
Al suspender los medicamentos para bajar el sobrepeso, el cuerpo recupera los kilos perdidos.
Eso implica que, en menos de dos años, la mayoría de las personas vuelve a su peso inicial previo al uso de estos medicamentos, según reveló un estudio publicado en la revista The BMJ.
El análisis incluyó medicamentos como semaglutida, tirzepatida, liraglutida, exenatida, cagrilintida, orlistat, fentermina+topiramato y lorcaserina.

También los investigadores tuvieron en cuenta el uso de naltrexona+bupropión, sibutramina, rimonabant, fentermina, topiramato, benzfetamina, dietilpropión hidrocloruro, fendimetrazina, fenfluramina y dexfenfluramina.
El trabajo fue realizado por científicos del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad de Oxford y el Centro Nacional de Investigación Biomédica de Oxford.
Revisaron 37 estudios que incluyeron a más de 9.000 adultos con sobrepeso u obesidad.
El sobrepeso que vuelve

Ya se sabía que los medicamentos para bajar de peso permiten perder hasta el 20% del peso inicial. Pero el auge del uso de fármacos como semaglutida y tirzepatida generó preguntas sobre el futuro de la obesidad. Por eso, el interés de los investigadores se centró en saber si los efectos duran.
La obesidad afecta a casi dos mil millones de adultos y aumenta el riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedades del corazón. Existen programas de cambio de hábitos, pero la llegada de los medicamentos prometía una solución más efectiva.

Los investigadores intentaron averiguar si el peso perdido se mantiene tras dejar el medicamento y si los beneficios metabólicos, como glucosa y colesterol, persisten.
Analizaron si todos los fármacos muestran el mismo patrón y cómo se compara con los programas de cambio de hábitos.
Incluyeron solo estudios con al menos cuatro semanas de seguimiento después de la suspensión del fármaco.
Medicamentos, cifras y regreso

El análisis abarcó 37 estudios y 9341 adultos que tomaron medicamentos durante al menos ocho semanas y luego los dejaron. Todos los fármacos aprobados y en uso estuvieron representados.
Los resultados muestran que la recuperación es veloz. Las personas en promedio recuperan peso a una tasa de 0,4 kg por mes después de dejar los medicamentos para bajar de peso, lo que lleva a un retorno al peso basal antes de los dos años.
Durante el tratamiento, las personas perdieron entre 8,3 y 14,7 kilos, según el medicamento. El estudio monitoreó también la glucosa, el colesterol y la presión arterial. Todos los marcadores cardiometabólicos se proyectan de regreso a los valores iniciales en 1,4 años después de la suspensión del medicamento, advirtieron los investigadores.
La velocidad fue mayor con medicamentos nuevos. Con semaglutida y tirzepatida, el retorno al peso inicial ocurrió en solo 1,5 años. Con orlistat, liraglutida, naltrexona+bupropión, lorcaserina y sibutramina, el rebote también resultó evidente.

La tasa de recuperación de peso después de dejar los medicamentos para bajar de peso fue más rápida que después de los programas de cambio de comportamiento. Quienes abandonaron intervenciones conductuales recuperaron solo 0,1 kg al mes.
Otra cuestión que advirtieron fue que la mitad de los pacientes deja el medicamento en el primer año. Este hallazgo revela un reto para quienes buscan resultados duraderos.
Precauciones y futuro

El equipo recomendó precaución con el uso corto de estos fármacos y destacó la importancia de un acompañamiento integral para sostener los resultados. Los beneficios sobre el peso y la salud metabólica desaparecen con rapidez si no existe un plan posterior.
Igualmente, los investigadores señalaron que pocos estudios siguieron a los participantes por más de un año tras dejar la medicación. También advirtieron que la comparación con programas de cambio de hábitos puede estar influida por diferencias entre los grupos.

El mensaje de los investigadores es concreto: se debería tener en cuenta que la reducción de peso y las mejoras metabólicas no persisten si el tratamiento se suspende sin apoyo prolongado.
Estos hallazgos sugieren precaución en el uso a corto plazo de estos fármacos sin un enfoque más completo para el control del peso.
Tras la publicación de la revisión en The BMJ, la médica Ana María Cappelletti, directora de la diplomatura en obesidad de la Fundación Favaloro y miembro de la comisión directiva de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), explicó a Infobae que “la obesidad es una enfermedad crónica que, en cierto modo, se protege a sí misma y que, a través de la inflamación que genera, dificulta su propio tratamiento”.
Aclaró: “Muchas personas suelen sentirse responsables, e incluso culpables, por no poder sostener el descenso de peso en el largo plazo. Sin embargo, no se trata de falta de voluntad: es la propia inflamación de los centros cerebrales que regulan el balance de energía, las emociones ligadas al acto de comer y la toma de decisiones lo que vuelve más difícil sostener hábitos saludables”.
Los fármacos que imitan sustancias saciógenas producidas por el intestino favorecen esos procesos mientras se utilizan. Cuando se suspenden, simplemente dejan de actuar: desaparece esa ayuda biológica que facilitaba una mejor relación con la comida», afirmó Cappelletti.
Por eso, “resulta fundamental romper la creencia de que el fármaco es el actor central del tratamiento. Una estrategia clave es reforzar la actividad física regular, y especialmente el entrenamiento de fuerza, para sostener un metabolismo activo y contrarrestar las respuestas naturales del organismo al adelgazamiento, que tienden a recuperar el peso de base de cada persona. Ese peso, además, está multideterminado por factores genéticos y ambientales”.
Otra estrategia esencial -destacó- “es no abandonar el acompañamiento profesional, que puede incluir seguimiento médico, nutricional y psicológico, según las necesidades de cada persona”.
Para la especialista, las “patas” del tratamiento de la obesidad “son una alimentación saludable, placentera y sostenible en el tiempo; el movimiento, idealmente con entrenamiento de fuerza; la medicación efectiva y segura, cuando está indicada; el acompañamiento profesional y del entorno; y, por último, la aceptación de que no todo se puede hacer de manera perfecta”.

En tanto, en diálogo con Infobae, Ana Cascú, médica clínica, especialista en Nutrición y miembro de la Sociedad Argentina de Médicos Nutricionistas, comentó: “La obesidad es una enfermedad crónica, multifactorial y compleja. Como toda enfermedad crónica no tiene cura, sino tratamiento a largo plazo. Por eso, no deberíamos replantearnos de manera automática o liviana la suspensión de fármacos que fueron aprobados para uso prolongado y que han demostrado hasta ahora seguridad a largo plazo”.
Si una persona decide suspender el fármaco -aclaró- debe hacerse dentro de un abordaje que contemple el área nutricional, la actividad física, el manejo del estrés y el sueño.
“Se debería planificar y monitorear con un profesional de la salud la continuidad del tratamiento a largo plazo”, enfatizó.

La experta, que también es miembro de la SAN, acotó que “cada medicamento no es una solución aislada, sino una parte de la estrategia terapéutica integral. Es solo una de las patas de la silla. Desde el inicio debe integrarse con un abordaje sostenido. Cuando el tratamiento se construye únicamente alrededor del fármaco, el tratamiento fracasa”.
En adolescentes, además, debe priorizarse la salud física y mental. “Se deben evitar los enfoques restrictivos y la medicación sin un seguimiento estrecho profesional y familiar. La suspensión debe ser cuidada y monitoreada para evitar expectativas irreales”, añadió.