
El consumo de suplementos de magnesio ha ganado popularidad entre quienes buscan soluciones rápidas para la salud cardiovascular. Las estanterías de farmacias o dietéticas exhiben decenas de opciones, impulsadas por la promesa de reducir la presión arterial.
¿Qué dice la ciencia sobre estos productos? Las últimas investigaciones y la postura de entidades como la FDA y la Universidad de Harvard marcan límites claros a las expectativas.
Evidencia científica: beneficios limitados y con reservas
Un metaanálisis citado por la Harvard Heart Letter, revisó 38 ensayos controlados aleatorizados y concluyó que los suplementos logran una pequeña reducción de la presión arterial, sobre todo en personas con hipertensión o niveles bajos de magnesio en sangre.
Especialistas consultados por el medio consideran que los suplementos no deberían ser la primera opción para controlar la presión arterial. La FDA mantiene su postura de que las afirmaciones sobre los beneficios del magnesio deben presentarse con reservas, debido a los resultados contradictorios de los estudios hasta la fecha.

Las personas que podrían obtener algún beneficio de estos suplementos son, principalmente, quienes tienen la presión arterial elevada o presentan un déficit de magnesio. Factores como la enfermedad de Crohn, la celiaquía o la diabetes mal controlada incrementan el riesgo de presentar niveles bajos de este mineral.
Cómo determinar el déficit de magnesio
Un análisis de sangre permite determinar si el magnesio se encuentra dentro del rango normal, entre 1,7 y 2,2 miligramos por decilitro. Los especialistas insisten en consultar siempre con el médico antes de iniciar cualquier suplementación.
Según datos de la Harvard Heart Letter, una parte considerable de la población en Estados Unidos —en especial los hombres mayores de 70 años— no alcanza la ingesta diaria recomendada de magnesio a través de los alimentos habituales. La cantidad sugerida es de 420 miligramos diarios en hombres y 320 en mujeres.

Para cubrir esta carencia, se recomienda incorporar alimentos como almendras, espinacas, frijoles negros, pan integral, chocolate negro, palta y yogur bajo en grasa, todos reconocidos por su aporte de magnesio.
El Dr. Stephen Juraschek, profesor asociado de la Facultad de Medicina de Harvard, explica que la mejor estrategia frente a la hipertensión es adoptar “un patrón de alimentación saludable en lugar de un enfoque reduccionista y de soluciones milagrosas centrado en alimentos o nutrientes individuales”, según declaró en diálogo con la Harvard Heart Letter.
El patrón DASH y su aporte de minerales
La dieta DASH, reconocida por su perfil cardiosaludable, promueve el consumo de entre cuatro y cinco porciones diarias de frutas y verduras, junto con lácteos bajos en grasa, cereales integrales, legumbres, frutos secos y proteínas magras.

El esquema alimentario DASH proporciona, además de magnesio, otros minerales esenciales para regular la presión arterial, como potasio y calcio, incluidos de manera natural en los alimentos recomendados. De acuerdo con el medio estadounidense, estos componentes actúan en conjunto para favorecer la salud cardiovascular.
Evaluación médica antes de suplementar
Antes de iniciar cualquier suplementación, resulta fundamental una evaluación médica, especialmente en personas con enfermedades que puedan causar déficit de magnesio. El seguimiento clínico permite establecer la necesidad real de suplementos y evitar excesos de micronutrientes.
El Dr. Juraschek destaca que tomar un multivitamínico podría ser útil en personas con dietas poco variadas, ya que facilita cubrir carencias difíciles de identificar. No obstante, reitera —según la Harvard Heart Letter— que “no hay evidencia de que tomar un multivitamínico diario prevenga las enfermedades cardiovasculares”.

Mantener una dieta variada y equilibrada constituye la forma más segura y efectiva de satisfacer la necesidad de magnesio y mantener una presión arterial adecuada, sin incurrir en un consumo excesivo de micronutrientes.
Los especialistas subrayan que la suplementación sin supervisión médica puede generar desequilibrios y efectos adversos, como alteraciones cardíacas o digestivas, cuando se supera el requerimiento diario recomendado. Por este motivo, la prevención y el control de la hipertensión encuentran en la alimentación y el estilo de vida saludable sus principales aliados.