
La apendicitis permanece como una de las urgencias quirúrgicas más comunes a nivel global y representa un motivo frecuente de consulta en guardias hospitalarias. Afecta con mayor incidencia a adolescentes y adultos jóvenes, aunque puede presentarse a cualquier edad, sin distinción de sexo.
Su relevancia clínica no se vincula con el tamaño del órgano comprometido, sino con la rapidez con la que la inflamación puede desencadenar complicaciones potencialmente mortales. Si la apendicitis no recibe tratamiento oportuno, el apéndice puede romperse y liberar bacterias en la cavidad abdominal, lo que provoca una infección grave llamada peritonitis.
Expertos de Cleveland Clinic indican que el apéndice es un pequeño órgano con forma de dedo que se conecta al colon y se localiza en la parte inferior derecha del abdomen.
Durante décadas, la medicina lo consideró una estructura sin función relevante. Sin embargo, investigaciones más recientes sugieren que podría cumplir un rol en el sistema inmunológico, en especial durante las primeras etapas de la vida. Aun así, cuando el apéndice se inflama, esa posible función queda completamente eclipsada por el riesgo que representa para la salud.
¿Qué es la apendicitis?
La apendicitis fue definida por Medline Plus, la publicación de la biblioteca de Medicina de EEUU, como la inflamación aguda del apéndice y constituye una urgencia médica. Sin tratamiento oportuno, el órgano puede romperse y liberar bacterias y material infeccioso en la cavidad abdominal.
Ese proceso deriva en peritonitis, una infección grave que compromete rápidamente el estado general del paciente y puede poner en riesgo su vida.
La progresión del cuadro suele ser rápida. En muchos casos, el tiempo que transcurre entre el inicio de los síntomas y la aparición de complicaciones severas se mide en horas. Por ese motivo, los profesionales de la salud insisten en la importancia de reconocer las señales tempranas y consultar de inmediato ante la sospecha.
La apendicitis aguda es una de las causas más frecuentes de cirugía abdominal de urgencia. A lo largo de nuestra vida se cree que hasta hay un siete por ciento de desarrollarla. Cuando se presenta, constituye en general una urgencia que nos lleva a consultar a una guardia o a un servicio de emergencias”, explicó a Infobae el doctor médico Ramiro Heredia, especialista en medicina interna del Hospital de Clínicas José de San Martín de la Universidad de Buenos Aires.
¿Cómo se origina la apendicitis?

En la mayoría de los pacientes, la apendicitis se origina por una obstrucción del lumen, es decir, del conducto interno del apéndice. Esa obstrucción puede responder a múltiples causas. Entre las más frecuentes se encuentran restos fecales endurecidos, inflamaciones secundarias a infecciones gastrointestinales, pequeños tumores o incluso la ingesta accidental de cuerpos extraños. Una vez bloqueado el conducto, las bacterias que habitan naturalmente en el intestino se multiplican con rapidez dentro del apéndice.
La acumulación bacteriana genera inflamación, aumento de la presión interna y formación de pus. A medida que el órgano se distiende, la irrigación sanguínea se compromete y la pared del apéndice se debilita. Si el proceso avanza sin intervención, la ruptura se vuelve una posibilidad concreta. En ese escenario, el contenido infeccioso se disemina en el abdomen y da lugar a un cuadro mucho más complejo de tratar.
Síntomas, diagnóstico y tratamiento de una urgencia quirúrgica frecuente

Uno de los principales desafíos de la apendicitis radica en la variabilidad de sus síntomas. El signo más característico es el dolor abdominal, aunque su localización y evolución pueden diferir según la edad, el estado general del paciente y otras condiciones asociadas.
“Los síntomas más característicos son el dolor abdominal agudo, que generalmente comienza en la región del epigastrio, que es lo que le decimos, la gente dice la boca del estómago, y que se traslada en las siguientes, generalmente dentro de las siguientes doce horas, hacia el lugar que se llama fosa ilíaca derecha, que está por encima de la región inguinal derecha. Muchas veces se acompaña de náuseas o vómitos, aunque sea inicialmente, y de fiebre de bajo grado”, explicó Heredia.
El dolor suele comenzar de manera repentina cerca del ombligo y, con el correr de las horas, desplazarse hacia la parte inferior derecha del abdomen. Esa migración del dolor constituye una señal clásica que orienta al diagnóstico. A medida que la inflamación progresa, el malestar se vuelve más intenso y persistente, y suele agravarse al caminar, toser o realizar movimientos bruscos.
Junto al dolor, es frecuente la aparición de fiebre leve, náuseas, vómitos y pérdida del apetito. Algunos pacientes también presentan hinchazón abdominal, estreñimiento, diarrea o dificultad para eliminar gases. No todas las personas desarrollan el mismo conjunto de síntomas, lo que explica por qué la apendicitis puede confundirse con otros trastornos abdominales.
En niños pequeños y adultos mayores, el cuadro puede resultar aún más engañoso. El dolor puede manifestarse de forma menos localizada o con menor intensidad, lo que retrasa la consulta y complica el diagnóstico. En mujeres embarazadas, el crecimiento del útero puede modificar la posición del apéndice, y el dolor puede percibirse en zonas atípicas del abdomen.

Sospecha y diagnóstico de la apendicitis
Ante la sospecha de apendicitis, el diagnóstico comienza con una evaluación clínica detallada. El examen físico permite identificar puntos de sensibilidad y dolor a la presión en el abdomen, en especial en el cuadrante inferior derecho. Esa exploración se complementa habitualmente con estudios de laboratorio.
Los análisis de sangre permiten detectar un aumento del recuento de glóbulos blancos, un dato que sugiere la presencia de infección o inflamación. El análisis de orina resulta útil para descartar otras causas de dolor abdominal, como infecciones del tracto urinario o cálculos renales.
Las pruebas de imagen cumplen un rol clave para confirmar el diagnóstico. La ecografía abdominal suele ser el primer estudio solicitado, sobre todo en niños y mujeres embarazadas. En adultos, la tomografía computarizada ofrece una mayor precisión diagnóstica y permite visualizar el apéndice inflamado, así como detectar complicaciones como abscesos o signos de ruptura. En casos específicos, la resonancia magnética representa una alternativa segura y eficaz.

Una vez confirmado el diagnóstico, el tratamiento estándar de la apendicitis es la apendicectomía, es decir, la extirpación quirúrgica del apéndice. Esta cirugía puede realizarse mediante una técnica abierta tradicional o por laparoscopia, un abordaje mínimamente invasivo que utiliza pequeñas incisiones y una cámara para guiar el procedimiento.
La laparoscopia se asocia con una recuperación más rápida, menor dolor postoperatorio y un riesgo reducido de infecciones y cicatrices visibles. Por ese motivo, fue la técnica de elección en muchos centros médicos, siempre que las condiciones del paciente lo permitan.
“Respecto a una operación de apendicitis, lo que ha cambiado últimamente es la técnica laparoscópica, que hace que uno tenga menor impacto sobre la pared, menor dolor. Entonces, el paciente se va de alta más rápidamente. Pero la complejidad de la cirugía es la misma. Es más, la apendicectomía laparoscópica no está aprobada por muchas obras sociales debido a que tiene mayor costo y casi la misma eficiencia. Y es más, hay muchos trabajos que hablan de que hay más colecciones y abscesos postoperatorios por laparoscopía, cuando hay peritonitis, que por vía convencional”, explicó a Infobae el doctor Luis Sarotto (MN 78073), Jefe del Departamento de Cirugía en el Hospital de Clínicas de la UBA.

Casos de apendicitis grave
Cuando la apendicitis se complica y el apéndice se rompe, el tratamiento se vuelve más complejo. En esos casos, el paciente suele requerir antibióticos intravenosos, internación prolongada y, en algunos escenarios, drenaje de abscesos antes o después de la cirugía. La evolución depende del tiempo transcurrido hasta la intervención y del estado general del paciente.
A pesar de estos riesgos, el pronóstico de la apendicitis resulta muy favorable cuando el diagnóstico se realiza de manera temprana. La mayoría de las personas intervenidas logra retomar sus actividades habituales en pocos días, sin secuelas a largo plazo. Por ese motivo, los especialistas insisten en no subestimar el dolor abdominal persistente y en consultar de inmediato cuando el malestar se intensifica o se acompaña de fiebre y náuseas.
La apendicitis continúa como un recordatorio claro de que, en medicina, incluso una estructura pequeña puede desencadenar consecuencias enormes si no se actúa a tiempo.