El calor, la deshidratación y la luz intensa incrementan el riesgo de migraña durante el verano, según expertos en neurología

Las crisis de migraña durante el verano suelen intensificarse por la influencia del entorno y las variaciones en la vida diaria. El calor, la deshidratación, la luz intensa y las alteraciones cotidianas pueden provocar episodios más frecuentes y graves. Expertos del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía de México, consulotados por el medio Mindfood, afirman que ajustar ciertos hábitos ayuda a reducir el impacto de estos factores y mejora la calidad de vida de quienes padecen este trastorno neurológico.

La migraña es una afección incapacitante que afecta a millones de personas en todo el mundo. Además del dolor de cabeza pulsátil típico, suele producir sensibilidad aumentada a la luz, sonidos, olores y movimiento, dificultando el desempeño cotidiano.

El calor propio del verano afecta directamente el sistema nervioso. El cuerpo utiliza la sudoración para regular la temperatura, pero cuando aumentan los grados, el hipotálamo ordena dilatar los vasos sanguíneos cercanos a la piel para facilitar la pérdida de calor. En personas con migraña, estos vasos y los nervios asociados resultan especialmente sensibles: la dilatación provoca inflamación, que el cerebro interpreta como dolor, sin que exista infección.

Cambios de rutina, resplandor y factores ambientales

La sensibilidad al resplandor aumenta notablemente en verano. Luces intensas y reflejos propios de la temporada pueden detonar una crisis en quienes padecen migraña. Las vías sensoriales del dolor, especialmente el tálamo y la corteza visual, reaccionan de manera exagerada ante la luz, especialmente frente a destellos intermitentes o movimientos luminosos. Ciertas longitudes de onda, como la luz azul o los reflejos solares en pantallas, dificultan el procesamiento cerebral y agravan los síntomas.

Los cambios de rutina durante las vacaciones constituyen otro factor que intensifica el trastorno. El cerebro afectado por migraña responde mal a estas modificaciones; dormir en horarios distintos, saltarse comidas, variar los niveles de estrés o modificar actividades aumenta la probabilidad de sufrir un episodio.

Dormir en horarios distintos es uno de los factores que incrementan la probabilidad de sufrir migraña (Imagen Ilustrativa Infobae)

Fenómenos como tormentas eléctricas, polen y variaciones en la presión atmosférica también afectan a quienes padecen migraña, especialmente si presentan asma, eccema o fiebre del heno. Este tipo de eventos induce la producción de histamina, una sustancia que puede provocar ataques en personas predispuestas.

Ante estas situaciones, es clave mantener actualizados los planes de acción para el asma y las alergias. Cambios bruscos de presión atmosférica, tanto por viajes en avión como durante tormentas, también representan detonantes potenciales, por lo que identificar estos patrones es fundamental.

La deshidratación representa otro desencadenante importante en los meses cálidos. Al perder líquidos, el cerebro —suspendido en líquido cefalorraquídeo— puede reducir su tamaño, lo que genera tensión en los puntos de unión del cráneo y aumenta el dolor. Mantener una hidratación adecuada ayuda a prevenir este efecto y disminuye el riesgo de crisis, mencionaron los expertos.

Mantener una hidratación adecuada es fundamental para prevenir crisis de cefalea en épocas de calor

Un estudio reciente confirmó que las altas temperaturas y la exposición a cambios ambientales aumentan la frecuencia y la severidad de la migraña en personas susceptibles.

Medidas para prevenir crisis de migraña en verano

Entre las recomendaciones principales para la temporada estival se encuentran organizar las actividades al aire libre en las horas más frescas, limitar la exposición solar, usar sombrero, gafas de sol y lentes con filtros específicos para evitar el resplandor, e ingerir líquidos con electrolitos para contrarrestar la deshidratación. Mantener horarios regulares para dormir y comer, junto a una dieta equilibrada sin excesos de azúcar, alcohol ni productos procesados, contribuye a disminuir el riesgo de crisis.

La conservación adecuada de la medicación durante los viajes o ante temperaturas elevadas es otro aspecto esencial. Los medicamentos inyectables deben mantenerse refrigerados a menos de 4 ℃, preferentemente en una bolsa térmica. Es imprescindible verificar que las recetas estén actualizadas y contar con dosis suficientes, evitando dejar los fármacos en lugares expuestos al sol o al calor, como la guantera del automóvil.

Mantener un diario de episodios ayuda a neurólogos a diseñar estrategias preventivas y tratamientos personalizados para pacientes con migraña estacional (Imagen Ilustrativa Infobae)

Llevar un diario en el que se registren los episodios de dolor de cabeza y los factores ambientales —temperatura, humedad, ejercicio— proporciona información útil para que el neurólogo especialista en cefaleas elabore un plan personalizado.

La consulta con profesionales de la neurología permite definir estrategias preventivas y de tratamiento adaptadas a cada persona, lo que mejora el control de los desencadenantes y la gestión de los episodios, especialmente en quienes presentan sensibilidad a los cambios estacionales.

Evitar la exposición excesiva al sol, mantener una hidratación constante y conservar la medicación en condiciones óptimas son acciones fundamentales para quienes conviven con la migraña durante el verano. Adoptar estas medidas puede marcar la diferencia en la calidad de vida de los pacientes y reducir la frecuencia e intensidad de las crisis durante los meses más cálidos.