
Así como una alimentación saludable, actividad física y sueño adecuado son claves para reforzar el sistema de defensas del cuerpo ante los microorganismos, ¿existe un sistema inmunológico para enfrentar las adversidades?
Sí, el término fue desarrollado por primera vez hacia 1990 por los psicólogos Daniel Gilbert y Timothy Wilson. Propone que disponemos de mecanismos de protección cognitivos, similares a los que nos protegen de las enfermedades físicas, para defendernos contra el estrés, la ansiedad y otros desafíos psicológicos.
Gabriela Martínez Castro(MN 18627), licenciada en Psicología y directora del Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad (CEETA), explicó a Infobae que el sistema inmunológico psicológico es una forma de llamar al conjunto de recursos mentales y emocionales que nos ayudan a afrontar el estrés, los problemas y las emociones negativas sin desbordarnos.

“Así como el sistema inmunológico del cuerpo nos protege de las enfermedades, el sistema inmunológico psicológico nos defiende del impacto emocional de lo que nos está pasando. Está formado por la capacidad de regular emociones, la forma en que interpretamos lo que nos pasa, la flexibilidad mental, la autoestima, las habilidades para pedir ayuda, el apoyo social y las estrategias para calmar el cuerpo y la mente», señaló la psicóloga.
De acuerdo con el doctor William Van Gordon, profesor asociado en Psicología Contemplativa en la Universidad de Derby, “Describe las defensas automáticas, en gran medida inconscientes, del cerebro que protegen el bienestar emocional frente a eventos negativos, de forma muy similar a cómo el sistema inmunológico físico combate los patógenos”, afirmó a HuffPost UK.
“Estos procesos nos ayudan a replantear los reveses de forma positiva, recuperar la autoestima, disminuir la intensidad y la duración de la angustia y recuperarnos más rápidamente de lo que solemos predecir”, añadió el profesor.
“A menudo sobreestimamos lo devastados que nos sentiremos después de fracasos, rechazos o pérdidas porque subestimamos este sistema de resiliencia incorporado”, explicó Van Gordon.
Cómo fortalecer el sistema inmunológico psicológico

La licenciada Martínez Castro dijo que cuando el sistema inmunológico psicológico está débil, es más fácil sentirse desbordado y rumiar, “hacer bucles con pensamientos negativos, evitar determinadas situaciones, vivir el estrés como algo insoportable, desarrollar ansiedad o ánimo bajo. No porque la persona sea débil, sino porque está sobreexigida o agotada».
Y recomendó fortalecerse con «psicoeducación, entrenamiento en habilidades emocionales, descanso y autocuidado, acompañamiento psicológico y prácticas de estrategias de regulación. Es algo que se aprende y se entrena“, afirmó la psicóloga.
La doctora Liji Thomas expresó en News Medical que el correcto funcionamiento del sistema inmunológico psicológico se asocia con la satisfacción vital y el bienestar “gracias a la salud mental y física que promueven los anticuerpos correspondientes. La esperanza de vida también se correlaciona con la inmunidad psicológica”.
Y completó: “Los anticuerpos psicológicos utilizados por estos sistemas incluyen patrones de pensamiento positivos, sensación de control, de autocrecimiento y de coherencia; autoeficacia, autoconcepto creativo, orientación a objetivos, capacidad de resolución de problemas, orientación a los desafíos y capacidad de movilización social; y sincronicidad, control de impulsos, de emociones y de la irritabilidad».

El doctor Van Gordon compartió recomendaciones para fortalecer el sistema inmunológico psicológico y mejorar así el bienestar emocional:
1. Contrarrestar el sesgo negativo natural del cerebro, procurando adoptar una visión neutral en vez de forzar el optimismo. El sesgo negativo, señala, lleva a dar mayor peso a pensamientos y experiencias negativas que a las positivas, distorsionando la percepción global de los hechos. El doctor recomendó usar herramientas de conexión con el presente: mantras como “Esto también pasará”, prácticas de gratitud, recordar momentos en los que se superaron retos similares o ejercicios de respiración diafragmática que ayuden a calmar el sistema nervioso.
2. Anclarse en el presente. “Centrar la atención en lo que es controlable en este momento para interrumpir la rumia sobre el pasado o la ansiedad sobre el futuro”, afirmó el experto. El doctor recomendó desarrollar hábitos cotidianos como la atención plena (uno o dos minutos centrada en la respiración), cuidar la calidad del sueño para recuperar la claridad cognitiva y construir rutinas que rompan el ciclo de pensamientos negativos y reactiven la motivación, entre las que citó escribir un diario por la mañana o hacer caminatas rápidas.
3. Reconectar con nuestro propósito en la vida. Diversos estudios han demostrado que tener un sentido de propósito a largo plazo brinda beneficios para la salud mental y la longevidad.

“Cuando la adversidad ataca, replantee la situación a través de sus valores fundamentales o metas a largo plazo; por ejemplo, viendo una experiencia difícil como una oportunidad para desarrollar habilidades o carácter”, continuó el doctor.
En ese sentido, practicar la autocompasión, buscar puntos de vista confiables o visualizar cómo un desafío se integra en un plan vital más amplio proporciona una mayor perspectiva y recursos internos, señaló el experto.
4. Practicar la aceptación saludable. “Permita que las emociones difíciles surjan sin reprimirlas ni negarlas, especialmente después de una pérdida o un trauma significativo”, afirmó el doctor.
Y recomendó reconocer que sentimientos como la tristeza o la ira transmiten señales importantes. “Trátese con amabilidad durante el proceso y, si la angustia persiste, considere buscar apoyo profesional en lugar de forzar el ‘pensamiento positivo’ solo”, concluyó Van Gordon.