios de clases y actividades extracurriculares. Cuando los chicos participan de esa organización, se sienten más involucrados y responsables.

El inicio del año es una buena oportunidad para conversar sobre objetivos académicos y personales. No obstante, es importante que sean alcanzables y acordes a la edad. Más que exigir resultados inmediatos, se trata de fomentar el compromiso y la constancia.

Hay actividades extracurriculares que pueden enriquecer el desarrollo. Sin embargo, una agenda sobrecargada puede generar agotamiento. En ese sentido, el juego, el descanso y los espacios de ocio siguen siendo fundamentales para la salud emocional y cognitiva.

Escuchar sin minimizar lo que sienten niños y adolescentes es clave. Bajo estos preceptos, reconocer las emociones que surgen con el regreso es fundamental. Algunos niños pueden sentirse ansiosos, otros pueden mostrarse irritables o necesitar mayor atención.

Si el malestar persiste a lo largo del tiempo, se presentan problemas de sueño que no mejoran, angustia intensa, rechazo escolar marcado o dificultades atencionales significativas, puede ser importante solicitar una evaluación profesional. La intervención temprana facilita la detección de posibles trastornos del aprendizaje, alteraciones del estado de ánimo o cuadros de ansiedad, permitiendo actuar de manera oportuna y prevenir complicaciones futuras tanto en la esfera emocional como en el rendimiento escolar y las relaciones sociales del niño.

“Muchas veces la vuelta a clases funciona como un termómetro que visibiliza dificultades que durante las vacaciones pasaban más desapercibidas. Cuando el malestar interfiere con la vida cotidiana, consultar no es alarmarse, es cuidar”, explica la doctora Abadi.

Además, remarca: “En estos casos, la orientación a padres y las evaluaciones interdisciplinarias pueden ofrecer herramientas concretas para acompañar mejor a niños y adolescentes en su proceso escolar”.

Sin dudas, el regreso a clases puede vivirse como una oportunidad para reordenar hábitos y fortalecer dinámicas familiares saludables. Con pequeños ajustes progresivos y una mirada atenta al bienestar emocional, la transición puede convertirse en un proceso más amable para todos.