
Con el paso del tiempo, ¿la personalidad acentúa sus rasgos psicológicos o puede cambiar? Tanto los adultos jóvenes como los mayores pueden adoptar nuevos comportamientos socioemocionales. Esta es la conclusión de un estudio sobre el envejecimiento psicológico realizado por investigadores de Alemania y Suiza, dirigidos por la Prof. Dra. Cornelia Wrzus (Universidad de Heidelberg) y la Prof. Dra. Corina Aguilar-Raab (Universidad de Mannheim).
El trabajo consistió en un programa de entrenamiento socioemocional de ocho semanas que logró cambios en la personalidad de adultos mayores de 60 años, desafiando la creencia de que los rasgos de personalidad son inmodificables en etapas avanzadas de la vida.
Los investigadores demostraron que la mejora en la estabilidad emocional y la extraversión fue similar en adultos jóvenes y mayores, lo cual representa un avance en la comprensión de la plasticidad psicológica en la vejez. Esta es la capacidad de reorganizarse y formar nuevas conexiones sinápticas en respuesta a experiencias y aprendizaje.
La doctora en Psicología Graciela Zarebski, directora del Instituto Iberoamericano de Ciencias del Envejecimiento, afirmó a Infobae que le sorprende que “a esta altura de los desarrollos teóricos resulte inesperada la posibilidad de las personas mayores de regular sus comportamientos socioemocionales y la capacidad para seguir aprendiendo».

Y agregó: “Lo que sí es importante es determinar cuáles son los rasgos personales que permiten a algunas personas lograrlo al envejecer, mientras que otras no lo logran. La conclusión a la que llegan los investigadores es que depende de que la persona esté suficientemente motivada», destacó la experta.
Un hallazgo inesperado sobre la plasticidad en la adultez
El estudio, cuyos resultados publicó Communications Psychology, midió los efectos del entrenamiento en 165 participantes: jóvenes en su mayoría veinteañeros y adultos entre los 60 y 80 años. Los participantes asistieron a sesiones de capacitación semanales y completaron tareas de la vida cotidiana sobre cómo manejar mejor el estrés y lidiar con situaciones sociales desafiantes.
Las mediciones, realizadas a través de cuestionarios y pruebas indirectas por computadora antes, durante, después y hasta un año tras el programa, evidenciaron que los cambios en la personalidad persistieron a largo plazo en ambos grupos etarios.
El estudio también evaluó una posible explicación: durante la investigación, se preguntó a los participantes con qué intensidad practicaban sus tareas. El resultado fue que los participantes de mayor edad profundizaron más en los materiales de capacitación y las tareas semanales, es decir, demostraron un compromiso ligeramente superior con las tareas y materiales semanales del entrenamiento, en comparación con los jóvenes.

Las habilidades socioemocionales evaluadas incluyeron no solo el manejo y expresión de las propias emociones, sino también la regulación de los vínculos sociales. Las intervenciones buscaron modificar patrones de pensamiento, reacción ante problemas y modos de interactuar, en línea con los criterios aceptados por la comunidad científica sobre lo que define los rasgos de personalidad.
Una de las conclusiones más llamativas, según la Prof. Dra. Cornelia Wrzus de la Universidad de Heidelberg, es que “la magnitud del cambio promedio apenas difirió entre los dos grupos de edad”, considerando que, en general, se considera más difícil para los mayores dominar aprendizajes complejos como nuevas lenguas o instrumentos musicales.
Los investigadores destacan que estos resultados contradicen “el dicho de que no se pueden enseñar trucos nuevos a un perro viejo”. “Cuando las personas están suficientemente motivadas, mantienen su capacidad de cambiar y aprender cosas nuevas”, afirmó Wrzus.
La investigación abre puertas a intervenciones personalizadas para mejorar la calidad de vida en adultos mayores, sobre todo en sociedades con poblaciones envejecidas. El estudio concluye que, con el enfoque y la motivación adecuados, la personalidad puede evolucionar en la adultez avanzada, cambiando la visión clásica sobre los límites del desarrollo psicológico.

La doctora Zarebski señaló que hace décadas que la Teoría de la Selectividad socio-emocional de Carstensen plantea que, al percibir el tiempo de vida restante como limitado (común en la vejez), las personas cambian sus metas motivacionales.
“Priorizan la regulación emocional y la calidad de las relaciones sociales, por lo que realizan esfuerzos activos y comprometidos por maximizar experiencias emocionalmente significativas. Se tiende a descartar relaciones más periféricas y se incrementan contactos más cercanos. Los mayores describen sus experiencias de maneras más complejas y revelarían mayor control sobre sus emociones», describió la doctora.
Y añadió que este tema la llevó a indagar cuáles son los rasgos de personalidad que permiten estos logros, lo cual concretó en la Teoría de la Identidad Flexible y los factores protectores que nos indican que una persona está envejeciendo bien, con flexibilidad y disposición al cambio. “Son factores que se pueden detectar mediante herramientas y trabajar a tiempo preventivamente. De acuerdo a mis investigaciones, a diferencia de lo que se suele pensar, a la mayoría de las personas mayores la vida nos va flexibilizando, debido a los avatares vividos y el acopio de experiencia», completó la experta.